sábado, febrero 07, 2026

La relación conyugal no se cuida sola.

Uno de los grandes mitos modernos sobre la pareja es creer que el amor auténtico se sostiene por sí mismo.

Que cuando es “verdadero”, no necesita esfuerzo.
Que cuidarlo demasiado lo vuelve artificial.

La experiencia —y la evidencia— dicen lo contrario.

El psicólogo estadounidense John Gottman, tras más de cuatro décadas estudiando parejas, llegó a una conclusión incómoda: Las relaciones no fracasan por grandes conflictos, sino por pequeñas desconexiones repetidas.

No es la gran pelea.
Es el gesto no respondido.
La pregunta ignorada.
La oportunidad de conexión que pasa de largo.

Gottman lo llama “turning toward or away”: girarse hacia el otro… o alejarse.
Cada día tomamos esa decisión decenas de veces, casi siempre sin notarlo.

Desde otro ángulo, el filósofo Byung-Chul Han advierte que vivimos en una cultura del rendimiento, donde todo lo que no “produce” queda relegado.

La pareja, entonces, corre el riesgo de convertirse en lo urgente que siempre se posterga.

No porque no importe.
Sino porque creemos que ya está.

Aquí aparece una verdad espiritual profunda: lo que no se cultiva, se empobrece.

En términos bíblicos, Jesús no idealiza la relación humana.
Cuando habla de construir sobre roca (Mt 7), habla de práctica, no de sentimiento.
No de inspiración, sino de repetición.

El amor, entendido así, es menos épico… y mucho más real.

Cuidar una relación implica aceptar que:

·         el vínculo es dinámico, no estático;

·         las personas cambian, y hay que volver a conocerse;

·         el “ya te conozco” suele ser el inicio del descuido.

En terapia de pareja se repite una frase sencilla: la intimidad no se pierde, se deja de alimentar.

Esto conecta con una visión profundamente evangélica: amar no es solo sentir; es servir al vínculo.

San Pablo lo expresa sin romanticismo: “El amor es paciente, es servicial…” (1 Cor 13).
No dice que es intenso. Dice que actúa.

Cuando una pareja llega a crisis, muchas veces no necesita soluciones sofisticadas.

Necesita volver a lo básico:

·         tiempo con intención,

·         atención sin multitarea,

·         presencia sin prisa.

La relación no se cuida sola.

Pero puede volver a cuidarse.

Y esa es una buena noticia.