Ludopatía: quiebra de la mente, las finanzas y las relaciones
La bancarrota mental, espiritual y financiera es terrible… pero hay esperanza
Milton Tejada C.
La ludopatía, o juego patológico, ha dejado de ser vista como una simple conducta impulsiva. Tampoco es una simple categoría moral (como se creyó, durante muchos años, del alcoholismo). Ha sido definida por la Organización Mundial de la Salud desde 1992 como una adicción compleja que involucra aspectos conductuales, fisiológicos y cognitivos, y que puede tener consecuencias devastadoras en la vida personal, moral, espiritual, familiar y financiera de quienes la padecen.
Este
trastorno del control de los impulsos lleva a la persona a participar de forma
repetitiva y descontrolada en juegos de azar. En muchos casos, el juego se
convierte no solo en una obsesión, sino en una vía de escape frente a problemas
emocionales, económicos o existenciales.
Una
de las características crítica es que quienes la sufren no perciben su
conducta como un problema. Incluso peor aún: ven el juego como una
“solución mágica” a sus problemas económicos. Es decir, que su conocimiento
distorsionado los lleva a creer que la próxima apuesta los redimirá,
perpetuando así un ciclo de pérdidas, ansiedad y desesperanza. En el juego no
hay redención. Siempre gana la casa y pierde el apostador (el ludópata).
Esta
persona desarrolla un conjunto de mecanismos mentales que lo mantienen atado
al juego: pensamientos fantasiosos, compulsión por recuperar lo perdido,
falta de memoria del daño sufrido, y una constante desconexión de la realidad
financiera. La obsesión llega al punto de interferir con sus actividades
cotidianas, sus relaciones y su capacidad de razonar con objetividad.
Un ciclo destructivo
Según
la guía “Ludopatía y el manejo del dinero” elaborado por la Fundación Fénix con
el apoyo de la Superintendencia de Bancos, el juego patológico se desarrolla en
tres etapas progresivas:
1.
Fase de ganancia:
inicia con la llamada “suerte del novato”, que crea una falsa percepción de
éxito fácil.
2.
Fase de pérdidas: al
buscar recuperar lo perdido, la persona aumenta sus apuestas y cae en un
círculo vicioso.
3.
Fase de desesperación:
surgen las deudas, la ansiedad, el rechazo social, y en algunos casos, actos
delictivos para financiar el juego.
Este proceso suele agravarse hasta desencadenar otros trastornos como ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y pensamientos suicidas. Sigo exponiendo algunas ideas muy importantes de dicha publicación.
Dinero y autodestrucción
La
guía también hace un profundo análisis de cómo la ludopatía altera la
relación del individuo con el dinero. Aparecen diversas formas de
disfunción financiera, como el gastador compulsivo, el trabajador obsesivo, el
deudor crónico, el subganador o el codependiente del dinero. Todos estos
perfiles comparten una visión distorsionada del valor del dinero, que oscila
entre la euforia del gasto impulsivo y la angustia de la escasez autoimpuesta.
Uno
de los patrones más destructivos es el del deudor compulsivo, quien vive
endeudado permanentemente, pidiendo préstamos para pagar deudas anteriores, sin
lograr nunca liberarse. En muchos casos, esta dinámica se convierte en una
forma de vida que culmina en bancarrota, deterioro de la autoestima y ruptura
de vínculos familiares.
Hay salida
La
guía incluye recomendaciones prácticas para prevenir o tratar la ludopatía.
Entre ellas:
•
Evaluar
la actitud personal frente al juego.
•
Reemplazar
el juego por actividades de ocio sanas y compartidas.
•
Reconocer
los signos de alerta: aumento del tiempo o dinero dedicado al juego,
irritabilidad al intentar dejarlo, descuido de otras áreas de la vida.
•
Buscar
ayuda profesional especializada lo antes posible.
El mensaje final es claro.
Cuidar
la salud mental también implica tener una relación sana y responsable con el
dinero. La ludopatía no solo arruina bolsillos, sino que destruye familias,
proyectos y vidas. Sin embargo, con conciencia, apoyo profesional y familiar
adecuado y compromiso personal, es posible romper el ciclo del juego y
recuperar el control.
Desde el punto de vista bíblico: la esperanza no está perdida
Al
aporte de la Fundación Fénix, vamos a sumar un punto de vista bíblico. La
ludopatía es una adicción real, con consecuencias graves, pero también hay
esperanza.
Aunque
la Biblia no menciona directamente la palabra “ludopatía”, sí nos ofrece
advertencias claras sobre los peligros de la codicia, el amor desmedido al
dinero, y la pérdida de dominio propio, que son componentes esenciales en
esta adicción. En 1 Timoteo 6:10 se nos dice: "Porque raíz de todos los
males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la
fe, y fueron traspasados de muchos dolores” ((1 Timoteo 6:10)
Al
pensar en el ciclo destructivo del juego, recuerdo la frase de Proverbio 28:22
que nos dice: "El hombre ávido corre tras las riquezas, y no sabe que
la pobreza le vendrá”, o Isaías 55:2 que nos advierte: "¿Por qué gastáis
el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?"
Aunque
la ludopatía es una enfermedad real y profunda, no es invencible. Hay
esperanza para quienes sufren esta adicción, y la Palabra de Dios lo reafirma
con claridad. Dios ofrece liberación, sanidad y restauración a todo aquel
que decide buscar ayuda y rendir su vida a Él. "Así que, si el Hijo
os libertare, seréis verdaderamente libres” ((Juan 8:36), o Pablo que nos
indica: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero
fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir..."
(1 Corintios 10:13).
Eso sí, es un reto de valientes, sostenidos en el Espíritu Santo: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7)
Una decisión valiente y transformadora
Si
tú o alguien cercano lucha con el juego compulsivo, recuerda que no estás solo.
El primer paso es reconocer el problema y buscar ayuda. La verdadera
libertad no se encuentra en un golpe de suerte, sino en el amor, la verdad y el
poder de Dios. El Señor mismo te dice: "No temas, porque yo estoy
contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te
ayudaré..." (Isaías 41:10)
Cuando
cuidas tu salud mental y espiritual, también proteges tus relaciones y tu salud
financiera. Y cuando pones tu vida en manos de Dios, nunca estás en
bancarrota.
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29
de marzo, 2025