jueves, noviembre 20, 2025

Tía Fanny, una vida para los demás

Familia, amigos, todos los que nos acompañan hoy:

Nos reunimos en un día que duele. Un día en que el corazón se hace pequeño porque una parte hermosa de nuestra historia ya no está físicamente con nosotros. Pero también es un día para honrar, agradecer y celebrar la vida de alguien que dejó una huella imborrable: mi tía Fanny, quien para mí fue más que una tía… fue una segunda madre, una guía, un abrazo permanente, un corazón siempre dispuesto a amar.

 Cuando pienso en ella, no me vienen a la mente logros materiales, ni momentos grandiosos a los ojos del mundo. Me llegan imágenes sencillas, pero llenas de eternidad: su manera de escuchar sin prisa, su capacidad de animar sin juzgar, su fe inquebrantable aun en los días más difíciles. Tía Fanny no necesitaba hablar mucho para enseñar; su vida era la enseñanza.

Su historia, como bien sé porque la estudié y la escribí, no comenzó en abundancia ni en facilidades. Desde pequeña conoció la fragilidad de la vida, los cambios bruscos, la pérdida, la enfermedad. Y, aun así, nunca permitió que la amargura echara raíces. En vez de resentimiento, cultivó sensibilidad. En vez de quejas, desarrolló resiliencia. Y en vez de cerrarse, decidió abrir su corazón a los demás.

 En su etapa adulta, cuando la vida le entregó el regalo de Roselín, una niña con Síndrome de Down, muchos habrían sentido miedo. Ella no. Ella vio una misión. Vio un camino nuevo, una forma distinta de amar. Fue ese momento, ese giro inesperado, lo que despertó en ella una pasión más profunda por la educación, por la inclusión, por la dignidad de las personas y especialmente de los más vulnerables.

 Esta situación o circunstancia la llevó a abrazar con amor una causa, una que tuvo un lugar muy especial en su corazón: Fe y Luz. Ese movimiento, dedicado a acompañar con ternura y dignidad a las personas con discapacidad intelectual y a sus familias, encontró en ella no solo una colaboradora, sino una verdadera discípula del amor. En Fe y Luz, tía Fanny vivió su vocación más profunda: acoger, escuchar, aliviar cargas, abrir caminos. Allí entregó tiempo, fuerza y fe; allí sembró alegría, unidad y esperanza; allí dejó una huella que hoy sigue viva en cada familia que tocó, en cada sonrisa que iluminó, en cada vida que dignificó con su presencia. Fue, literalmente, luz para muchos.

 Y también esta misma situación favoreció que pudiera decir sí a ser fundadora de Rehabilitación en Bonao, donde vivió un período de su vida.

 Tía Fanny es un gran testimonio que hoy nos reúne: una vida entera vivida para los demás. Tía Fanny no hacía grandes discursos; hacía grandes gestos. No buscaba aplausos; buscaba transformar realidades. Y lo hizo. La hizo en su familia, la hizo en su comunidad, la hizo en cada niño, en cada madre, en cada persona que tocó con su ternura y con su firmeza.

 Y cuando llegó a la etapa que muchos llaman la “edad del retiro”, ella decidió que todavía podía dar más. Así nació “Una gota de leche”, un proyecto que sintetiza exactamente quién era ella: una mujer que veía la necesidad y no se cruzaba de brazos; que veía hambre y respondía con una mesa; que veía dolor y respondía con presencia.

 Yo mismo fui acogido como un hijo en dos ocasiones. Siendo un niño, cuando vivía en El Retiro, Santiago, y la pobreza arropaba a mi familia de origen. Tía Fanny y tío Pedro no lo dudaron, y así hice el quinto y sexto curso en la Genaro Pérez de Santiago.

 Ya siendo un joven de 17 años, vine a Santo Domingo a concluir mi bachillerato e ingresar a la Universidad. Tía Fanny me acogió como a un hijo. Rectitud y ternura siempre iban con ella.

 Recuerdo también cómo nos empeñamos en que fuese escogida “Mujer del Año” en el concurso de Diario Libre, y tantos cientos de personas respondieron positivamente, quedando entre las diez finalistas.

 Nos queda Rosa Ellín o Roselín como todos la conocemos. Mi prima querida. Ternura y cuidado fue lo que siempre vi entre estas dos mujeres. Hoy oro por ella, que Dios la sostenga. Y Walter, mi primo, por ti oro, heredero de huellas hermosas que haz de seguir.

 ¡Son tantos los momentos que vivimos y tanto lo que compartí con ella, que ella camina en mi corazón!

 Hoy lloramos porque la vamos a extrañar. Porque sus llamadas, sus bromas, sus historias, sus canciones por teléfono, sus oraciones por nosotros ya no estarán de este lado de la vida. Pero también hoy nos toca recordar —con el alma en pie— que su legado no se apagó; su legado se multiplicó. Lo vemos en su familia, en sus hijos, en los que se formaron con su amor, en los que aprendimos a ser mejores gracias a ella.

 Quisiera pensar que, si pudiéramos escucharla hoy, con esa voz suave tan característica, nos diría lo que tantas veces dijo sin palabras:

“Amen. Sirvan. Sean luz. Porque la vida es más plena cuando se entrega.”

Esa era su filosofía. Ese era su evangelio personal.

 Y quiero invitarnos a todos a tomarlo como nuestro. A dejar que su ejemplo nos inspire a vivir con más propósito, con más sensibilidad, con más fe. Que cada acto de bondad que hagamos de hoy en adelante lleve un pedacito de su nombre. Que su vida no sea solo un recuerdo hermoso, sino un llamado a transformar la nuestra.

 Tía Fanny, gracias… gracias por tu ternura, por tu servicio, por tu fuerza. Gracias por enseñarnos que vivir para otros no es una carga, sino una bendición. Gracias por hacernos sentir amados.

Descansa en paz. Y que tu memoria, luminosa y eterna, siga guiando nuestros pasos.

 

20 de noviembre, 2025.

 

 

viernes, noviembre 07, 2025

Generación de cristal, derechos y privilegios

 Milton Tejada C.

Hace unos días conversé con unos padres que están teniendo dificultades con su hijo adolescente. Ayer, domingo, mientras esperaba el culto, también conversaba con otros padres que se quejaban de que esta generación “cree que lo merece todo”. La verdad, les dije, que también tenemos que revisar el otro lado de la moneda: muchos de ellos han crecido recibiendo todo lo que a los padres es posible darles y a veces con muchísimos sacrificios. En ocasiones, además, sin ninguna obligación en el hogar.

Algunos han dado por llamarle “la generación de cristal”. Mi opinión es que no podemos quedarnos al margen de responsabilidad. Muchos padres han sido “maestros del cristal” y han contribuido significativamente a la formación del carácter de esos muchachos.

Escuchaba un audio de la Dra. Natalia Ruiz de Otero en que nos exhorta a explicarle a nuestros hijos adolescentes la diferencia entre derechos y privilegios. Les transcribo lo que opina la Dra. Ruiz Otero:

“Papás, qué importante es explicarles a nuestros hijos la diferencia entre derechos y privilegios. ¿Qué derechos tienen nuestros hijos? Tienen derecho a la educación, a una casa, a vestido, a alimentación, pero todo lo demás son privilegios: El telefonito que traen, el que les demos permisos, el que de pronto les demos dinerito en la semana, el que tengan la ropa que están utilizando, todo eso son privilegios, porque a veces los adolescentes se empiezan a confundir y empiezan a exigir sus privilegios como si fueran sus derechos.

El poderlos ubicar en ese rango -expresa Ruíz de Otero- es importantísimo, porque también es al mismo tiempo explicarles que los privilegios son algo que se ganan o se pierden, y eso depende también de las decisiones, del comportamiento y de la conducta que ellos elijan tener”, concluye esta profesional de la conducta.

 

Aquí te comparto diez tips para formar hijos fuertes, no de cristal:

1.      Enséñales a tolerar la frustración, No corras siempre a resolverles los problemas. Permite que enfrenten consecuencias y se esfuercen para lograr lo que quieren. No es castigo, es entrenamiento para la vida.

2.      No los sobreprotejas. Proteger no es evitarles todo dolor, sino prepararlos para enfrentarlo. Cuando los padres amortiguan toda caída, el niño no aprende a levantarse. Si los amas, no quites todas las piedras del camino, enséñales a andar sobre ellas.

3.      Fomenta el pensamiento crítico. Ayúdales a pensar, no solo a repetir. Pregunta más de lo que afirmas. Por ejemplo: “¿Por qué crees que eso está bien o mal?”. Esto fortalece su criterio y su seguridad emocional. Además, esto también te dará paz porque podrá ir confiando en su juicio.

4.      Refuerza el valor del esfuerzo. No todo se logra rápido ni todo se merece. Además, como hemos señalado: una cosa son derechos y otras son privilegios. Enséñales el gozo de ganarse las cosas con trabajo y constancia.

5.      Modela autocontrol emocional. Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que oyen. Si tú gestionas bien tus emociones —sin gritar, evadir o victimizarte—, ellos aprenderán a hacer lo mismo. También es válido mantener esto durante la adolescencia.

6.      Enséñales a convivir con la diferencia. Fomenta la empatía sin caer en la susceptibilidad. Ayúdales a comprender que no todo desacuerdo es agresión y que pueden convivir con personas que piensan distinto.

7.      Habla sobre responsabilidad y consecuencias. Diles con claridad: “Tus decisiones tienen consecuencias”. Evita culpar o que ellos culpen siempre a la escuela, los amigos o las circunstancias. La madurez comienza cuando asumen responsabilidad por sus actos.

8.      Fortalece la espiritualidad y los valores. La fe y los valores firmes son anclas en un mundo líquido. Enséñales principios como la gratitud, el respeto y el perdón. Y la coherencia entre una vida de fe cristiana y las conductas o comportamientos a vivir. Enséñales un NO al relativismo moral.

9.      Dales palabras de aliento, pero no adules. Refuerza su autoestima real, no las infles. “Estoy orgulloso de tu esfuerzo” vale más que “Eres el mejor del mundo.” La primera fortalece, la segunda los hace dependientes de la aprobación.

10.  Equilibra amor y límites. Ni rigidez sin amor, ni amor sin límites. Los límites seguros construyen confianza y carácter. La disciplina realmente nos lleva a la libertad, y el ser libre nos lleva a ser maduros.

 

GRATA VIDA

Empresas familiares que trascienden el tiempo

 Familia y Empresa: el arte de amar, perdonar y trascender

 Reflexiones del Dr. Luis Vergés sobre la madurez emocional, el legado y el equilibrio entre afecto y autoridad en las empresas familiares. 

Transcripción corregida y editada de la conferencia impartida por el Dr. Luis Vergés durante el Encuentro Empresarial de la Asociación de Industriales de la Región Norte (AIREN), celebrado el 30 de octubre de 2025. El texto trata de mantener el estilo oral y reflexivo del expositor. El título de la conferencia fue: “Empresas familiares que trascienden el tiempo – Construyendo relaciones para una gestión inteligente”.

 Buenas tardes.

El origen de la familia. Alguien dijo una vez que el recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados. Y sé que muchos de ustedes recordarán aquel momento en que pidieron la mano de quien hoy es su esposa. Ese tipo de recuerdo nos traslada al punto de partida del tema de hoy, porque así comienza una familia. Una familia no nace con estatutos ni decretos presidenciales; nace del encuentro entre un hombre y una mujer, de una atracción profunda que da paso a la vida compartida.

 Las etapas del amor. Una relación de pareja tiene cinco fases: el enamoramiento, la realidad, la desilusión, la decisión y el amor maduro. El enamoramiento es la fase más idealizada y romántica. En ella, todo se ve perfecto y no hay defectos. Luego llega la realidad, donde se desvanecen las fantasías, pero el amor no desaparece. Más tarde aparece la desilusión, cuando los defectos se hacen evidentes y el pensamiento crítico emerge. Es ahí cuando muchas parejas se confunden y piensan que el amor se ha acabado. Sin embargo, después viene la decisión: quedarse y construir o rendirse. Y finalmente, llega el amor maduro, donde ya no solo se ama con el corazón, sino también con los valores.

 El legado y la conquista. En las familias y empresas familiares, se habla del legado y de la conquista. El legado pertenece a los fundadores; la conquista, a los sucesores. Ambos son indispensables. La humildad, entendida como el reconocimiento de que lo que somos se lo debemos a quienes nos precedieron, es la base del equilibrio entre legado y conquista. No se puede heredar sin merecer. Quien quiere recibir un legado debe también conquistar su espacio con esfuerzo y compromiso.

 Los conflictos familiares y las heridas emocionales. Las familias arrastran heridas emocionales: abandonos, favoritismos, traiciones, infidelidades. Esas heridas no sanadas se convierten en deudas emocionales que obstaculizan el crecimiento. La bondad es el rasgo más inteligente que puede tener una persona, porque solo desde la bondad se puede perdonar. En cambio, el ego, el orgullo y la falta de empatía son semillas del conflicto. Cuando en una familia o empresa aparece alguien que usa el poder para dominar y no para servir, ahí hay un problema serio.

 El afecto como base de la madurez emocional. El afecto no es solo contacto físico o palabras dulces. El afecto es presencia, cuidado y reconocimiento. El cerebro humano necesita del afecto para madurar. Sin vínculos afectivos, el niño desarrolla inseguridad, miedo y torpeza emocional. De adultos, esto se traduce en desconfianza, ansiedad y dificultades para relacionarse. Por eso, las empresas familiares deben cuidar el clima emocional de la familia. El afecto construye confianza; la confianza genera autonomía, y la autonomía fortalece la identidad.

 El perdón y la madurez emocional. El perdón no libera al otro: nos libera a nosotros. Aferrarse al resentimiento enferma. Como decía el Dalai Lama, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es una elección. El perdón sana, renueva y devuelve la paz. La historia de Kim Phuc, la niña vietnamita víctima del napalm, lo demuestra. Ella perdonó al piloto que lanzó la bomba, y ese acto la liberó. En la familia, perdonar significa renunciar al control del pasado para recuperar el poder sobre el presente.

 Claves para una familia y empresa madura. Las familias maduras aprenden a dialogar, a escuchar y a resolver conflictos sin agresión ni imposición. Saben que el afecto, la presencia y el respeto son más poderosos que la autoridad. Evitan los modelos adversariales —los unos contra los otros— y adoptan relaciones colaborativas. En una empresa familiar, los protocolos son necesarios para mantener el orden, pero solo funcionan cuando hay voluntad de respetarlos. El diálogo suave predice finales suaves: comience con calma, diga lo necesario con claridad y cierre con empatía.

 Conclusión. La manifestación del afecto incondicional es la principal fuente de estabilidad y aceptación. Una familia que se quiere no solo por lo que se logra, sino por lo que se es, puede superar cualquier adversidad. La confianza, la solidaridad y la presencia son los pilares del amor maduro. Ninguna empresa familiar prospera si su base emocional está rota. Por eso, cada generación debe cultivar la humildad, el respeto y el perdón para garantizar la continuidad del legado.

 “Nunca tuvimos un mejor día que hoy para dejar de ser lo que fuimos y comenzar a ser lo que queremos ser.”

sábado, noviembre 01, 2025

Relativismo y disolución de identidad cristiana

 Desafío a la fe cristiana:

El relativismo moral y la disolución de la identidad cristiana

 Milton Tejada C.

Terminó el mes octubre. Inicio este noviembre con una reflexión fundamental para nuestra vida cristiana: el NO que debemos dar al relativismo moral.

 En la sociedad contemporánea, donde las certezas se diluyen entre opiniones cambiantes y el concepto de verdad se relativiza según intereses personales, el fenómeno del relativismo moral ha adquirido una fuerza determinante.

 El relativismo moral se refiere a la creencia de que no existen principios morales universales, sino que cada individuo o grupo define lo correcto o lo incorrecto de acuerdo con su contexto o conveniencia. Aunque se presenta como una postura de tolerancia y libertad, en la práctica conduce a una profunda crisis de referencia ética, donde todo parece justificable y donde la verdad pierde su valor normativo. O, como dice Aleksandr Solzhenitsyn: “El relativismo moral ha destruido las raíces de la sociedad; cuando el hombre ya no distingue el bien del mal, el mal termina por dominarlo todo” (Solzhenitzyn fue premio Nobel de Literatura y una de sus ideas recurrentes es su crítica al relativismo moral que, según él, destruyen la conciencia del bien y el mal).

 Esta semana leí un trabajo académico de Carlos Alberto Quinteros Roque[1] titulado Identidad cristiana y valores morales. En él, Quintero Roque advierte que el relativismo moral representa uno de los desafíos más serios para la fe cristiana actual, pues disuelve los fundamentos sobre los que se construye la identidad cristiana.

 Esta identidad —más que una afiliación religiosa— constituye una forma de vida orientada por el Evangelio y la aceptación de Jesús como Señor y Salvador, donde el amor, la justicia, la compasión y la dignidad humana se convierten en ejes de conducta. Cuando la moral se vuelve relativa, esos valores se reducen a preferencias personales sin raíz trascendente, lo que debilita el compromiso con la verdad y el bien común.

 Este proceso genera un vacío moral que afecta no solo a las personas, sino también a las instituciones. Los jóvenes, educados en un ambiente donde “todo es válido”, enfrentan la tentación de desvincular su fe de su práctica diaria. El resultado es una existencia fragmentada: se profesa una creencia, pero se vive otra.

 El relativismo termina sustituyendo el amor y la solidaridad por el egoísmo y la utilidad, alimentando un individualismo que erosiona el sentido de comunidad. En palabras de Quinteros, la identidad cristiana deja de ser faro moral y se convierte en un recuerdo simbólico cuando se pierde la coherencia entre la fe y las conductas y actitudes cotidianas.

 El relativismo moral también distorsiona la noción cristiana de libertad. Mientras la fe enseña que la libertad auténtica consiste en elegir el bien y rechazar el mal, el relativismo la reduce a la simple autonomía de decidir sin referencia ética. Así, se confunde libertad con independencia absoluta y verdad con opinión.

 Para el cristiano, la verdad y el amor son inseparables, y toda auténtica libertad se construye en la búsqueda del bien común. Por ello, la identidad cristiana se reafirma solo cuando la fe se traduce en acción moral, cuando el creyente encarna los valores evangélicos en la vida cotidiana.

 Reflexión bíblica: verdad, libertad y testimonio

Desde la perspectiva bíblica, el relativismo moral contradice directamente las palabras de Jesús, escritas en nuestro escudo: “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:32). En esta afirmación, Cristo revela que la libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en vivir conforme a la verdad divina que libera del error y del egoísmo. Cuando el hombre rechaza esa verdad y convierte su conciencia en medida absoluta, cae en la esclavitud de sus propios deseos. El relativismo, entonces, no libera; encadena al yo y debilita la capacidad de amar auténticamente. UN DOMINICANO NO DEBERÍA SER UN RELATIVISTA MORAL.

 El apóstol Pablo, consciente de este peligro, exhortaba a los cristianos de Roma: “No se conformen a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2). El discípulo de Cristo está llamado a resistir la presión cultural que diluye los principios del Evangelio y a mantener una mente renovada que discierna la verdad moral frente a las modas o ideologías del momento. Esta renovación interior es el antídoto contra el relativismo, porque reorienta la vida hacia lo que agrada a Dios y edifica a la comunidad.

 Finalmente, Jesús mismo advierte en el Sermón del Monte: “Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). Cuando la identidad cristiana se debilita, la sal pierde su sabor y la luz se oculta bajo el relativismo. Recuperar esa identidad implica vivir la fe con coherencia, humildad y firmeza moral, de modo que los valores cristianos vuelvan a iluminar la sociedad. Solo así la verdad del Evangelio podrá seguir transformando corazones y reconstruyendo el tejido ético de un mundo que, aunque cambiante, sigue necesitando dirección, esperanza y amor verdadero.

 GRATAVIDA

 



[1] . Quinteros Roque, C. A. (2025). Identidad cristiana y valores morales. Universidad Católica Sedes Sapientiae, Lima, Perú.