Tu pasado no tiene la última palabra
Hay personas que siguen viviendo una herida que ocurrió hace diez...
veinte...o treinta años.
El tiempo pasó. Pero el dolor se quedó.
Y lo más triste es que llegamos a creer que vivir así es
normal.
La presencia de Dios no es un lugar para esconder nuestras
heridas.
Es el lugar donde podemos llevarlas sin miedo.
El salmista hizo una oración valiente:
"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón... y guíame en
el camino eterno." (Salmo 139:23-24)
Solo Dios puede mostrarnos esas cadenas invisibles que
todavía nos atan al pasado.
Y solo Él puede comenzar una restauración que va más allá de
las emociones:
restaura el corazón,
la esperanza
y el propósito.
No puedes abrazar plenamente el futuro si nunca sueltas el
peso del ayer.
Hoy puede ser un buen día para decirle al Señor:
"Muéstrame lo que aún necesito sanar."
Porque Dios no quiere que sobrevivas al pasado.
Quiere que vivas en libertad.
GRATA VIDA.

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