martes, septiembre 01, 2026

Caminar con propósito: estrés y ansiedad laboral

 Cuando el trabajo se convierte en miedo: 8 claves para recuperar la calma


El sábado pasado realicé mi "CAMINAR CON PROPÓSITO" (lo que pretendo hacer cada sábado) junto a un sobrino muy querido, César Tejada. Su inquietud: el estrés y la ansiedad laboral. Hablamos mucho, 5 o 6 kilómetros alcanzan para bastante. Quiero compartir con ustedes algunos consejos, ya de forma organizada, que compartí con César. Y aquí les va:

La ansiedad laboral muchas veces no nace solamente del exceso de trabajo. Puede surgir de algo más profundo: el miedo a perder el empleo, a equivocarse, a no estar a la altura o a sentir que otros controlan decisiones que afectan nuestra vida. Cuando ese temor se instala, la mente comienza a vivir problemas que todavía no han ocurrido.

Estas ideas pueden ayudar a recuperar perspectiva:

1. Separa lo que está ocurriendo de lo que temes que ocurra.
Pregúntate: ¿Estoy realmente ante una amenaza de perder mi empleo o estoy anticipando esa posibilidad? El riesgo puede existir, pero riesgo no significa certeza. No conviertas una posibilidad en una sentencia.

2. Distingue entre lo que puedes controlar y lo que no.
No controlas todas las decisiones de tu jefe, de la empresa o de la economía. Sí puedes controlar tu responsabilidad, preparación, actitud, relaciones profesionales y manera de responder. Invierte tu energía donde tienes capacidad de acción.

3. No tomes decisiones importantes desde el miedo.
La ansiedad suele decir: “Haz algo ahora mismo”. Pero no toda situación exige una reacción inmediata. Antes de renunciar, confrontar, enviar ese mensaje o responder impulsivamente, date tiempo. Pregúntate: ¿Qué decidiría si estuviera tranquilo?

4. Cambia preocupación por preparación.
Si perder el empleo es una posibilidad razonable, prepararte puede disminuir la sensación de indefensión. Actualiza tu currículo, fortalece tus competencias, cultiva contactos profesionales, organiza tus finanzas y observa otras oportunidades. Prepararse no es ser pesimista; es recuperar capacidad de respuesta.

5. No hagas de tu empleo tu identidad.
Tu trabajo es importante, pero tú eres mucho más que tu cargo, tu salario o la valoración de un superior. Cuando toda nuestra autoestima depende del desempeño laboral, cualquier dificultad profesional comienza a sentirse como una amenaza personal.

6. Pon límites a la jornada mental.
A veces salimos físicamente del trabajo, pero el trabajo no sale de nuestra cabeza. Establece momentos en los que conscientemente dejes de revisar correos, imaginar conversaciones o anticipar el día siguiente. Caminar, hacer ejercicio, conversar, leer, orar o compartir con la familia pueden ayudar a devolverle espacio al resto de la vida.

7. Habla de lo que estás viviendo.
La ansiedad crece en el aislamiento. Conversar con alguien prudente puede ayudarnos a distinguir entre hechos, interpretaciones y temores. Y si la ansiedad se vuelve persistente, afecta el sueño, las relaciones, la concentración o la vida cotidiana, buscar ayuda profesional es una decisión sensata.

8. Aprende a vivir con una cuota de incertidumbre.
Quizás esta sea la parte más difícil. Ningún empleo ofrece control absoluto sobre el futuro. La meta no puede ser eliminar toda incertidumbre, sino desarrollar la capacidad de vivir responsablemente aun cuando no tengamos todas las respuestas.

Para alguien de fe, añadiría una dimensión más: hacer responsablemente lo que nos corresponde y aprender a entregar a Dios aquello que escapa de nuestras manos. Jesús preguntó: “¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?” (Mateo 6:27).

Quizás una buena pregunta para llevar a una próxima caminata sea:

“¿Qué parte de mi angustia corresponde a un problema que debo resolver, y qué parte corresponde a un futuro que estoy intentando controlar?”

Esa distinción puede ser el comienzo de mucha libertad.

Escribir, custodiar la memoria

 Cómo redactar unas memorias: 7 consejos para comenzar

William Zinsser
William Zinsser decía que “los escritores son los custodios de la memoria”. Y tenía razón: muchas historias familiares, empresariales e institucionales desaparecen simplemente porque nadie decidió escribirlas. Pero escribir unas memorias no significa contarlo todo. Significa descubrir qué merece ser contado y encontrar la mejor manera de hacerlo. Aquí te comparto siete consejos extraídos de mi lectura de Zinsser.

 Aquí van siete consejos para comenzar:

 1. Escriba antes de que sea demasiado tarde. Los recuerdos se pierden. Las personas que pueden responder nuestras preguntas ya no estarán siempre disponibles. Fotografías, documentos, cartas y testimonios adquieren un enorme valor cuando todavía podemos reconstruir el contexto que les dio sentido.

 2. No intente contar toda su vida. Uno de los grandes consejos de Zinsser es: “piense en pequeño”. Una buena memoria no necesita registrar cada acontecimiento. Puede comenzar con una etapa, una persona, una empresa, una casa, un viaje, una crisis o una decisión que cambió el rumbo de una vida.

 3. Escriba con su propia voz. No trate de “sonar como escritor”. Hable desde su personalidad, sus expresiones y su manera particular de mirar el mundo. Zinsser lo resume de manera formidable: “Su producto es usted”. La autenticidad suele ser más poderosa que cualquier pretensión literaria.

 4. Busque el significado, no solamente los hechos. Una memoria no es una cronología. Las fechas importan, pero importa mucho más comprender qué significaron determinados acontecimientos, cómo nos afectaron y de qué manera contribuyeron a convertirnos en quienes somos.

 5. Comience por pequeñas historias. No piense inicialmente en un libro de 200 páginas. Escriba tres o cinco páginas sobre aquel día que todavía recuerda, aquella conversación, aquel fracaso, aquella decisión, aquel personaje inolvidable. Después escriba otra historia. Poco a poco aparecerán conexiones, temas y una trayectoria narrativa.

 6. Sea honesto, pero no escriba para ajustar cuentas. Las mejores memorias reconocen heridas, errores, contradicciones y conflictos sin convertirse en instrumentos de venganza. Escribir sobre el pasado también puede ser una forma de comprender, reconciliar y sanar.

 7. No necesariamente tiene que hacerlo solo. Hay personas con extraordinarias historias que nunca las escribirán porque sienten que “no saben escribir”, no tienen tiempo o no saben cómo organizar tantos recuerdos. Pero una memoria también puede construirse mediante entrevistas, conversaciones, documentos, fotografías y testimonios, con la asistencia de un escritor que ayude a investigar, ordenar, estructurar y redactar la historia, procurando siempre conservar la voz de quien la vivió.

 Una vida, una familia, una empresa o una institución acumulan experiencias que explican mucho más que su pasado: explican quiénes son y cómo llegaron hasta aquí.

 El verdadero riesgo no es que nuestra historia parezca poco importante.

 El verdadero riesgo es dejar que desaparezca sin haberla contado.