domingo, octubre 30, 2022

Padres imperfectos, hijos imperfectos

 Carta a los padres:

 Un hogar es un espacio seguro

CUANDO LA CRIANZA NO ES PERFECTA…

Queridos padres:

¿Saben qué? Me pasé toda mi vida  -como padre- en la lucha por lograr que mis hijos entendieran y vivieran lo que yo consideraba correcto. Además, quise hacer de ellos triunfadores, pero con mi propio concepto de lo que es o no es triunfo, y en ocasiones poniendo el énfasis sobre lo académico. Quería hijos perfectos, cuando yo, su padre, era y soy un paquete grande de imperfecciones.

Al aceptar a Jesús como mi Salvador acepté la misericordia mayor del Padre: la entrega de su hijo por mi redención, pero también reconocí que soy pecador, que soy imperfecto, que en algunas áreas de mi vida la perfección estaba bien, pero bien lejos.

Acabo de leer un libro de un autor, Jim Daly: “Cuando la crianza no es perfecta”. Aunque redactado un poco desordenadamente, sus conceptos reforzaron lo que ya sabía, pero que no tenía organizado: no somos perfectos en ninguno de nuestros roles, en ninguno.

En realidad me apenó que esto llegara a mi vida cuando ya mis hijos se han ido de la casa y han labrado y siguen labrando su propio camino, porque el no haberlo entendido antes implicó sufrimiento, tanto para ellos como para mí. Por esto, les pido perdón Laura María, Juan Roberto, Luis Reynaldo, Carlos Ariel (de la menor al mayor).

Ahora que son adultos solo me cabe trabajar –sin angustia, sin culpabilidad- por reparar lo mejor posible los puentes que nos unen.

Quiero compartirte unos conceptos de su primer capítulo, esperando que te sean de utilidad.

En primer lugar, hemos de reconocer que somos débiles, somos imperfectos y tenemos familias imperfectas. No somos lo suficientemente buenos si nos medimos con la regla santa de Dios, pero nos olvidamos que Dios pesa la perfección en una balanza diferente. Pensamos que la perfección radica en lo que hacemos, nos olvidamos que se trata de quienes somos. Y esto aplica para tus hijos: no te fijes tanto en lo que hacen, como en lo que manifiestan que son.

Podemos fingir una “A” en comportamiento, pero no podemos fingir el carácter, tenemos que ganarlo, tenemos que aprenderlo, y a veces solo se logra por medio del sufrimiento. En definitiva, céntrate en la formación de su carácter (y vigila y crece en el tuyo).

Te quiero decir una verdad que has de tener presente siempre: lo mejor que podemos dar a nuestros hijos es seguridad emocional, un sentido de hogar, y un carácter semejante al de Jesús. Con esa zapata serán capaces de soportar todos los sufrimientos y embates de la vida.

¡Claro! Hemos de saber que, en muchos casos los chicos son resistentes a las lecciones de los padres y los padres no siempre somos los mejores maestros.

La crianza perfecta tiene sus riesgos. Juan 16:33 nos dice que en el mundo tendremos aflicción. Lo curioso es que pocos creemos que la aflicción llegará a nuestros hogares.

En segundo lugar, queridos padres, entendamos y asumamos que el concepto de perfección puede ser uno de los más grandes obstáculos que tenemos. Ninguno de nosotros es perfecto.

Este concepto –el de la perfección- hace que, en muchas ocasiones, pongamos énfasis en los logros, no en el carácter. Lo veo a diario cuando los padres proclaman con orgullo que su hijo lleva A en todas sus materias, que será magna cum laude… pero a la vez se lamentan de los defectos de su carácter.

Poner el énfasis en la perfección, buscar hijos perfectos de padres imperfectos, conduce a que, en algún momento, tanto los padres como los hijos, sientan que son un fracaso.

Nos dice Daily que podemos hablar de expectativas saludables y moderadas hasta quedar sin aliento. La mayoría pensamos que nuestras expectativas son así. Pero preguntémonos: ¿Cómo lidiamos con los fracasos, los nuestros o los de nuestros hijos? ¿Qué sucede cuando no logramos alcanzar nuestras metas sencillas? ¿Cuál es nuestra reacción en esos momentos?

Cuando hay un fracaso en la vida de tu hijo… ¿significa que fracasaste como padre? ¿Eso hace que tu hijo sea un fracaso? Cuando cometemos un error, debemos quitárnoslo de encima, debemos seguir tirando, quizás fallemos, pero eso no quiere decir que somos un fracaso.

“No importa cuánto se esfuerce, nunca nos vamos a poder convertir en la mamá o el papá infalible”, expresa Daily. Comprendamos bien: no somos perfectos, por lo tanto hemos de asumir el camino del perdón y la misericordia, como parte cotidiana de nuestro andar como familias.

En tercer lugar, en el caso de los hijos estamos llamados a alejarnos del amor condicional. Ese amor que dice: te quiero más si sacas buenas notas; mi amor se enciende cuando vas a la Iglesia; por eso es que te amo: porque obedeces a tu mamá… Esas maneras de condicionar el amor –amor condicional- les hace sentir inseguros y les coloca en el camino de tus expectativas, no la de ellos.

Los chicos sienten que tienen que ganarse una buena relación contigo y eso destruye su autoestima, los aterra. Los aterra la presión del perfeccionismo y esas expectativas inalcanzables, pero que además no son las suyas, sino las tuyas.

Seguro has escuchado historias de hijos que han dicho: “estudié esto porque era lo que mi papá quería que estudiara, cuando terminé, le entregué el título. Era “su título”, no el mío”. Es triste.

Al pensar en esto pienso en una afirmación de Sigmen Freud que decía que “la infancia es destino”, pero de eso les escribiré en otro momento.

Este autor me encanta pues indica que debemos guiar a nuestros hijos a un camino lejos del perfeccionismo; un camino, que los lleve a un lugar de tranquilidad y amor, y a un sentido de hogar; un lugar donde la leche se derrama en el piso, un lugar en el cual tanto los hijos como los padres cometen errores, pero en medio del caos y el desorden, hay amor, hay perdón, hay gracia.

Tenemos una idealización y aspiramos a la familia perfecta. Lo triste es que presionamos tanto en esa dirección que a veces forzamos a que nuestros hijos corran en la dirección opuesta.

Luego les sigo comentando de esta lectura. Agradezcamos a Dios que nos ha dado el privilegio de ser padres y que ha sido misericordioso con nosotros. ¡Estamos llamados a misericordia con nuestros hijos…no lo olviden!

Con amor y aspirando a que podamos tener una #GRATAVIDA,

Milton Tejada

18 de Agosto, 2021

 

 

 

 

lunes, octubre 24, 2022

Necedad y consejeros

LA NECEDAD NOS CIERRA A RECIBIR CONSEJOS

"El hombre torpe no tiene conocimiento, y el necio no entiende esto" (Salmo 92:6).

Dice la Palabra de Dios que “en la multitud de consejeros, reside la sabiduría”. Pero cuidado al elegir uno o varios consejeros. Asegúrate de que conocen la Palabra de Dios, de que conocen al ser humano, de que son compasivos y, a la vez, capaces de confrontarte. Que sean capaces de escucharte sin juzgarte (y si hay algún juicio que sea el que procede de la Palabra de Dios).

Renunciemos a la necedad de creer que lo sabemos todo, que no necesitamos consejos y consejeros y de que no necesitamos de reconocer a Dios como el Consejero por excelencia.

Quiero hoy compartirte unas enseñanzas de una lectura (de Paúl David Tripp) sobre algo que nos impide acudir al Consejero y a consejeros que se sostienen en su Palabra.

¿Por qué algunas personas nos cerramos a recibir un consejo y sobre todo a recibir el consejo de la Palabra de Dios? Por necios.

La necedad nos hace creer que no hay ninguna perspectiva, visión, teoría, o “verdad” más fiable que la nuestra. Nos hace creer la mentira de que sabemos más. Esto nos lleva a distorsionar la realidad y vivir en mundos creados por nosotros mismos. Es como si mirásemos la vida a través de un espejo curvo que distorsiona la imagen, pero estamos convencidos de que podemos ver con claridad.

La necedad controla al ser humano que está cerrado al consejo de los demás y a la persona que ve poca necesidad de estudiar la Palabra de Dios. Esta necedad distorsiona nuestro sentido de identidad, destruye relaciones, retrasa el crecimiento y descarrila el cambio.

La necedad nos convence de que estamos bien, y que nuestras decisiones rebeldes e irracionales son correctas y son mejor. No fuimos creados para ser nuestra propia fuente de sabiduría. Fuimos diseñados para ser receptores de la revelación, dependientes de las verdades que Dios nos enseña y para aplicar esas verdades en nuestras vidas.

Cuando David dice en el salmo 14:1: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios”, llega al fundamento de la necedad. Nuestra necedad es un rechazo a Dios, un deseo innato para reemplazar la sabiduría de Dios por la nuestra. Detrás de todo esto, queremos ser nuestros propios dioses y revelarnos a nosotros mismos toda la “verdad” que necesitamos.

sábado, octubre 24, 2020

EL PODER OCULTO DE LOS AMIGOS

 Para hombres: El poder oculto de los amigos


Hoy tengo un tema para hombres: el poder oculto de los amigos. ¿Cuál es el valor, como hombres, de tener amigos, verdaderos amigos, hermanos…? Amigos a quienes puedo llamar hermanos me han sostenido y me han ayudado en mi crecimiento como persona: Martín Luzón, Rafael Montalvo, Ramón Jiménez, José Cabrera, Bruno Ureña, Tulio… solo por mencionar algunos de los más significativos.

 

Todos –sobre todo si somos adultos- hemos tenido amistades que marcharon bien y amistades que marcharon mal. Recordamos cosas que hicieron posible que funcionaran bien y factores que terminaron con una amistad. Hoy quiero presentarte algunos elementos del poder de tener amigos, beneficios que he recibido y que tú puedes recibir. Lógico, mucho de mi caminar en la amistad se fundamenta en mi fe…

 

UNO. LA VIDA SE HACE MÁS PLENA

Cuando cuentas con amigos, la vida se hace más plena y se reduce el riesgo de enfermedad, tendrás hombres que te escuchen sin echarte un sermón, que te acepten por quien eres, a los que puedas hablar de los aspectos problemáticos de tu vida, pero sin condenarte (no son jueces).

 

Puedo asegurarte que si guardamos todas nuestras cargas dentro, estamos optando por provocar que se deteriore nuestra salud.

 

Dice la Palabra de Dios: Dos son mejor que uno, porque sacan más provecho de sus afanes. Si uno de ellos se tropieza, el otro lo levanta. (Eclesiastes 4:9-10)

 

DOS. ENCONTRARÁS APOYO CON AFECTO.

Un grupo de amigos te brindará apoyo con afecto. Un apoyo que puede ayudarte a superar crisis, a restaurar relaciones amorosas rotas o por romperse, a no sentirnos solos. La amistad es una forma de vivir el mandato del amor que tenemos los cristianos.

 

Dice 1 Juan 4:7:

Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios. (1 Juan 4:7)

 

Y el Salmo 133:3:

¡Qué bueno es, y qué agradable, que los hermanos convivan en armonía!

             

TRES. MAYOR MOTIVACIÓN PARA HACER LO CORRECTO.

En esta sociedad, las motivaciones para andar torcidos son muchas. Contar con un grupo de amigos nos da mayor motivación y aliento para hacer lo correcto. Es un aliento para ser lo mejor y hacer lo mejor. Para dejar de ser pasivos o inactivos ante los problemas que nos aquejan. Nos dice la Palabra que “quien se junta con sabios, sabio se vuelve; quien se junta con necios, acaba mal”. (Proverbios 13:20)

CUATRO. CRECERÁ NUESTRO DOMINIO PROPIO

Mis amigos, encontrarme con ellos, presentarles mis dificultades en áreas críticas, han hecho posible que obtenga más dominio propio para desechar hábitos y pensamientos indeseables. Te podrán dar el valor para contar hasta 10 y otra vez 10 en lugar de maltratar verbalmente a tu esposa e hijos, o quienes te rodean cuando te irritas. En Proverbios 16:32 se nos dice que el dominio propio es más valioso que una victoria militar. Los amigos nos ayudan en ese entrenamiento. .

 

CINCO. UNA SANA AUTOESTIMA

 

Este no es un beneficio pequeño. Ni más ni menos de lo que eres. Contar con amigo facilita el crecimiento de una sana autoestima. Me han permitido sentirme tan valioso como Dios desea, que pueda tener la confianza en mi mismo, estar agradecido de puntos fuertes y ser sincero con mis lados débiles.  Los amigos, en ese sentido, son guías, consejeros… y dice el Señor que “cuando no hay buen guía, la gente tropieza; la seguridad depende de los muchos consejeros” (Proverbios 11:14).

 

Tener amigos es una forma de fortalecer el tener vida y vida en abundancia. GRATAVIDA.


 

 

SEIS. TENER GUÍAS.

 

En ocasiones necesitamos volver a “tener padres”, experimentar intimidad en el sentido de poder abrir nuestro corazón y ser consolados. Tener guías. Los amigos son utilizados por Dios para ayudarte, para guiarte, para sobrellevarte, para alegrarte el alma, para pulirte.

 

TE ANIMO A QUE INTENCIONALMENTE CULTIVES AMISTADES SIGNIFICATIVAS, INVIERTE EN ELLAS, ESFUERZATE… Es parte del tener vida y vida en abundancia.

 

lunes, octubre 05, 2020

Caminos y Destinos: A mis 60 y tantos... es la tierra la que anda ya

 De Mahoma a Santana

(Mahoma-Rancho Arriba-San José de Ocoa, a Valle de Dios-Santana-San Cristóbal)

Testimonio del Trekking Crew

Milton Tejada C. 

 

(Nota: Con esta primera entrega abro un proyecto, una idea: contar a mi manera mi andar por caminos y destinos. Atrevámonos a disfrutar ambas cosas. Quise iniciar con una experiencia personal, mi primera experiencia de campismo con el Club Patas Sucias. Al final me pregunté: por qué disfrutarlo yo y no abrir la puerta de la comunicación para que otros también se animen... y de ahí mi idea de "Caminos y Destinos". Originalmente publicado (contribuido) en el blog de Patas Sucias: https://clubpatassucias.blogspot.com/2020/10/a-mis-60-y-tantos-es-la-tierra-la-que.html , a mi club, las gracias ).

 “Tanto he andado la tierra, que es la tierra la que anda ya”, dicen unos versos de Manuel Del Cabral en su obra “Compadre Mon”. Yo provengo de esa tierra que es cultura, que es sendero, que es dolor y es esperanza, de ese “tierra adentro” que a veces olvidamos en la vida sedentaria de las ciudades y que, sin embargo, no he andado tanto como pregonaba el Compadre Mon. Mi propósito al hacerme parte del Club Patas Sucias es, precisamente, recorrer de nuevo los senderos de mi patria, sus montañas, disfrutar de la compañía de mi gente sencilla de los campos. 


En el caso del Sendero Mahoma (Rancho Grande-San José de Ocoa) – Valle de Dios (Santana-San Cristóbal)
me motivó, además, el probarme si era capaz, a mis 60 y tantos años, de volver a hacer lo que hacía con tanto placer en mi juventud, compartir la filosofía del Club, y tender puentes (llamo así a la posibilidad de nuevas amistades). César Caamaño, líder de la excursión y del Club, me animó desde el primer momento, asumió que podía puesto que tengo dos años practicando algo de running con otro club (Locorredores) y de mi experiencia previa. Me advirtió que la dificultad era media, que tratara de llevar en la mochila sólo aquello que necesitara. 

El campismo, como lo practica Patas Sucias, implica que llevas sobre tus espaldas todo lo que vas a necesitar. También implica –en el caso de rutas ya exploradas– que tienes un mapa por el que puede guiarte, sin necesidad de conexión a internet, y que en tu celular puedes ir viendo con precisión que tanto estás o no estás sobre la ruta trazada. Sin dejar de ser parte de un equipo que participa, a la vez eres autónomo, vas a tu propio ritmo. 

Les cuento que la pasé muy bien. Cumplí el propósito individual por el cual me animé, pero además, encontré mucho más. 

En Valle de Dios, el segundo día

Encontré un grupo de personas respetuosas de la naturaleza, que quieren aprender siempre, que se ayudan, pero que a la vez impulsan la autonomía. Que tienen el principio de impactar lo menos posible el entorno por el que atraviesan, de no sacar nada, de no contaminar.
 

Encontré -más bien, recordé- que mi patria está llena de senderos. Volví a ver los rostros humildes de gente de mis campos, con los cuales disfruto compartir y hablar un montón. Aunque para ser sincero, mi ritmo fue demasiado rápido para permitirme las paradas de las fotos, la conversación calmada, apenas uno que otro adiós. Es deuda pendiente y es aprendizaje, “sin prisa, pero sin pausa”. 

Encontré inspiración para seguir haciendo lo que hago como Consejero (restaurar relaciones, incluyendo nuestra relación con la creación).

Encontré un Club organizado.  

Encontré que podemos cometer fallos, pero ellos no nos definen y de ellos  aprendemos. Sólo como ilustración enumero algunos: me perdí dos veces: la primera vez de modo individual por unos 25 minutos al interpretar mal una señal, pero retomé el camino, y la segunda vez junto a una parte del equipo, en un monte, a causa de árboles que habían caído por la Tormenta Laura y que parecían borrar el camino, luego de unas vueltas, fue posible retomar el sendero. Este perderme fue una maravillosa experiencia de confiar, de esperar, de no desesperar, seguro de que lo más que podía pasar es que me viese obligado a acampar en cualquier lugar para continuar al otro día. Otro fallo (error) es la cantidad de cosas innecesarias que llevé: me sobró ropa limpia, me sobró comida, y me faltó agua (lo cual suple abundantemente la zona). 

Vi que podría ser cierto aquello del poder de la naturaleza para su recuperación: "Con que no me jodan, es suficiente", pero también vi que hay personas -con otras filosofías- que no les importa tirar basura en el camino o dejar huellas pesadas sobre el medio ambiente (especialmente esto fue deprimente de Valle de Dios a Santana. Así no es posible hablar de ecoturismo sostenible). 


Cada arroyo, cada charco en el que me bañé, cada río que crucé (y cruzamos el mismo río varias veces, pues prácticamente recorrimos el Mahomita desde que era un niño de pantalones cortos hasta que ya tenía pantalones largos, es decir, desde riachuelo a realmente río) fue refrescante.
 

Recibí mucha retroalimentación positiva de mis compañeros de camino y hasta reconocimiento inmerecido, porque sólo doy de lo mucho que me ha sido entregado por otros. 

Me alegró inmensamente ver parejas que hacían el sendero juntas (por experiencia sé lo que esto estrecha la relación), y hasta pequeños grupos de amigos que compartían el camino. 

Sentí lo que hace tiempo siento: admiración por nuestra juventud. “No todo está perdido, vengo a entregar mi corazón…” dice una cantante, y es cierto. Luego de conocerles un poquito, se fortalece mi esperanza. 

Encontré, finalmente, que en mis próximos 20 años (hasta que cumpla 85) tengo algo valiosísimo que practicar y animar a otros a que lo practiquen: el campismo autónomo. 


Mis fallos –o errores– de los que ya he hablado, los convierto en recomendaciones: no llevar más peso del que necesitas (así debiera ser también la vida), ir a un ritmo que te permita disfrutar de las maravillas de Dios en la creación, hablar más con las personas, y ropa siempre adecuada.
 

Gracias al Club Patas Sucias, a César Caamaño, y a cada uno de aquellos con quienes caminé este sendero placentero que me recuerda que vinimos aquí a tener vida y vida en abundancia. #AcamparEsFacil


A veces pasamos dificultades...por las libras.

Otras fotos de la excursión:





miércoles, mayo 06, 2020

Escuchando / Hiperpadres

Hiperpaternidad: sobreproteger es desproteger

Eva Millet
Este es un resumen de una conferencia sostenida por Eva Millet, periodista y escritora especializada en educación y crianza. La conferencia fue organizada por el proyecto BBVA - Aprendemos Juntos.
Millet advierte de las consecuencias sobre niños y jóvenes de la “hiperpaternidad”: sobreprotección y control excesivo, tanto en casa como en el aula. Es un modelo que desautoriza a los profesores e invade el espacio de los niños en la escuela.
Esta crianza “monstruosamente intensiva” está creando una generación de jóvenes ansiosos, impacientes, dependientes, con miedos y baja tolerancia a la frustración, que además se refleja en su aprendizaje y rendimiento académico.
Millet propone que “las madres tigre, los padres apisonadora o helicóptero” den paso hacia un modelo que les permita relajarse, confiar en el sentido común y en los hijos, y no apostar solo por la acumulación de experiencias y conocimientos, sino por una “educación del carácter” que refuerce su empatía, resistencia, valores y tolerancia a la frustración.

Como padres nuestra misión es proteger a nuestros hijos y ayudarles a que crezcan como personas. Sin embargo, muchos padres confunden la protección natural con una hiperprotección.

Los padres que hiperprotegen a sus hijos creen que para ser buenos padres no pueden permitir que sus hijos experimenten malestares. Creen que sus hijos no tienen que sufrir una contradicción, no tienen que tolerar la frustración y que ser un buen padre implica casi ejercer de guardaespaldas del hijo. Hacen del hijo alguien intocable. ¡Cuidado si te metes con mi muchacho!

Educar es preparar para dejar ir y dejar ir, es darles herramientas a tus hijos para que ellos crezcan, adquieran autonomía.

Si tú estás todo el día detrás del niño protegiéndolo de todo lo que le puede pasar no solo le creas una ansiedad, le empiezas a poner un germen de ansiedad, sino que también le estás incapacitando. Le estas quitando una de las herramientas básicas de la vida que es la adquisición de autonomía.

Sobreproteger es desproteger.

Los padres tenemos que observar. Estamos llamados a estar pendientes de los hijos, pero no intervenir a la primera de cambio. Si tu hijo se cae en el parque no corras como Usain Bolt a rescatarlo porque al final lo que vas a conseguir es que el niño sea incapaz de levantarse por sí mismo.

Nuestra tarea: observar, estar pendiente, ver cómo se desenvuelven en la vida.

Al sobreproteger estamos creando hiperniños. Niños que tienen una baja tolerancia a la frustración. Los hiperniños son el producto de esta hiperpaternidad, que es este estilo de crianza generalmente típico de las clases medias-altas y que implica una hiperatención, una hiperprotección y una sobrepreocupación por el hijo.

La baja tolerancia a la frustración se ve casi como una enfermedad crónica, incurable, contra la que no se puede hacer nada. Si tú no educas en el error, prueba-error, prueba-error, prueba-error, al final el niño se derrumba ante cualquier cosa.

¿Qué podemos hacer los padres para ayudarles a tolerar la frustración?

Lo primero es ejercitar una habilidad fundamental en la vida: la paciencia. Vivimos un tiempo en que todo quiere resolverse con un clic. Saber esperar, la contención, el autocontrol, es importantísimo.

También la gestión de las emociones. Los niños tienen que entender que no todo son emociones buenas, sino que hay emociones malas como la rabia, la tristeza, la impotencia, el no saber muy bien qué te pasa… ellos tienen que aprender a gestionar sus emociones.
Si crees que para que el niño gestione sus emociones y tenga mucha autoestima de lo que se trata es de decirle que él es maravilloso y nunca decirle que no, no estás desarrollando un niño con autoestima, sino un narcisista.

También enseñarles que se puede perder. Que puedes fallar, te puedes equivocar y no pasa nada. Porque hoy hay un miedo en los niños y en los adolescentes a equivocarse. Todos perdemos y no pasa nada, y nos recuperamos. De hecho, yo creo que nos formamos a base de caernos y volvernos a levantar.

Para desarrollar la habilidad de tolerar la frustración y desarrollar también otras habilidades un factor importantísimo en los niños es jugar. Los niños tienen que jugar. El modelo de hiperpaternidad llena a los niños de tardes cargadas de actividades extraescolares, todo programado, todo estructurado… Impide un derecho reconocido hasta por las Naciones Unidas: el derecho de jugar. Esencia de la infancia.
El juego, ese juego libre, sin estructurar, solo o acompañado, no solo aprende a trabajar en equipo, a ser creativo… sino también aprendemos a tolerar la frustración.

La hiperpaternidad es un estilo de crianza que básicamente se basa en una atención excesiva al hijo, una sobreprotección y un estar detrás del niño todo el rato.
La primera figura que surgió de este tipo de crianza son las madres helicóptero.
En el norte de Europa y en Canadá, existe la idea de los padres quitanieves, que son estos padres que, en vez de preparar a los hijos para el camino, preparan el camino para los hijos. Les allanan todo. Aquí serían un poco los papás apisonadores.
Tenemos también los padres guardaespaldas que es el “No toque usted a mi hijo”, literalmente.
Los padres manager, que es un clásico muy masculino que si tienes hijos en deporte escolar los has visto. Sus hijos son los futuros Messi, Cristiano Ronaldo, Rafa Nadal o estrellas del deporte y ellos saben más que nadie, gritan y ponen nerviosos a los hijos.
Un último modelo que es muy discretito, que es divertido, que son los papás bocadillo o las mamás bocadillo. Es esta idea de seguir al niño con el bocadillo, con el táper de frutas en el parque para que el niño de vez en cuando se gire y dé un mordisquito, no sea que muera de inanición… Es una constante atención al hijo, esta supervisión 24 horas al día.

Una de las consecuencias de este modelo de crianza intensiva es el estrés familiar, la hiperpaternidad perjudica seriamente el bienestar familiar. Las mamás que practican la crianza intensiva son más infelices cuando pasan tiempo con sus hijos. ¿Y por qué son más infelices? Porque nunca se sienten lo suficientemente buenas.

Siempre creen que tendrían que estar haciendo algo más para que ese niño no se pierda en esa carrera en la que se han convertido, un poco, las infancias hoy en día.

¿Cómo afecta esta infelicidad, esta insatisfacción, a los hijos? Si el hijo tiene una madre o un padre estresadísimos todo el día… los niños lo notan y los niños van muy estresados. Los niños hoy tienen agendas de ministro. Las extraescolares están muy bien, ayudan a conciliar, son importantes para la formación de los hijos, pero hay un abuso. Una de las características de la hiperpaternidad es amar la precocidad y la hiperactividad. O sea, cuantas más cosas y antes mejor, no sea que el niño se quede atrás en la carrera por ser Einstein o Mozart…

Tenemos niños muy pequeños, de parvulario, con todas las tardes ocupadas, que llegan a casa agotados. Se convierten en un trabajador que llega a casa agotado porque pasa ocho horas en el colegio más dos de extraescolar o de coche para arriba y para abajo. Pierden el tiempo de jugar, no tienen tiempo para jugar, el juego libre sin estructurar está desapareciendo.

El juego no estructurado es un patrimonio de la infancia que perdemos al hacernos adultos y que ahora se está perdiendo cada vez más rápido, y para mí es un pecado.

Hiperpaternidad: cuestión de grado

Todos somos hiperpadres, pero hay grados de hiperpaternidad.

Cinco preguntas que son las que puntúan más alto al evaluar la hiperpaternidad que son estas:

La primera, si tenía ya un plan trazado para las vidas de sus hijos antes de que nacieran, esta idea de que “el niño será médico, será abogado, será no sé qué…”, ya todo diseñado.

La segunda, si les ayuda con los deberes o se los hace por sistema.

La tercera, es si ha excusado alguna vez a su hijo con la famosa frase: “No, mira, es que tiene una baja tolerancia a la frustración”.

La cuarta, sería si habla en plural, hoy en día se ha normalizado el hablar en plural de los hijos. Hoy en día, “hemos ganado”, “hemos perdido”, “hemos aprobado”, “hemos suspendido”, “nos hemos enamorado”… O sea, la unión con el hijo es tal que ya somos una misma persona.

Y la última es si discrepa a menudo con los maestros o entrenadores de sus hijos. Estas cinco preguntas son clave, ¿no? Si contestas que sí a las cinco…

Si contestamos afirmativamente a estas cinco cuestiones, no vamos bien.

¿Qué podemos hacer para revertir esta tendencia?
El primer consejo es relajarnos. Relajarnos todos un poquito porque la educación es un proceso a largo plazo y cosas que hoy tú estás diciéndole a tu hijo que no te hace ni caso, pues igual de aquí a cinco años te hará caso. Relajarnos.

Confiar en nosotros, confiar en nuestros hijos, ellos pueden hacer muchas más cosas de las que nosotros nos creemos y también quieren. Y no solo apostar por esa educación de conocimientos y experiencias mágicas… pensar que la educación es también el carácter. Necesitamos educar el carácter para tener unas herramientas para implementar esos conocimientos.

Educar a nuestros hijos en la valentía. La sobreprotección no ayuda a los niños a superar sus miedos. Hay que educar la valentía, la empatía, la resiliencia y hay que empezar a dejar que los hijos hagan cosas por ellos mismos. No grandes cosas, sino cosas pequeñitas. Que se carguen ellos su mochila.

La educación también es carácter: hay que educar la valentía, la empatía y la resiliencia, y dejar que los hijos hagan cosas por sí mismos. Los hijos son muy capaces, pueden hacer muchas cosas ellos y nosotros hemos de confiar, hemos de relajarnos y confiar.

El carácter es fundamental. Tú puedes tener tres masters, pero si tienes miedo no irás a ninguna entrevista de trabajo. A la empatía, a la colaboración… O sea, a esta serie de elementos de la persona que van más allá de los conocimientos puros y duros. Esa es la verdadera educación, la que combina las materias con las habilidades para implementar esas materias. Es verdad que las escuelas han de educar en el carácter, pero los mejores posicionados para esa educación son los padres.

En este modelo de hiperpadres, los profesores están más cuestionados que nunca, porque los padres conciben al niño como un ser perfecto al que nadie puede contradecir… Si un hace alguna observación del hijo que no es la adecuada pues no se le acepta. Si siempre se justifica a los hijos, no vamos a ningún sitio.

Una atención excesiva a los hijos es hacer cosas por sistema por ellos, cosas que ellos están capacitados para hacer. Y el mejor ejemplo que pongo son los deberes. Se están haciendo los deberes por los hijos. Además, los padres les apuntan a tantas actividades extraescolares, que el poco o mucho trabajo que tengan que hacer en casa pues al final lo sustituyen los padres haciéndolo…

La escuela ha de ser un espacio del alumno. Si, de repente, tienen a mamá o papá todo el día que si el niño, la niña, que si el pollo, que si no le gusta la ensalada, no le pongas ensalada, que si este profesor no va bien, que si no pongan el marcador en clase de Educación Física porque se frustra, porque pierde… Para el niño eso es insoportable, tener todo el día a esos padres helicóptero revoloteando sobre sus vidas.

El niño se convierte en un altar. Una antropóloga estadounidense tiene una frase que a mí me encanta, dice: “Hemos pasado del culto a los ancestros, a los antepasados, al culto a los descendientes”. Se ve en cualquier casa a la que vas hoy. Tú vas a las casas, te acuerdas antes que en las casas había las fotos de los abuelos, los bisabuelos, los tatarabuelos… ahora no hay ni un ancestro. Ahora todo son los niños. Los niños haciendo mil cosas o dibujos de los niños. O sea, realmente, es una veneración al niño.

Es necesario seguir poniendo límites. Muchos maestros comentan que la primera vez que un niño oye la palabra “no” es al llegar a la escuela porque los límites están muy pasados de moda. Estamos en un momento social que se confunde autoridad con autoritarismo y tenemos esta idea de que la familia debe ser una democracia y que todo se hace por asamblea y que todo se vota democráticamente. La familia no tiene que ser una dictadura, pero hay una jerarquía. En la parte de arriba estamos los padres porque somos los adultos responsables que hemos decidido traer a esos niños al mundo para educarlos con unas normas. Y las normas son los límites.

Una de las características de los hiperpadres es la justificación a ultranza al hijo con una frase que a mí me fascina. El niño te pega, escupe, se porta fatal, patalea, es insoportable: “Oye no, mira, es que tiene baja tolerancia a la frustración”. Como si fuera una enfermedad crónica ante la que no se pudiera hacer nada.

La frustración es una emoción. O sea, la vida está llena de frustraciones, y es una emoción negativa y como tal se tiene que educar y gestionar. Y tenemos que enseñar a nuestros hijos a tolerarla, pero parece que seas un mal padre si les enseñas a aceptar el no, a repetir las cosas cuando las hacen mal.

La hiperasistencia de los padres debilita a los hijos, los vuelve frágiles. Le estás dejando sin recursos. Es una combinación un poco perversa. Por un lado, son niños con una inflada noción de ellos mismos. Son niños que siempre se le ha dicho que son lo más, se les han hecho 20.000 fotos siempre, se ha documentado todo lo que hacen, se les ha consultado todo, se les ha permitido todo, en muchos casos. Entonces, tienen una inflada noción de ellos mismos, pero por otro lado son muy inseguros porque sin mamá o papá no se ven capaces de hacer nada. Y eso es una combinación explosiva.

Educar es dejar ir, darles herramientas para que ellos vayan espabilándose.

Contribuido de: