Jesús era amigo de publicados y pecadores. Se sentaba a la mesa con
ellos (para los judíos sentarse a la mesa tiene un significado muy especial)… ¿Eres
tú amigo de pecadores, delincuentes, prostitutas, gente de “mal vivir”? ¿Acoges o rechazas? Una iglesia que quiera ser
santa, un cristiano que quiera caminar en santidad, tiene que ser acogedor..
Juan Simarro Fernández hace una reflexión que desafía.
¿Es
santa la Iglesia?
Pareciera,
a veces, que en una iglesia santa, en una familia santa, en un ambiente santo,
lo mejor no es acoger, sino excluir, rechazar todo aquello que consideramos
imperfecto, impuro, contaminado, relacionado con el pecado… pero Jesús, con su
ejemplo y estilo de vida, acogió a los proscritos, pecadores, estigmatizados,
desclasados, privados de dignidad… ¿Tiene esto que decir algo acerca de la
santidad de la iglesia?
El evangelista Mateo nos dice: “Y aconteció que estando sentado Jesús a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos” .
El cuadro que se refleja en este texto es interesante: Jesús y sus discípulos sentados a la mesa con un buen número de publicanos y pecadores. No vamos a comentar lo que significaba el sentarse a la mesa con alguien en tiempos de Jesús, la comensalidad, porque creo que lo hemos hecho en otras ocasiones. Baste decir que compartir la mesa era como compartir la vida. Un modelo de acogida de Jesús que hoy nos cuesta todavía trabajo entender y aceptarlo como modelo a seguir. Por lo tanto, siguiendo las líneas de Jesús, podemos plantarnos si es mejor una iglesia “santa”, según algunos parámetros eclesiales, o una iglesia acogedora. ¿Es que, quizás, la iglesia acogedora es la iglesia santa?
La iglesia que se considere santa, debe ser también acogedora . La iglesia acogedora practica la acogida porque es santa, porque es una iglesia que busca la justicia, la misericordia y la paz, una iglesia que vive la fe de manera que, continuamente, se están dando las obras de la fe. La acogida a los proscritos, a los pobres y pecadores es tanto una obra de la fe, como una obra del amor. Quizás sea lo que dijo San Pablo y que hemos repetido ya tantas veces: La iglesia acogedora es una iglesia que tiene activa y viva una fe que actúa a través del amor.
El evangelista Mateo nos dice: “Y aconteció que estando sentado Jesús a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos” .
El cuadro que se refleja en este texto es interesante: Jesús y sus discípulos sentados a la mesa con un buen número de publicanos y pecadores. No vamos a comentar lo que significaba el sentarse a la mesa con alguien en tiempos de Jesús, la comensalidad, porque creo que lo hemos hecho en otras ocasiones. Baste decir que compartir la mesa era como compartir la vida. Un modelo de acogida de Jesús que hoy nos cuesta todavía trabajo entender y aceptarlo como modelo a seguir. Por lo tanto, siguiendo las líneas de Jesús, podemos plantarnos si es mejor una iglesia “santa”, según algunos parámetros eclesiales, o una iglesia acogedora. ¿Es que, quizás, la iglesia acogedora es la iglesia santa?
La iglesia que se considere santa, debe ser también acogedora . La iglesia acogedora practica la acogida porque es santa, porque es una iglesia que busca la justicia, la misericordia y la paz, una iglesia que vive la fe de manera que, continuamente, se están dando las obras de la fe. La acogida a los proscritos, a los pobres y pecadores es tanto una obra de la fe, como una obra del amor. Quizás sea lo que dijo San Pablo y que hemos repetido ya tantas veces: La iglesia acogedora es una iglesia que tiene activa y viva una fe que actúa a través del amor.