domingo, octubre 13, 2019

Comunicación y pareja


Cerrar y abrir la comunicación

Estas son pautas que abren y cierran la muralla que separa a una pareja. Esa muralla tejida de encuentros y desencuentros, de la historia que cada uno trajo a la relación, del ser distintos y a veces distantes. Son pautas para cerrar la comunicación, haciendo más difícil la convivencia. Y pautas para derribar muros y que fluya con mayor ligereza la palabra, la ternura, el acuerdo, el perdón…

Para cerrar la comunicación

Pensar que el otro debe pensar igual que tú. / El otro tiene una manera distinta de ver las cosas. Es necesario aprender a negociar, si escuchan aprenderán a entender la visión del otro. En una relación de pareja nunca hay una sola razón. Hay que tener ganas de escuchar al otro y encontrar juntos una solución.

Hablar sin escuchar o escuchar sin hablar. Es frustrante una discusión con una persona que no dice nada. Cualquier postura cerrada (el que solo habla, el que solo escucha) afecta la comunicación. La comunicación debe ser abierta, flexible. Saber escuchar es clave, saber hablar también.
Hablar es la escoba que limpia los conflictos, aclara los malos entendidos.
No podemos decir que amamos a una persona con la que no nos comunicamos.
Equivocación: muchos aprendimos que hablar es pelear, lastimar, destruir, eso es incorrecto. Hablar es tener la oportunidad del reencuentro, de escuchar lo que el otro siente, de aclararlo.

Descalificar lo que siente el otro. No tienes que entender lo que el otro siente, si pare él o ella algo es importante, entonces lo respeta, lo escuchar y aunque no lo compartes, le da validez.
Descalificar es violencia y lleva a la baja autoestima, lo cual convierte a las personas en tóxicas. Asegúrate de respetar los sentimientos del otro.

Hablar de lo importante en el peor momento. Para hablar hay que dar espacio. Hagan una cita para hablar, hagan citas de “novios”, para relajarse, disfrutar de lo que les gusta. La vida tiene disfrutes y dolores. Y recuerden, a veces tienen conflictos que resolver, pero ustedes no son un conflicto, son mucho más que eso. Si vemos al otro como el problema, probablemente nos amarguemos y hasta lleguemos al divorcio.

No verse a los ojos. Siempre que conversen cosas del corazón, mírense a los ojos. Cuando hables con ella o con él, mírale a los ojos (ejercicio: hablar con los ojos).
Mirarse a los ojos muestra el corazón. Mírense al hablar, al hacer el amor, al disfrutar de una cena, al ser testigos de las travesuras de sus hijos, para coquetearle, para ser cómplices, para un contacto travieso de amo y compañerismo verdadero.

Sentir que si reconoces tu error pierdes. Una persona que sabe decir “lo siento” es una persona con buena autoestima. Reconocer tu error no quiere decir que te pondrás en el piso para que te pisoteen.
Una persona capaz de reconocer su error no pierde, gana, porque esto le da la oportunidad de corregirlo y ser una mejor persona para su vida. Todos tenemos derecho a equivocarnos.
No necesitas ser perfecto para ser amado, sólo necesitas ser responsable de tus errores, saber pedir disculpas, y hacerlo mejor la próxima vez.
Cuando tu pareja reconozca que se ha equivocado, que ha cometido un error, dale las gracias y reconócele su capacidad de hacerlo.

Discutir para pelear y no saber negociar. Discutir no es pelear. Discutir es poner en la mesa un conflicto que pensamos diferente, sentimos diferente, necesitamos diferente, pero debemos encontrar un punto de encuentro para caminar juntos. En las parejas, como en la vida, todo es una eterna negociación.

Sacar un expediente de conflictos y faltas. Los conflictos, como los expedientes, deben tener fecha de vencimiento. El armar expedientes es una forma de perderte en discusiones interminables. Aprende esto: problemas de hoy, soluciones de hoy, y si hay un viejo tema que no hablaste, pero que no puedes dejar o no puedes soltar, entonces habla específicamente de eso.

Interpretar lo que el otro dice. Ser objetivo y describir un comportamiento sin interpretarlo es difícil, complicado. Cuando interpretas el acto del otro estás poniendo algo que procede de ti, no de él, y que cerrará la comunicación. Hay que hacer un esfuerzo por describir más que por interpretar.

Decir que otros piensan como tú. Atribuir a otros que piensan como tú para no hacerte responsable de lo que sientes, dices. Quieres meter a otros en la discusión (p.e.: “tu mamá piensa lo mismo”). Es un golpe bajo y solo logra que la otra persona se cierre.

Para abrir la comunicación:

Empatizar con lo que siente:
Escucho lo que sientes;
Acepto tu enojo;
Tu dolor es válido para mí;
Lamento tu tristeza;
Respeto tu miedo.

Reconocer y agradecer. Decir ¡gracias!
Gracias por decirme linda;
Gracias por el desayuno;
Qué bien te ves hoy, me gustas;
Amo cuando haces esto por mí;
Gracias por la iniciativa de hoy.

Asumir la responsabilidad:
Quiero que sepas que reconozco que este error es mío, no tuyo;
Te pido disculpa, no me di cuenta de mi error;
Asumo la responsabilidad de esto;
Me equivoqué, gracias por ayudarme a verlo;
Me comprometo a prestar atención en esto.

Decir lo que sientes en primera persona:
Me hace sentir invisible;
Me da miedo que me mientas;
Me enojo con tu comportamiento;
Me lastima lo que dices;
Siento que nada de lo que hago es suficiente.

No juzgar:
Sé que no hay mala intención, pero esto me afecta;
Confío en que lo harás;
Tu comportamiento me lástima;
No comparto lo que piensas;
No te juzgo, debe ser difícil para ti.

Tener una buena comunicación contigo mismo(a):
Diálogo conmigo y doy un espacio para observar lo que sientes;
Escribir lo que piensas y sientes antes de hablar con tu pareja;
Hablar con alguien capacitado en el tema para entender mejor;
Observar si estás sobredimensionando lo que pasa.
Observo lo que permito y genero con mi comportamiento.

Escuchar al otro con verdadero interés:
Sin teléfono, tele, computadora, etc.
Mirar a los ojos;
Ir acompañado con la cabeza y comentar algo de lo que dice, no interrumpir;
Escuchar intentando conocer y comprender su mundo.

Pensar en formas de resolver:
Preguntar qué necesita de ti;
Proponer soluciones;
Tener claro lo que tú quieres.
Actitud de que todo tiene solución;
Actitud de cambio, de querer moverse.

Bajarle tres rayitas a tu infierno:
Busca sanar tus heridas, la comunicación no será eficaz si traes una herida abierta;
Hay que tomar tiempo para cerrar el dolor;
Llorar para desahogarse y escribir son buenos recursos.
Separar tu historia de la relación, para no cobrar facturas que no le corresponden.

(Estas idea s fueron tomadas del libro “Sana tus heridas en Pareja”, de Anamar Orihuela).

miércoles, octubre 09, 2019

Conflicto y pareja


Manejo de conflictos:
La ruptura conyugal

¿Alguna vez te has sentido herido por causa de tu cónyuge? Seguro que sí. ¿Alguna vez has sido la causa del dolor en la vida de tu pareja? Seguramente. En toda relación matrimonial, el esposo y la esposa han sido tanto el ofendido como el ofensor, la causa y el objeto del dolor conyugal.

¿Por qué nos herimos mutuamente si somos esposos? ¿Por qué dos personas que se han comprometido a amarse el uno al otro durante toda la vida  veces se olvidan del otro, se ignoran o se ponen en contra? Porque todo matrimonio está formado por dos personas imperfectas que a veces son desconsideradas, insensibles, ásperas, o sencillamente egoístas. Y dos personas imperfectas compartiendo el mismo espacio están destinadas a tener desacuerdos. Todos tenemos estos “topetazos” conyugales de vez en cuando, no importa cuánto deseemos evitarlos y cuán tristes nos sintamos cuando suceden.

Cada matrimonio tiene su cuota de malentendidos y errores en la relación, conflictos y desaires, palabras hirientes y peleas a gritos que terminan en dolor. Y a veces es como una colisión de frente que causa daños más severos (como traición, infidelidad o abuso). No importa cuán profundamente se amen usted y su cónyuge. No se trate de preguntar si sucederá, sino CUÁNDO.

Entonces ¿qué haces cuando sucede? ¿Cómo respondes cuando un conflicto te hiere a ti, a tu cónyuge o a los dos? Muchas parejas no saben qué hacer. Por eso no hacen nada e inevitablemente se distancian. “El indicador número uno de divorcio es el hábito de evitar el conflicto”, afirma Diane Solle.

La resolución de conflictos y heridas se encuentra a la misma altura que la comunicación, que es el principal problema que enfrentan las parejas. Muchos estamos desorientados a la hora de resolver desavenencias conyugales.

¿Por qué? Porque nadie nos enseñó cómo hacerlo. No recibimos en el hogar un ejemplo para resolver conflictos de una manera saludable. A menudo, ni siquiera aprendemos a resolver conflictos conyugales en la iglesia. Entonces, en lugar de sanar nuestras heridas y continuar con la vida, dejamos que nuestros problemas se acumulen, pensando erróneamente (o deseando en secreto) que el tiempo en verdad sana todas las heridas. No es así. En cambio, con el tiempo, los conflictos sin resolver y las heridas sin sanar endurecen nuestros corazones y abren una brecha entre nosotros como esposos.

Cuando enterramos nuestros conflictos en lugar de enfrentarlos, cuando guardamos nuestro dolor en lugar de ocuparnos de él, se pone en marcha un proceso. Evitarlo finalmente te guiará a un lugar adonde no quieres ir: al DIVORCIO EMOCIONAL. Es posible que nunca te separes físicamente o inicies un divorcio legal por determinadas razones, como las apariencias, los hijos o convicciones religiosas. Pero la DISTANCIA ENTRE USTEDES SEGUIRÁ ENSANCHÁNDOSE hacia una separación en la relación y un divorcio emocional. Te sentirás atascado e infeliz, viviendo en la misma casa y compartiendo el mismo apellido. El matrimonio soñado que alguna vez compartieron morirá lenta y dolorosamente. Todo lo que les falta es iniciar públicamente los trámites en los tribunales locales.

Cuando tu cónyuge habla acerca de la importancia que tiene su matrimonio, escúchalo. Cuando dejar de hablar, cuidado, puede significar que han dejado de buscar salida. Si este modelo de separación emocional continúa durante seis meses o más, este cónyuge puede terminar yéndose físicamente.

(Nota MT: ¿Qué debemos saber? ¿Qué podemos hacer? Son preguntas que requieren respuestas).


(Editado de Rosberg, Gary y Bárbara: Sana las heridas en tu matrimonio, 2007. pp. 16-19).



jueves, septiembre 19, 2019

El Pacto Matrimonial

Del contrato al Pacto Matrimonial

Les comparto lo que escribí en una clase de Diplomado en Consejería en que participé en el IMAFA, impartida esta sesión por la profesora Eva Nieves. Cualquier imprecisión es mi responsabilidad, no de la profesora. Editado, claro está, a partir de mi interés propio.

¿Cómo se elige la pareja? En Psicología suele afirmarse que cada uno elige su pareja con lo que inconscientemente necesita. Es como si eligiéramos para llenar unas necesidades. Hacemos un contrato, tenemos una expectativa de cosas que queremos del otro. Esto es partir desde lo individual.

En nuestro décimo aniversario de bodas. Un regalo precioso
de Dios a mi vida, un arroyo cristalino a las aguas
de este Mar Muerto.
Muchas veces no se trata de la búsqueda de un Pacto, sino de un contrato para satisfacción individual. Uno piensa: “Lo que quiero cuando me case es…” Y tiene en su cabeza una serie de requisitos de lo que espera que él o ella hagan, una “lista”. Son expectativas individuales, procurando que se cumplan en el matrimonio. Cuando esas expectativas no se cumplen, viene la desesperanza: “Me engañé o me engañó”, “me casé con la mujer equivocada”, o “con el hombre equivocado”. Este “contrato matrimonial” dura mientras las expectativas son satisfechas, completa o mínimamente.

En un Pacto, en cambio, cada uno cumple con lo que corresponde, con su compromiso, con carácter de permanente. Partiendo de mí, se orienta al otro.

A veces también el Pacto se rompe, no se cumple, por la dureza del corazón del ser humano.

La diferencia entre un pacto y un contrato: el contrato termina cuando cualquier de la parte lo decida. El pacto tiene carácter de permanencia. Lamentablemente, hoy día el matrimonio tiene carácter de contrato (no es la visión de Dios). Contrato que, en ocasiones, tiene condicionantes preestablecidas, incluso escritas (como, por ejemplo, separación de bienes, derechos a determinadas acciones, etc.).

Atención: Una de las “causales” del divorcio es la incompatibilidad de caracteres. Sin embargo, desde el punto de vista bíblico, el hombre y la mujer son complementarios (no necesariamente compatibles).

Para los que viven bajo este Pacto, las Escrituras son claras: solo en caso de adulterio podría haber divorcio.

Lo que nos enseña Génesis 2:24

La Biblia nos dice, en Génesis 2:24:

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.

Un Pacto matrimonial, a partir de este texto bíblico, implica:
  1. Dejar a papá y mamá, emocional y físicamente. Quienes se casan y siguen viviendo con los padres, tienen dificultades. Quienes se casan y anteponen el ser hijo al ser pareja, tienen dificultades.
  2. La pareja debe darse el primer lugar. Él es el Rey y ella es la Reyna. Se tratan el uno al otro con todo lo mejor que la otra persona espera y con todo lo mejor que puedo dar. Es un pensar no en lo que quiero, sino en lo que mi pareja necesita.
  3.  Implica que no se atan a los hijos, que hay límites con relación a los hijos. Los niños tienen que dormir en su propia cama, aunque sea en la misma habitación. Si tienen más de seis meses, es necesario pasarlo a habitaciones diferentes. Se les enseñan reglas de intimidad, de respeto de espacios. Se establecen fronteras, límites, con los hijos. Eso de que un niño siempre ha de dormirse o duerme en la cama de los padres, no es saludable.
  4. La pareja requiere momentos exclusivos. Espacios con su pareja, no con los hijos. En esa dirección va Deuteronomio 24:5: “Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a la mujer que tomó”. Salir en familia no es salir en pareja.  
  5. Matrimonio implica exclusividad sexual. Si estoy contigo, es solo contigo, y tu compromiso es que tú estés solamente conmigo. Si no hay un compromiso, se rompe el disfrute. Hay muchas complicaciones en una no exclusividad: enfermedades, embarazos no deseados, daños en las finanzas, resentimientos y amarguras en el corazón de quien ha sido víctima de esta falta, dolores emocionales en ambos, heridas que tendrían que ser sanadas… La exclusividad sexual es tanto para el hombre como para la mujer. Es un mito pensar que todos los hombres son infieles. Es un mito pensar que es imposible la fidelidad. Hay parejas que viven la exclusividad. Es posible.
  6. Matrimonio implica un camino de doble vía, un principio de reciprocidad. En un momento yo soy el estímulo y tú la respuesta, y viceversa.
  7. Un matrimonio saludable requiere de una comunicación positiva. El éxito de un matrimonio requiere de una buena comunicación. Facilita la crianza de los hijos, el manejo de las finanzas, el disfrute sexual. Facilita la sanidad interior porque hay la oportunidad de sanar las heridas, de pedir perdón por el daño causado. La comunicación es clave. Quejarse no es comunicarse. Deben evitarse las quejas.  Se comunica de manera positiva cuando expresa directa, clara y de modo asertivo lo que desea o quiere, con la esperanza de que pueda ser resuelto.
  8. La economía doméstica se debe manejar como un único presupuesto, a menos que no haya alguna condición que lo impidan. Formas: lo ideal es una sola cartera.
  9. Tener una misma fe facilita todo lo demás. Finanzas, fidelidad, enseñanza de los hijos. El hombre es el líder espiritual de su hogar y deberá dar cuenta de este rol a Dios. También aquí incluimos el NO al yugo desigual cuando la relación se trata de un noviazgo. Es sano que un matrimonio viva bajo la guía de Dios y el Espíritu Santo.
  10.  Carácter de permanencia. Es para toda la vida. No se trata de un horizonte limitado de tiempo en esta tierra. No se trata de un tiempo condicionado.


El matrimonio cristiano es un Pacto, no un contrato.


martes, septiembre 03, 2019

Liderazgo según la estatura de Jesús


EL LIDER CRISTIANO:
UN SER HUMANO DE ACTITUDES SEGÚN LA ESTATURA DE JESÚS

1 Tim 3, 1-7

Hoy quiero invitarles a revisar sus actitudes ante el liderazgo que les ha tocado y cambiar aquellas actitudes que no nos permiten “ensanchar nuestro territorio” y proclamar con audacia el evangelio a todos

Muchas veces pensamos que tenemos las cualidades necesarias, pero que las circunstancias nos impiden avanzar.

Usted no puede cambiar lo que pasa, pero SI puede elegir cómo va a enfrentar la situación, cómo va a reaccionar.

La actitud es más importante que los hechos, es más importante que su pasado, es más importante que la educación, que el dinero, que las circunstancias, que los fracasos, que el éxito, que lo que piensan, dicen o hacen otras personas.

NOSOTROS SOMOS RESPONSABLES DE NUESTRAS ACTITUDES.

LA ACTITUD DEL LIDER AYUDA A DETERMINAR LAS ACTITUDES DE LOS SEGUIDORES.

El liderazgo es influencia. La gente se contagia de las actitudes como se contagia de la gripe, acercándose.

*¿Qué sentimientos –que apuntan a actitudes- nos presenta 1 Tim 3, 1-7?*

ACTITUDES PRESENTADAS POR TIMOTEO:

FIDELIDAD
IRREPROCHABLE
COHERENCIA
SOBRIEDAD
PRUDENCIA
HOSPITALIDAD
MAESTRO – CAPAZ DE ENSEÑAR.
NO MATERIALISTA
NO EGOISTA
DISCIPLINADO
CAPAZ DE GOBERNAR
RESPETABLE
CRISTIANO MADURO
DECOROSO

Considero fundamental que el líder cristiano sea:

Coherente e irreprochable: Es, a mi modo de ver, la principal característica de un líder cristiano, lo cual equivale a ser *INTEGRO*. Si se pierde la integridad, el grupo (sea una célula, una iglesia, una familia) andará sin rumbo.

Prudente – la cual es hija del discernimiento, de la reflexión, de ponernos en manos de Dios y de asumir que la obra es de Dios, no nuestra.

Capaz de gobernar – Debe ser firme en las decisiones difíciles, con honestidad total, cumpliendo el compromiso que ha hecho.

Compasivo y con sentido del humor, señales de que se trata de un CRISTIANO MADURO, no es un neófito, sino que tiene capacidad de estar cercano y a la vez recurrir desde el corazón a la palabra de Dios.

Muchas otras cualidades han de ser cultivadas como líderes cristianos. Pablo a Timoteo nos indica algunas fundamentales… cultivar es una labor de día tras día, de equivocaciones y rectificaciones. De colocarnos bajo la guía de otros líderes experimentados que nos ayuden en nuestro crecimiento y “con los ojos puestos en Jesús”.

Bendiciones.

martes, agosto 06, 2019

El cementerio está lleno de imprescindibles


El adicto al trabajo
“El cementerio está lleno de gente
que se creyó imprescindible….”.

Cuando tenía 35 años me convertí en una persona “trabajólica”: adicta al trabajo. Mi padre –hombre sabio- me llevó al cementerio y me dijo: “Mira, está lleno de gente que se creyó imprescindible”. Debo confesar que me impactó, pero también debo confesar que no le hice caso por casi dos décadas más.

Te pregunto: ¿Trabajas más de cuarenta horas a la semana? ¿Con frecuencia te sientes cansado y estresado? ¿Dolor de espalda, de cabeza, indigestión, fatiga crónica? ¿Te llevas trabajo a casa con mucha frecuencia, incluyendo fines de semana, vacaciones, días de fiesta? ¿Te sientes culpable cuando te diviertes o relaja? ¿Miras mal a los que no trabajan tanto como tú? ¿No tienes hora para llegar a casa? ¿Te cuesta trabajo decir que NO? ¿En tu tiempo libre preferirías estar trabajando?

La adicción al trabajo es más frecuente de lo que podemos pensar. Un adicto al trabajo está obsesionado. Es una actitud que le perjudica a él y a otros. Es un monstruo que mina la salud, impide dormir, alimenta la codicia. Para muchos, el trabajo es el camino mediante el cual encuentran aprobación, respeto, éxito. Y se convierte en adicción.

Nos lleva a una incapacidad para descansar. Nos impulsa a ignorar nuestras exigencias emocionales y espirituales. Nos convierte –ante la familia- en personas que siempre tenemos prisa, de mal humor, indiferentes. Generalmente es indicador de una baja autoestima.

La verdad es que la vida laboral debe gestionarse en una relación sana con Dios, con la familia, el matrimonio, los amigos. Cuando no se mantiene este equilibrio, el trabajo se convierte en un ídolo, un capataz terrible que nos seca y nos saca la vida.

Como cristiano me permito algunos consejos:
Primero. Vuelve a centrar tu vida en Dios. Busca tiempo diario para la oración, la lectura de la Palabra de Dios, la meditación. Busca la guía de Dios para tus actividades diarias. Pero asume esto como una relación y no como otro trabajo más en tu cotidianidad.

Segundo. Busca equilibrio. Evalúa las actividades de tu agenda cada semana y cuáles de ellas son innecesarias y contribuyen a la adicción al trabajo. Equilibrio es una palabra clave: equilibrio entre el trabajo y las relaciones. “Programa” tiempo para el ocio.

Uso una especie de “latinazgo” para decir que Dios inventó el ocio y el diablo el “negocio” o negación del ocio. No niegues el ocio en tu vida. Es creativo, placentero.

Dedica tiempo a honrar a Dios, a participar en la Iglesia o en sus actividades.

Tercero. Reduce el ritmo. Pon el pie en el freno y retíralo del acelerador. Disminuye el ritmo cada día. Busca el descanso, el espacio para un poquito o un poco de ejercicio, para seguir una dieta equilibrada. Introduce en tu agenda actividades agradables para ti y tu familia.

Recuerda, no te angustie. Cambiar exige tiempo.

Cuarto, busca apoyo. Puede ser de un consejero, en otros casos necesitarás la ayuda de un terapeuta.

La capacidad de trabajar, disfrutar del trabajo, ganar dinero, aportar a otros, disfrutar el salario, compartirlo, es un don de Dios. El trabajo equilibrado, honesto, sincero, honra a Dios. Pidamos a Dios que nos dé la sabiduría suficiente para encontrar el equilibrio que necesitamos y podamos estarnos quietos y saber que EL es Dios.

Término con una expresión de Eclesiastés 5:18:
“He visto que esto es lo mejor que puede hacer uno: comer, beber y disfrutar de su trabajo durante la corta existencia en esta tierra. Dios nos concede una vida breve y eso es todo lo que tenemos”.

Que Dios te bendiga.

(Algunas ideas fueron tomadas de: Clinton y Hawkins – Consejería Bíblica – Manual de Consulta sobre 40 temas críticos).

miércoles, julio 31, 2019

Papá... veinte años de cárcel


SER PADRES: 
“VEINTE AÑOS DE CÁRCEL Y DESPUÉS LIBERTAD CONDICIONAL”

En el centro, mis padres: Apolinar Tejada y Carmen Cruz. Desde la izquierda,
mis hermanos: Ruth, Giovanny, el del bozo soy yo, Ambiorix, José, Yadira.
No presentes: Víctor y Berquis.
Mi padre, Apolinar Tejada Rodríguez, tenía una frase que me sirve para conversar contigo hoy. Él decía: “Cuando te nace un hijo, son veinte años de cárcel y después libertad condicional”.

Tres aspectos distintos se destacan dentro de nuestra función:
·         La decisión de ser padres;
·         El amor de padres, y
·         La función de padres: cuidar, proveer y educar.

Hoy comparto contigo una reflexión en este sentido.

Sobre la decisión de ser padres basta decir que implica el asumir el rol y el sentido de pertenencia. Son “nuestros” hijos. Es un sentido que no dejamos nunca, aunque ellos no nos necesiten, se alejen de nosotros e incluso nuestras relaciones sean un desastre.

Sobre el amor de padres, es el único amor incondicional (Dios es Padre, no lo olviden). Sin reciprocidad ni motivos y, por lo tanto, dura toda la vida.

En cambio, la función de padre que consiste en cuidar, proveer y educar tiene un punto final. Nos “jubilamos” de esta función o rol, pero no de los dos primeros (excepciones las hay, como cuando tenemos un hijo especial).

Tres de mis cuatro hijos han establecido sus propios hogares.

La más pequeña todavía estudia, pero vive fuera del país. Nosotros estamos, pues, a la puerta de la “jubilación” de esta tercera función y, contrario a lo que algunos anuncian, no sentimos “crisis del nido vacío”, sino más bien el “gozo del deber cumplido”.

Puedo decir a mi padre que ya he cumplido los veinte “años de cárcel” y estamos en libertad condicional. Lo hicimos porque adoptamos la decisión de ser padres y lo hicimos porque amamos incondicionalmente a estos muchachos -Carlos, Luis, Juan, Laura-.

En términos de la función de cuidar, proveer y educar, esperamos que esta llegue a su final muy pronto, con la independencia económica de Laura.

Bendiciones, hijos amados. Me es suficiente saber que desde su corazón son capaces de llamarme: PAPÁ.

Que Dios les cuide y proteja, EL también es PADRE y les ama, incluso más que yo.

Que Dios les bendiga.

miércoles, julio 10, 2019

Desde otra óptica / 1 / ¿Un esposo para ser feliz?


Mentiras que las mujeres creen:
 “NECESITO UN ESPOSO PARA SER FELIZ”.

Como sucede con otras mentiras, esta es en realidad una distorsión sutil de la verdad.
La verdad es que el matrimonio es un buen regalo. Es el plan de Dios para la mayoría de las personas y hay (y debe haber) gran gozo y bendición en el matrimonio cuyo centro es Cristo. Pero Satanás tergiversa la verdad acerca del matrimonio insinuando a las mujeres que es la única manera en que pueden alcanzar la felicidad y la realización personal, y que no serán felices sin un esposo que las ame y supla sus necesidades.

Cuando consiguen un esposo, muchas mujeres comienzan a creer variaciones de esta mentira: “necesito tener este o aquel tipo de esposo para ser feliz”, o “mi esposo tiene que hacerme feliz”. Solo después de pasar años de desencantos, Miriam admitió cuán disparada era esa idea:

 Después de diez años juntos, mi esposo y yo nos separamos. Creía que su obligación era hacerme feliz. En realidad nunca lo fue, y las cosas nunca funcionaron. No solo yo estaba en esclavitud, sino él también”.

La verdad es que el objetivo supremo del matrimonio no es hacernos felices, sino glorificar a Dios. Las mujeres que se casan con el único propósito de encontrar la felicidad se alistan para una gran decepción, y pocas veces encuentran lo que buscan. Además, las mujeres que creen que necesitan un esposo para ser felices, con frecuencia terminan en relaciones que Dios nunca planeó darles.

Johana me dijo cómo esa mentira la esclavizó y la arrastró a un desenlace lamentable que jamás imaginó:

 En la universidad tuve un novio que se convirtió en mi prometido y luego en mi esposo. Era un buen hombre, aunque no estaba comprometido con Cristo. Con todo, tenerlo era más importante para mí que esperar en Dios y pedirle que trajera a mi vida a un cristiano firme para casarme. Como resultado, nunca hemos podido crecer juntos en la fe. Después de veintiocho años de matrimonio no teníamos mucho en común. Mis amigos son cristianos, los suyos son incrédulos. Mi prioridad son mis hijos, la suya es el trabajo.

Esta mujer creyó que necesitaba un esposo para ser feliz. Actuó según esa mentira casándose con un hombre incrédulo en abierta contradicción a la enseñanza de la Palabra de Dios. Aunque logró lo que deseaba (casarse con un hombre), terminó con mortandad espiritual en su alma (Salmo 106:15).

La verdadera libertad solo viene cuando se reconoce y se abraza la verdad, ya sea con un esposo o sin él, como lo ilustra la siguiente historia:

 Perdí a mi padre a la edad de catorce años y me casé a los dieciséis. Ahora veo que dejé que mi esposo se convirtiera en mi seguridad y mi razón para vivir. A medida que nuestros hijos crecían y que teníamos problemas en nuestro matrimonio, me sentía esclavizada por la idea de que “nunca podría vivir sin él”. Mi esposo se sentía asfixiado por culpa mía, y empezó a pensar que necesitaba irse para poder respirar.
 Dios se sirvió de algunos amigos para hacerme ver la necesidad que tenía de soltar a mi esposo y asirme de Cristo. Apenas lo hice, fui libre. Mi esposo pudo crecer a lo largo de todo ese proceso y jamás se fue de mi lado. Alabamos a Dios sin cesar por permitirnos celebrar treinta y seis años de matrimonio.

(Y esta otra historia):

 He luchado con la mentira de que sin el matrimonio mi vida carece de valor, y que tal vez hay algo mal en mí porque sigo soltera. Creer esta mentira me robó el gozo de servir a Dios y al prójimo (porque yo solo pensaba en mis propios intereses y metas).
 Pasaron muchos años antes de que yo aprendiera a confiar en la soberanía de Dios, y a entender que tiene un plan para mí. Ahora, mi meta (a los cuarenta años) es dedicar los años que me quedan aprovechando las muchas oportunidades que tengo para servirle y permitirle transformarme a la semejanza de Cristo.
 Esta vida es muy corta. Él me ha ayudado a tener una perspectiva eterna que me permite soportar alegremente las penas y decepciones de este mundo”.

Me encanta la última frase del testimonio anterior. En este mundo caído, nadie, ni casado ni soltero, está exento de “penas y decepciones”. Sencillamente no existe tal cosa como absoluta felicidad en este lado del cielo. Sin embargo, como aprendió esta mujer soltera, podemos “soportar alegremente” las circunstancias que enfrentamos aquí en la tierra, cualesquiera sean, si miramos más allá de esta vida y adquirimos perspectiva eterna.

Entretanto llegamos al cielo, ni nuestro estado civil ni un matrimonio pueden proveernos y tampoco privarnos de felicidad suprema.

He conocido mujeres, tanto solteras como casadas, que viven infelices. También he conocido mujeres tanto solteras como casadas que eran verdaderamente felices, a pesar de que enfrentaban “penas y decepciones”. Habían encontrado una fuente de gozo que no dependía de su estado civil.

Yo misma he vivido en ambos lados del matrimonio. Fui soltera hasta finales de mis cincuenta. Esos años incluyeron períodos de soledad, y de anhelar compañía. Sin embargo, a lo largo de esa etapa prolongada de mi vida, que yo creía permanente,  el Señor en su bondad me permitió experimentar su amistad, su absoluta suficiencia, y me concedió el privilegio de servirle “sin impedimentos” (1 Cor 7:35).   Por la gracia de Dios, recibí esos años como un regalo, y fui be3ndecida con contentamiento y gozo en ese llamado.

Entonces el Señor me sorprendió (por decir lo menos) trayendo a un hombre maravilloso a mi vida. Amo mucho a Robert y estoy profundamente agradecida de ser amada y valorada por este hombre tierno, humilde y piadoso. Pero Robert Wolgemuth no es un sustituto para Dios y, por más que él quisiera, no puede satisfacer las necesidades más profundas de mi corazón. Esta nueva etapa de matrimonio, con todo y lo hermosa que es, ha traído nuevos desafíos al igual que oportunidades.

Aun así, recibo estos años como un regalo, y encuentro contentamiento y gozo en este llamado. Y si Dios, en su sabiduría y providencia, determina que uno o los dos quedemos incapacitados, o que yo quede viuda en algún momento, sé que la fuente de gozo que ha sido Cristo para mí todos estos años permanecerá inmutable y me sostendrá en medio de esas etapas de pérdida y duelo.

Para todo, descanso en la misma verdad que me ha sostenido a lo largo de los años: 
  • La fuente de la felicidad suprema no se encuentra (ni se origina) en ningún estado civil. No se encuentra en ninguna relación humana. El gozo verdadero y duradero no puede encontrarse en nada ni en nadie aparte de Cristo mismo.
  • La felicidad no se encuentra en tener todo lo que creemos que queremos, sino en elegir estar satisfechas con lo que Dios ya nos ha provisto.
  • Quienes insisten en hacer lo que les parece y a su manera, muchas veces terminan en sufrimiento innecesario, mientras que los que esperan en el Señor, si bien no son inmunes a la aflicción, siempre recibirán lo mejor de Él.
  • Dios ha prometido darnos todo lo que necesitamos y transformarnos a la semejanza de su Hijo. Si Él sabe que un esposo (o un esposo transformado) haría posible que una mujer fuera más como Jesús o lo glorifique más, Él proveerá lo que sea necesario, en su tiempo y en sus designios perfectos.


 LA VERDAD
  • Estar casada (o no estarlo) no garantiza la felicidad (Santiago 1:16-17).
  • Ninguna persona puede suplir mis necesidades más profundas. Nada ni nadie puede hacerme feliz en realidad, aparte de Dios (Salmos 62:5; 118: 8-9; Jeremías 17:5-7).
  • Dios ha prometido suplir todas mis necesidades. Si Él se glorifica con que yo me case, entonces me proveerá un esposo (1 Crónicas 29: 11-12; Job 42: 1-2; Proverbios 16:9; 1 Corintios 7:25-38).
  • Los que esperan en el Señor siempre obtienen lo mejor de Él. Los que insisten en buscar sus propios intereses muchas veces terminan decepcionados (Salmos 37:4; 106: 15; Jeremías 17: 5-8).


(Contribuido de “Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres”, de Nancy Demoss Wolgemuth).

viernes, abril 19, 2019

Preguntar es tender puentes

Junto a mi esposita, Ana Ysabel Acosta.
La buena comunicación empieza con una buena conversación. Y en una buena conversación, preguntar y saber preguntar es fundamental. A mi modo de ver, el punto de partida es tener los ojos puestos en el otro, escuchar con atención, saber guardar silencio... saber tender puentes, como un espacio que une, no como una construcción que separa.

Encontré hace un tiempo -no recuerdo dónde- un conjunto de preguntas que nos permiten evaluar con honestidad nuestra habilidad de preguntar para tender puentes, de escuchar.

Tu esposo o esposa, un amigo o amiga (de esos, de verdad) pueden ayudarte a valorar tus habilidades para la conversación a partir de los siguientes criterios/preguntas. ¡Oye a esa persona! Escucha atentamente, y ejercitate en el difícil arte de escuchar y preguntar, preguntar y escuchar.:
¿Eres egocéntrico o te diriges a los demás? ¿Tratas de dominar las conversaciones? ¿Hablas mucho, sobreexplicas o sermoneas a los otros? ¿Te quejas? ¿O arrastras a los demás hacia temas que a ellos claramente les interesa discutir? ¿Eres un oyente comprensivo? ¿Sonríes, te ríes fácilmente, y respondes con franqueza?

¿Dices cosas interesantes? ¿Puedes discutir temas diferentes a tu trabajo o vida familiar? ¿Eventualmente utilizas lenguaje florido? ¿Evitas expresiones triviales?

¿Eres vivaz o torpe? ¿Hablas monótonamente y sin entusiasmo? ¿Coges los chistes rápidamente y con humor, o los ignoras? ¿Eres pasivo y no respondes, o eres activo llevando una conversación?

ç¿Promueves monólogos o diálogos? ¿Formulas preguntas abiertas que hacen hablar a los demás? ¿O tus preguntas son “cerradas” y provocan respuestas monosilábicas? Las preguntas abiertas a menudo empiezan con cómo o qué; sonsacan detalles. Puedes requerir el uso de preguntas cerradas, pero sólo ocasionalmente.

¿Pontificas, o preguntas a los demás que piensan sobre el tema? ¿Eres abierto, franco, directo y amistoso, o hermético, reservado, elíptico y distante?

Si pudieras mejorar un solo aspecto de la manera en que te comunicas: ¿cuál sería?