jueves, septiembre 19, 2019

El Pacto Matrimonial

Del contrato al Pacto Matrimonial

Les comparto lo que escribí en una clase de Diplomado en Consejería en que participé en el IMAFA, impartida esta sesión por la profesora Eva Nieves. Cualquier imprecisión es mi responsabilidad, no de la profesora. Editado, claro está, a partir de mi interés propio.

¿Cómo se elige la pareja? En Psicología suele afirmarse que cada uno elige su pareja con lo que inconscientemente necesita. Es como si eligiéramos para llenar unas necesidades. Hacemos un contrato, tenemos una expectativa de cosas que queremos del otro. Esto es partir desde lo individual.

En nuestro décimo aniversario de bodas. Un regalo precioso
de Dios a mi vida, un arroyo cristalino a las aguas
de este Mar Muerto.
Muchas veces no se trata de la búsqueda de un Pacto, sino de un contrato para satisfacción individual. Uno piensa: “Lo que quiero cuando me case es…” Y tiene en su cabeza una serie de requisitos de lo que espera que él o ella hagan, una “lista”. Son expectativas individuales, procurando que se cumplan en el matrimonio. Cuando esas expectativas no se cumplen, viene la desesperanza: “Me engañé o me engañó”, “me casé con la mujer equivocada”, o “con el hombre equivocado”. Este “contrato matrimonial” dura mientras las expectativas son satisfechas, completa o mínimamente.

En un Pacto, en cambio, cada uno cumple con lo que corresponde, con su compromiso, con carácter de permanente. Partiendo de mí, se orienta al otro.

A veces también el Pacto se rompe, no se cumple, por la dureza del corazón del ser humano.

La diferencia entre un pacto y un contrato: el contrato termina cuando cualquier de la parte lo decida. El pacto tiene carácter de permanencia. Lamentablemente, hoy día el matrimonio tiene carácter de contrato (no es la visión de Dios). Contrato que, en ocasiones, tiene condicionantes preestablecidas, incluso escritas (como, por ejemplo, separación de bienes, derechos a determinadas acciones, etc.).

Atención: Una de las “causales” del divorcio es la incompatibilidad de caracteres. Sin embargo, desde el punto de vista bíblico, el hombre y la mujer son complementarios (no necesariamente compatibles).

Para los que viven bajo este Pacto, las Escrituras son claras: solo en caso de adulterio podría haber divorcio.

Lo que nos enseña Génesis 2:24

La Biblia nos dice, en Génesis 2:24:

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.

Un Pacto matrimonial, a partir de este texto bíblico, implica:
  1. Dejar a papá y mamá, emocional y físicamente. Quienes se casan y siguen viviendo con los padres, tienen dificultades. Quienes se casan y anteponen el ser hijo al ser pareja, tienen dificultades.
  2. La pareja debe darse el primer lugar. Él es el Rey y ella es la Reyna. Se tratan el uno al otro con todo lo mejor que la otra persona espera y con todo lo mejor que puedo dar. Es un pensar no en lo que quiero, sino en lo que mi pareja necesita.
  3.  Implica que no se atan a los hijos, que hay límites con relación a los hijos. Los niños tienen que dormir en su propia cama, aunque sea en la misma habitación. Si tienen más de seis meses, es necesario pasarlo a habitaciones diferentes. Se les enseñan reglas de intimidad, de respeto de espacios. Se establecen fronteras, límites, con los hijos. Eso de que un niño siempre ha de dormirse o duerme en la cama de los padres, no es saludable.
  4. La pareja requiere momentos exclusivos. Espacios con su pareja, no con los hijos. En esa dirección va Deuteronomio 24:5: “Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a la mujer que tomó”. Salir en familia no es salir en pareja.  
  5. Matrimonio implica exclusividad sexual. Si estoy contigo, es solo contigo, y tu compromiso es que tú estés solamente conmigo. Si no hay un compromiso, se rompe el disfrute. Hay muchas complicaciones en una no exclusividad: enfermedades, embarazos no deseados, daños en las finanzas, resentimientos y amarguras en el corazón de quien ha sido víctima de esta falta, dolores emocionales en ambos, heridas que tendrían que ser sanadas… La exclusividad sexual es tanto para el hombre como para la mujer. Es un mito pensar que todos los hombres son infieles. Es un mito pensar que es imposible la fidelidad. Hay parejas que viven la exclusividad. Es posible.
  6. Matrimonio implica un camino de doble vía, un principio de reciprocidad. En un momento yo soy el estímulo y tú la respuesta, y viceversa.
  7. Un matrimonio saludable requiere de una comunicación positiva. El éxito de un matrimonio requiere de una buena comunicación. Facilita la crianza de los hijos, el manejo de las finanzas, el disfrute sexual. Facilita la sanidad interior porque hay la oportunidad de sanar las heridas, de pedir perdón por el daño causado. La comunicación es clave. Quejarse no es comunicarse. Deben evitarse las quejas.  Se comunica de manera positiva cuando expresa directa, clara y de modo asertivo lo que desea o quiere, con la esperanza de que pueda ser resuelto.
  8. La economía doméstica se debe manejar como un único presupuesto, a menos que no haya alguna condición que lo impidan. Formas: lo ideal es una sola cartera.
  9. Tener una misma fe facilita todo lo demás. Finanzas, fidelidad, enseñanza de los hijos. El hombre es el líder espiritual de su hogar y deberá dar cuenta de este rol a Dios. También aquí incluimos el NO al yugo desigual cuando la relación se trata de un noviazgo. Es sano que un matrimonio viva bajo la guía de Dios y el Espíritu Santo.
  10.  Carácter de permanencia. Es para toda la vida. No se trata de un horizonte limitado de tiempo en esta tierra. No se trata de un tiempo condicionado.


El matrimonio cristiano es un Pacto, no un contrato.


martes, septiembre 03, 2019

Liderazgo según la estatura de Jesús


EL LIDER CRISTIANO:
UN SER HUMANO DE ACTITUDES SEGÚN LA ESTATURA DE JESÚS

1 Tim 3, 1-7

Hoy quiero invitarles a revisar sus actitudes ante el liderazgo que les ha tocado y cambiar aquellas actitudes que no nos permiten “ensanchar nuestro territorio” y proclamar con audacia el evangelio a todos

Muchas veces pensamos que tenemos las cualidades necesarias, pero que las circunstancias nos impiden avanzar.

Usted no puede cambiar lo que pasa, pero SI puede elegir cómo va a enfrentar la situación, cómo va a reaccionar.

La actitud es más importante que los hechos, es más importante que su pasado, es más importante que la educación, que el dinero, que las circunstancias, que los fracasos, que el éxito, que lo que piensan, dicen o hacen otras personas.

NOSOTROS SOMOS RESPONSABLES DE NUESTRAS ACTITUDES.

LA ACTITUD DEL LIDER AYUDA A DETERMINAR LAS ACTITUDES DE LOS SEGUIDORES.

El liderazgo es influencia. La gente se contagia de las actitudes como se contagia de la gripe, acercándose.

*¿Qué sentimientos –que apuntan a actitudes- nos presenta 1 Tim 3, 1-7?*

ACTITUDES PRESENTADAS POR TIMOTEO:

FIDELIDAD
IRREPROCHABLE
COHERENCIA
SOBRIEDAD
PRUDENCIA
HOSPITALIDAD
MAESTRO – CAPAZ DE ENSEÑAR.
NO MATERIALISTA
NO EGOISTA
DISCIPLINADO
CAPAZ DE GOBERNAR
RESPETABLE
CRISTIANO MADURO
DECOROSO

Considero fundamental que el líder cristiano sea:

Coherente e irreprochable: Es, a mi modo de ver, la principal característica de un líder cristiano, lo cual equivale a ser *INTEGRO*. Si se pierde la integridad, el grupo (sea una célula, una iglesia, una familia) andará sin rumbo.

Prudente – la cual es hija del discernimiento, de la reflexión, de ponernos en manos de Dios y de asumir que la obra es de Dios, no nuestra.

Capaz de gobernar – Debe ser firme en las decisiones difíciles, con honestidad total, cumpliendo el compromiso que ha hecho.

Compasivo y con sentido del humor, señales de que se trata de un CRISTIANO MADURO, no es un neófito, sino que tiene capacidad de estar cercano y a la vez recurrir desde el corazón a la palabra de Dios.

Muchas otras cualidades han de ser cultivadas como líderes cristianos. Pablo a Timoteo nos indica algunas fundamentales… cultivar es una labor de día tras día, de equivocaciones y rectificaciones. De colocarnos bajo la guía de otros líderes experimentados que nos ayuden en nuestro crecimiento y “con los ojos puestos en Jesús”.

Bendiciones.

martes, agosto 06, 2019

El cementerio está lleno de imprescindibles


El adicto al trabajo
“El cementerio está lleno de gente
que se creyó imprescindible….”.

Cuando tenía 35 años me convertí en una persona “trabajólica”: adicta al trabajo. Mi padre –hombre sabio- me llevó al cementerio y me dijo: “Mira, está lleno de gente que se creyó imprescindible”. Debo confesar que me impactó, pero también debo confesar que no le hice caso por casi dos décadas más.

Te pregunto: ¿Trabajas más de cuarenta horas a la semana? ¿Con frecuencia te sientes cansado y estresado? ¿Dolor de espalda, de cabeza, indigestión, fatiga crónica? ¿Te llevas trabajo a casa con mucha frecuencia, incluyendo fines de semana, vacaciones, días de fiesta? ¿Te sientes culpable cuando te diviertes o relaja? ¿Miras mal a los que no trabajan tanto como tú? ¿No tienes hora para llegar a casa? ¿Te cuesta trabajo decir que NO? ¿En tu tiempo libre preferirías estar trabajando?

La adicción al trabajo es más frecuente de lo que podemos pensar. Un adicto al trabajo está obsesionado. Es una actitud que le perjudica a él y a otros. Es un monstruo que mina la salud, impide dormir, alimenta la codicia. Para muchos, el trabajo es el camino mediante el cual encuentran aprobación, respeto, éxito. Y se convierte en adicción.

Nos lleva a una incapacidad para descansar. Nos impulsa a ignorar nuestras exigencias emocionales y espirituales. Nos convierte –ante la familia- en personas que siempre tenemos prisa, de mal humor, indiferentes. Generalmente es indicador de una baja autoestima.

La verdad es que la vida laboral debe gestionarse en una relación sana con Dios, con la familia, el matrimonio, los amigos. Cuando no se mantiene este equilibrio, el trabajo se convierte en un ídolo, un capataz terrible que nos seca y nos saca la vida.

Como cristiano me permito algunos consejos:
Primero. Vuelve a centrar tu vida en Dios. Busca tiempo diario para la oración, la lectura de la Palabra de Dios, la meditación. Busca la guía de Dios para tus actividades diarias. Pero asume esto como una relación y no como otro trabajo más en tu cotidianidad.

Segundo. Busca equilibrio. Evalúa las actividades de tu agenda cada semana y cuáles de ellas son innecesarias y contribuyen a la adicción al trabajo. Equilibrio es una palabra clave: equilibrio entre el trabajo y las relaciones. “Programa” tiempo para el ocio.

Uso una especie de “latinazgo” para decir que Dios inventó el ocio y el diablo el “negocio” o negación del ocio. No niegues el ocio en tu vida. Es creativo, placentero.

Dedica tiempo a honrar a Dios, a participar en la Iglesia o en sus actividades.

Tercero. Reduce el ritmo. Pon el pie en el freno y retíralo del acelerador. Disminuye el ritmo cada día. Busca el descanso, el espacio para un poquito o un poco de ejercicio, para seguir una dieta equilibrada. Introduce en tu agenda actividades agradables para ti y tu familia.

Recuerda, no te angustie. Cambiar exige tiempo.

Cuarto, busca apoyo. Puede ser de un consejero, en otros casos necesitarás la ayuda de un terapeuta.

La capacidad de trabajar, disfrutar del trabajo, ganar dinero, aportar a otros, disfrutar el salario, compartirlo, es un don de Dios. El trabajo equilibrado, honesto, sincero, honra a Dios. Pidamos a Dios que nos dé la sabiduría suficiente para encontrar el equilibrio que necesitamos y podamos estarnos quietos y saber que EL es Dios.

Término con una expresión de Eclesiastés 5:18:
“He visto que esto es lo mejor que puede hacer uno: comer, beber y disfrutar de su trabajo durante la corta existencia en esta tierra. Dios nos concede una vida breve y eso es todo lo que tenemos”.

Que Dios te bendiga.

(Algunas ideas fueron tomadas de: Clinton y Hawkins – Consejería Bíblica – Manual de Consulta sobre 40 temas críticos).

miércoles, julio 31, 2019

Papá... veinte años de cárcel


SER PADRES: 
“VEINTE AÑOS DE CÁRCEL Y DESPUÉS LIBERTAD CONDICIONAL”

En el centro, mis padres: Apolinar Tejada y Carmen Cruz. Desde la izquierda,
mis hermanos: Ruth, Giovanny, el del bozo soy yo, Ambiorix, José, Yadira.
No presentes: Víctor y Berquis.
Mi padre, Apolinar Tejada Rodríguez, tenía una frase que me sirve para conversar contigo hoy. Él decía: “Cuando te nace un hijo, son veinte años de cárcel y después libertad condicional”.

Tres aspectos distintos se destacan dentro de nuestra función:
·         La decisión de ser padres;
·         El amor de padres, y
·         La función de padres: cuidar, proveer y educar.

Hoy comparto contigo una reflexión en este sentido.

Sobre la decisión de ser padres basta decir que implica el asumir el rol y el sentido de pertenencia. Son “nuestros” hijos. Es un sentido que no dejamos nunca, aunque ellos no nos necesiten, se alejen de nosotros e incluso nuestras relaciones sean un desastre.

Sobre el amor de padres, es el único amor incondicional (Dios es Padre, no lo olviden). Sin reciprocidad ni motivos y, por lo tanto, dura toda la vida.

En cambio, la función de padre que consiste en cuidar, proveer y educar tiene un punto final. Nos “jubilamos” de esta función o rol, pero no de los dos primeros (excepciones las hay, como cuando tenemos un hijo especial).

Tres de mis cuatro hijos han establecido sus propios hogares.

La más pequeña todavía estudia, pero vive fuera del país. Nosotros estamos, pues, a la puerta de la “jubilación” de esta tercera función y, contrario a lo que algunos anuncian, no sentimos “crisis del nido vacío”, sino más bien el “gozo del deber cumplido”.

Puedo decir a mi padre que ya he cumplido los veinte “años de cárcel” y estamos en libertad condicional. Lo hicimos porque adoptamos la decisión de ser padres y lo hicimos porque amamos incondicionalmente a estos muchachos -Carlos, Luis, Juan, Laura-.

En términos de la función de cuidar, proveer y educar, esperamos que esta llegue a su final muy pronto, con la independencia económica de Laura.

Bendiciones, hijos amados. Me es suficiente saber que desde su corazón son capaces de llamarme: PAPÁ.

Que Dios les cuide y proteja, EL también es PADRE y les ama, incluso más que yo.

Que Dios les bendiga.

miércoles, julio 10, 2019

Desde otra óptica / 1 / ¿Un esposo para ser feliz?


Mentiras que las mujeres creen:
 “NECESITO UN ESPOSO PARA SER FELIZ”.

Como sucede con otras mentiras, esta es en realidad una distorsión sutil de la verdad.
La verdad es que el matrimonio es un buen regalo. Es el plan de Dios para la mayoría de las personas y hay (y debe haber) gran gozo y bendición en el matrimonio cuyo centro es Cristo. Pero Satanás tergiversa la verdad acerca del matrimonio insinuando a las mujeres que es la única manera en que pueden alcanzar la felicidad y la realización personal, y que no serán felices sin un esposo que las ame y supla sus necesidades.

Cuando consiguen un esposo, muchas mujeres comienzan a creer variaciones de esta mentira: “necesito tener este o aquel tipo de esposo para ser feliz”, o “mi esposo tiene que hacerme feliz”. Solo después de pasar años de desencantos, Miriam admitió cuán disparada era esa idea:

 Después de diez años juntos, mi esposo y yo nos separamos. Creía que su obligación era hacerme feliz. En realidad nunca lo fue, y las cosas nunca funcionaron. No solo yo estaba en esclavitud, sino él también”.

La verdad es que el objetivo supremo del matrimonio no es hacernos felices, sino glorificar a Dios. Las mujeres que se casan con el único propósito de encontrar la felicidad se alistan para una gran decepción, y pocas veces encuentran lo que buscan. Además, las mujeres que creen que necesitan un esposo para ser felices, con frecuencia terminan en relaciones que Dios nunca planeó darles.

Johana me dijo cómo esa mentira la esclavizó y la arrastró a un desenlace lamentable que jamás imaginó:

 En la universidad tuve un novio que se convirtió en mi prometido y luego en mi esposo. Era un buen hombre, aunque no estaba comprometido con Cristo. Con todo, tenerlo era más importante para mí que esperar en Dios y pedirle que trajera a mi vida a un cristiano firme para casarme. Como resultado, nunca hemos podido crecer juntos en la fe. Después de veintiocho años de matrimonio no teníamos mucho en común. Mis amigos son cristianos, los suyos son incrédulos. Mi prioridad son mis hijos, la suya es el trabajo.

Esta mujer creyó que necesitaba un esposo para ser feliz. Actuó según esa mentira casándose con un hombre incrédulo en abierta contradicción a la enseñanza de la Palabra de Dios. Aunque logró lo que deseaba (casarse con un hombre), terminó con mortandad espiritual en su alma (Salmo 106:15).

La verdadera libertad solo viene cuando se reconoce y se abraza la verdad, ya sea con un esposo o sin él, como lo ilustra la siguiente historia:

 Perdí a mi padre a la edad de catorce años y me casé a los dieciséis. Ahora veo que dejé que mi esposo se convirtiera en mi seguridad y mi razón para vivir. A medida que nuestros hijos crecían y que teníamos problemas en nuestro matrimonio, me sentía esclavizada por la idea de que “nunca podría vivir sin él”. Mi esposo se sentía asfixiado por culpa mía, y empezó a pensar que necesitaba irse para poder respirar.
 Dios se sirvió de algunos amigos para hacerme ver la necesidad que tenía de soltar a mi esposo y asirme de Cristo. Apenas lo hice, fui libre. Mi esposo pudo crecer a lo largo de todo ese proceso y jamás se fue de mi lado. Alabamos a Dios sin cesar por permitirnos celebrar treinta y seis años de matrimonio.

(Y esta otra historia):

 He luchado con la mentira de que sin el matrimonio mi vida carece de valor, y que tal vez hay algo mal en mí porque sigo soltera. Creer esta mentira me robó el gozo de servir a Dios y al prójimo (porque yo solo pensaba en mis propios intereses y metas).
 Pasaron muchos años antes de que yo aprendiera a confiar en la soberanía de Dios, y a entender que tiene un plan para mí. Ahora, mi meta (a los cuarenta años) es dedicar los años que me quedan aprovechando las muchas oportunidades que tengo para servirle y permitirle transformarme a la semejanza de Cristo.
 Esta vida es muy corta. Él me ha ayudado a tener una perspectiva eterna que me permite soportar alegremente las penas y decepciones de este mundo”.

Me encanta la última frase del testimonio anterior. En este mundo caído, nadie, ni casado ni soltero, está exento de “penas y decepciones”. Sencillamente no existe tal cosa como absoluta felicidad en este lado del cielo. Sin embargo, como aprendió esta mujer soltera, podemos “soportar alegremente” las circunstancias que enfrentamos aquí en la tierra, cualesquiera sean, si miramos más allá de esta vida y adquirimos perspectiva eterna.

Entretanto llegamos al cielo, ni nuestro estado civil ni un matrimonio pueden proveernos y tampoco privarnos de felicidad suprema.

He conocido mujeres, tanto solteras como casadas, que viven infelices. También he conocido mujeres tanto solteras como casadas que eran verdaderamente felices, a pesar de que enfrentaban “penas y decepciones”. Habían encontrado una fuente de gozo que no dependía de su estado civil.

Yo misma he vivido en ambos lados del matrimonio. Fui soltera hasta finales de mis cincuenta. Esos años incluyeron períodos de soledad, y de anhelar compañía. Sin embargo, a lo largo de esa etapa prolongada de mi vida, que yo creía permanente,  el Señor en su bondad me permitió experimentar su amistad, su absoluta suficiencia, y me concedió el privilegio de servirle “sin impedimentos” (1 Cor 7:35).   Por la gracia de Dios, recibí esos años como un regalo, y fui be3ndecida con contentamiento y gozo en ese llamado.

Entonces el Señor me sorprendió (por decir lo menos) trayendo a un hombre maravilloso a mi vida. Amo mucho a Robert y estoy profundamente agradecida de ser amada y valorada por este hombre tierno, humilde y piadoso. Pero Robert Wolgemuth no es un sustituto para Dios y, por más que él quisiera, no puede satisfacer las necesidades más profundas de mi corazón. Esta nueva etapa de matrimonio, con todo y lo hermosa que es, ha traído nuevos desafíos al igual que oportunidades.

Aun así, recibo estos años como un regalo, y encuentro contentamiento y gozo en este llamado. Y si Dios, en su sabiduría y providencia, determina que uno o los dos quedemos incapacitados, o que yo quede viuda en algún momento, sé que la fuente de gozo que ha sido Cristo para mí todos estos años permanecerá inmutable y me sostendrá en medio de esas etapas de pérdida y duelo.

Para todo, descanso en la misma verdad que me ha sostenido a lo largo de los años: 
  • La fuente de la felicidad suprema no se encuentra (ni se origina) en ningún estado civil. No se encuentra en ninguna relación humana. El gozo verdadero y duradero no puede encontrarse en nada ni en nadie aparte de Cristo mismo.
  • La felicidad no se encuentra en tener todo lo que creemos que queremos, sino en elegir estar satisfechas con lo que Dios ya nos ha provisto.
  • Quienes insisten en hacer lo que les parece y a su manera, muchas veces terminan en sufrimiento innecesario, mientras que los que esperan en el Señor, si bien no son inmunes a la aflicción, siempre recibirán lo mejor de Él.
  • Dios ha prometido darnos todo lo que necesitamos y transformarnos a la semejanza de su Hijo. Si Él sabe que un esposo (o un esposo transformado) haría posible que una mujer fuera más como Jesús o lo glorifique más, Él proveerá lo que sea necesario, en su tiempo y en sus designios perfectos.


 LA VERDAD
  • Estar casada (o no estarlo) no garantiza la felicidad (Santiago 1:16-17).
  • Ninguna persona puede suplir mis necesidades más profundas. Nada ni nadie puede hacerme feliz en realidad, aparte de Dios (Salmos 62:5; 118: 8-9; Jeremías 17:5-7).
  • Dios ha prometido suplir todas mis necesidades. Si Él se glorifica con que yo me case, entonces me proveerá un esposo (1 Crónicas 29: 11-12; Job 42: 1-2; Proverbios 16:9; 1 Corintios 7:25-38).
  • Los que esperan en el Señor siempre obtienen lo mejor de Él. Los que insisten en buscar sus propios intereses muchas veces terminan decepcionados (Salmos 37:4; 106: 15; Jeremías 17: 5-8).


(Contribuido de “Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres”, de Nancy Demoss Wolgemuth).

viernes, abril 19, 2019

Preguntar es tender puentes

Junto a mi esposita, Ana Ysabel Acosta.
La buena comunicación empieza con una buena conversación. Y en una buena conversación, preguntar y saber preguntar es fundamental. A mi modo de ver, el punto de partida es tener los ojos puestos en el otro, escuchar con atención, saber guardar silencio... saber tender puentes, como un espacio que une, no como una construcción que separa.

Encontré hace un tiempo -no recuerdo dónde- un conjunto de preguntas que nos permiten evaluar con honestidad nuestra habilidad de preguntar para tender puentes, de escuchar.

Tu esposo o esposa, un amigo o amiga (de esos, de verdad) pueden ayudarte a valorar tus habilidades para la conversación a partir de los siguientes criterios/preguntas. ¡Oye a esa persona! Escucha atentamente, y ejercitate en el difícil arte de escuchar y preguntar, preguntar y escuchar.:
¿Eres egocéntrico o te diriges a los demás? ¿Tratas de dominar las conversaciones? ¿Hablas mucho, sobreexplicas o sermoneas a los otros? ¿Te quejas? ¿O arrastras a los demás hacia temas que a ellos claramente les interesa discutir? ¿Eres un oyente comprensivo? ¿Sonríes, te ríes fácilmente, y respondes con franqueza?

¿Dices cosas interesantes? ¿Puedes discutir temas diferentes a tu trabajo o vida familiar? ¿Eventualmente utilizas lenguaje florido? ¿Evitas expresiones triviales?

¿Eres vivaz o torpe? ¿Hablas monótonamente y sin entusiasmo? ¿Coges los chistes rápidamente y con humor, o los ignoras? ¿Eres pasivo y no respondes, o eres activo llevando una conversación?

ç¿Promueves monólogos o diálogos? ¿Formulas preguntas abiertas que hacen hablar a los demás? ¿O tus preguntas son “cerradas” y provocan respuestas monosilábicas? Las preguntas abiertas a menudo empiezan con cómo o qué; sonsacan detalles. Puedes requerir el uso de preguntas cerradas, pero sólo ocasionalmente.

¿Pontificas, o preguntas a los demás que piensan sobre el tema? ¿Eres abierto, franco, directo y amistoso, o hermético, reservado, elíptico y distante?

Si pudieras mejorar un solo aspecto de la manera en que te comunicas: ¿cuál sería?

miércoles, febrero 06, 2019

El Consejero


EL PAPEL DEL CONSEJERO
Como Iglesia estamos llamados a ministrar a los heridos y quebrantados, no a ignorarlos, silenciarlos, decirles que se mejoren y que sigan adelante.
.Como Consejeros esta debe ser la motivación de nuestro corazón:
“…para anunciar buenas nuevas a los pobres… a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos… a consolar a todos los que están en duelo… a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento” (Isaías 61:1-3).
Ni tú ni yo podemos cambiar a las personas. Los consejeros no tenemos la facultad de transformar sus mentes ni de sanar sus corazones heridos. Sin embargo, conocemos a Aquel que tiene el poder de hacerlo, y Dios nos da el privilegio y la responsabilidad de recibir a esas personas en su dolor, llorar con ellas, escucharlas y, finalmente, conducirlas a Jesús, quien conoce en profundidad a cada uno de nosotros y anhela sanarnos.
Como Consejeros estamos llamados a cuidar, consolar, infundir esperanza a las personas, recordando que ”el Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; Él rescata a los de espíritu destrozado” (Salm 34:18).
Jesús dedicó su tiempo y se detuvo con las personas, les prestó atención tanto a ellas como a sus necesidades. Le extendió su amor, sin ninguna duda, en cada oportunidad.
El propósito de Jesús es ir más allá de transformar la situación, de erradicar el dolor del pasado: El quiere transformarlo para bien.
Los consejeros somos simplemente instrumentos en sus manos, nada somos sin EL. Nada podemos hacer, lo hace EL.
Bendiciones.

jueves, enero 31, 2019

Padres, niños y tecnología


Normas para niños y padres en el uso de la tecnología

“Mi principal consejo para aquellos padres con hijos entre 4 y 11 años más o menos es que la disfruten, pues acabará pronto. Deben construir un buen nexo de unión con sus hijos, una relación fuerte, porque cuando llegue la adolescencia esa relación se va a poner a prueba. Así que pasen tiempo con ellos, disfruten de su compañía, conózcanlos bien, y también ellos a ustedes. Construyan una relación fuerte, pues en eso consiste la latencia” (Elizabeth Kilbey, psicóloga).

Elizabeth Kilbey
 Elizabeth Kilbey es la cara más conocida de la serie de televisión británica “La vida secreta de los niños”, en donde analiza el comportamiento de los pequeños que participan en el programa. Es investigadora del campo de la psicología clínica y está especializada en 'la edad de latencia’, que define como “el período que va de los 4 a los 11 años más o menos y que es una de las etapas más importantes, aunque más descuidadas, del desarrollo del niño”. Ha recibido en su consulta una preocupación recurrente: el uso incontrolado de nuevas tecnologías por parte de los niños. “Las pantallas están cambiando la forma en la que los niños juegan, el modo en el que socializan y las actividades que ocupan su tiempo” asegura la psicóloga.

Aquí les comparto algunas ideas expuesta por Kilbey y que pueden orientarnos en torno al tema del uso de la tecnología por parte de nuestros niños y niñas.


¿Qué podemos aprender los adultos de los niños?
Para Kilbey, podemos aprender “a ser más abiertos, a ser más compasivos y a vivir más el momento, el ahora”. Expresa que los adultos pensamos demasiado”, mientras que los niños se limitan a actuar, vivir, y son muy auténticos.
Explica que, sin embargo, la “latencia” (etpa que va de los 4 a los 11 años) es muy poco estudiada. Se estudia a los recién nacidos “porque nos parecen complicados”, y a los adolescentes “también son bastante complicados”.
La “latencia” es -nos dice- “como un jardín en invierno. Parece que está tranquilo y que no pasa nada, pero bajo tierra se está trabajando mucho. Se preparan los cimientos para lo que llegará más adelante: la adolescencia y la edad adulta. Es una etapa de desarrollo importantísima”.
No le damos -sin embargo- mucha importancia porque los niños en esta edad tienen capacidad motora, son bastante obedientes, “se les maneja mejo. Es más, resulta agradable estar con ellos… Por eso es fácil que nos relajemos y les demos vía libre, pero en su cabeza están pasando muchas cosas”.

Padres sometidos a presión
Para Kilbey, los padres se llenan de expectativas. Dan importancia a la educación, al éxito y los logros, “a qué te dedicarás y qué conseguirás en la vida”. Pero la perspectiva de los niños, explica, es distinta. Esas cosas les dan igual, están en otras cosas. “Están aprendiendo habilidades sociales, emocionales, de amistad. Eso es lo que hacen a esa edad. Y los adultos deberíamos dejar de presionarles y dejar que se desarrollen. Claro que se desarrollarán, sin duda. Nosotros simplemente debemos apoyarlos”, señala la experta.

Los padres, por lo tanto, estamos llamados a no preocuparnos tanto por esas expectativas, sino a disfrutar a nuestros hijos, a pasar tiempo con ellos, hablar, escuchar sus ideas, a veces desmesuradas a causa de su imaginación extraordinaria. “Es una etapa de sueños, sin responsabilidades. Así que pasa tiempo con ellos, imaginad a lo grande juntos y ayudadles a entender sus emociones, sus sentimientos, porque eso es lo que necesitan en ese momento. Porque cuando sean adolescentes, las emociones se les descontrolan”, sentencia Kilbey.

En mi caso (Milton T), otro elemento sobre el que llama la atención -y que practico desde hace años con mi esposa- es dedicarnos tiempo a nosotros mismos, como pareja, como personas. Al hablar de las vacaciones, expresa que “Puedes pasar tiempo en familia, pero también dedicarte tiempo para descansar y recargar energía. Si no lo haces, volverás a casa igual que te has ido. Tienes que recargar las pilas, porque no hay trabajo más duro que ser padre”.

Una advertencia es clara: si los padres no se cuidan, nadie lo hará por ellos. “Tu hijo necesita que estés lo mejor posible; y si no te cuidas, no lo estarás”, afirma.

Niños, padres y pantallas
Las familias se quejan de que no consiguen quitar los videojuegos a sus hijos. “Se pillan berrinches, discuten y se acuestan tarde, por la mañana van directos a la tablet nada más despertarse, no hacen los deberes… Al introducirse en los hogares, la tecnología ha creado conflictos entre padres e hijos. Los padres me preguntan constantemente qué pueden hacer para que sus hijos dejen los móviles y los escuchen y presten atención. Estos temas son mi día a día”, expresa.

Al hablar de los problemas de las tecnologías en el presente, Kilbey reconoce que la generación actual de niños está creciendo con las tecnologías de una manera que nosotros no conocimos, no sabemos cuál será su efecto. Las estadísticas apuntan a una vida sedentaria, lo cual repercute en el sueño, en el nivel de actividad física, en el nivel de obesidad, en la capacidad de concentración…Para esta psicóloga la tecnología no es algo malo,  pero debe ocupar su lugar durante estos años.

Para Kilbey la tecnología no debe estar presente durante toda la infancia. Es decir, cada cosa a su debido momento. Considera que hay otras capacidades que deben desarrollarse. Es común escuchar a un niño decir: “Me estoy aburriendo” o “estoy aburrido”. Necesitan estímulos constantemente. Respuesta: Sal, juega, abúrrete, sé creativo.

Usa una comparación con el consumo de dulces. Y afirma que “la tecnología es como el azúcar: está bien, pero sin pasarse. Por tanto, necesitamos acordar un plan entre todos y ponerlo en papel. A los niños entre 4 y 11 años les ayuda mucho que todo vaya por escrito. Pídeles que hagan una tabla y que la coloreen; les encantan esas cosas. Que todo el mundo conozca las reglas y las cumpla. Están acostumbrados a pillarse berrinches y que mamá o papá les devuelva la tablet o el móvil para que se les pase, así que piensan: “Si me cojo una rabieta, tú me lo devuelves”. Así que si se lo quitas, se portan aún peor. Al principio, la situación empeora antes de mejorar y a los padres les cuesta, pero deben decir: “No, hay unas normas que acordamos entre todos. Mantente firme. Puedes aguantarlo”. Y esto es importantísimo, pues los padres sienten que han perdido el control y una vez llegados ahí, ya todo es posible”.
Kilbey reconoce que hay tecnologías, en el área educativa, que son formidables, pero en realidad la mayoría de los niños usan las tecnologías para jugar a videojuegos, redes sociales, juegos digitales… Y eso no es tan beneficioso.

Sin embargo, no es una extremista. Afirma que usar tecnologías con moderación “está bien”.

 Romina Peñate, la entrevistadora, hace una pregunta a la que todos quisiéramos la respuesta:

“¿Cuándo es el momento adecuado para darles un móvil? ¿Cuándo es el momento correcto para dejarles acceder a las redes sociales?”.

“Es una pregunta muy complicada”, responde Kilbey. Señala que “la adolescencia es una etapa de mucha socialización en la que tu familia no importa tanto y te rodeas de gente de tu edad. Sé que las redes sociales son importantes en la adolescencia, pero para los jóvenes en esta etapa de latencia, su vida social es la familia”.

Considera que “los niños entre 4 y 11 años no necesitan las redes sociales. Los adolescentes quizás sí. Así que debemos averiguar cuándo nuestro hijo pasa a esa etapa de desarrollo social, de la adolescencia. Y ahí sí, a lo mejor le podemos dar un móvil para que siga el mismo ritmo de sus compañeros, que sí usarán las redes. En esta etapa de latencia no me parece necesario”.

En el fondo, Kilbey no niega la posibilidad de redes sociales para niños de 4 a 11 años, pero su énfasis es en la prioridad para esa etapa: seguridad emocional, relación con la familia y el entorno…

Al abordar algunos consejos para los padres, señala:

  1. A los padres con hijos entre 4 y 11 años más o menos les recomiendo que se resistan. Manténganse firmes. En la adolescencia, la historia cambia, pues usarán las redes sociales.
  2. En la adolescencia es diferente, pues tendrán redes sociales. Necesitan aprender y cometer errores, y también entender que podemos ayudarlos. Los padres deben tener claro que ellos son quienes tienen el control. Aunque el móvil sea de tu hijo e incluso si lo compró con dinero de su cumpleaños o de Navidad, tú sigues estando al mando por ser el adulto. Y asegúrate de que ellos lo sepan. Y establece normas. Por ejemplo, si pueden usarlo antes de ir al colegio, o cuando vuelvan, durante cuánto tiempo, o si pueden usarlo en su habitación. Deja claro también si pueden usarlo por la noche. Tener el móvil al lado de la cama es muy tentador. Mejor que lo dejen fuera.
  3. Establezcan un plan, pide a tus hijos que hagan una tabla, la decoren y la cuelguen en un lugar visible para que todos conozcamos las reglas que hay que cumplir. Y no olvidemos que los padres también tenemos que cumplirlas. Si no permitimos móviles en la mesa, el nuestro tampoco. Si no se responde al teléfono cuando estamos hablando, yo hago lo mismo. Debemos ser ejemplo de lo que les pedimos. Las normas también se nos aplican a nosotros.
  4. Si quieres que usen menos tecnología, haz tú lo mismo y ponte límites al usarla.
  5. Los padres estamos tan ocupados que no jugamos con los hijos. Mi trabajo me ha hecho ver que cuanto más mayores somos, menos jugamos. A algunos padres les cuesta mucho jugar. Les cuesta ser creativos y tener imaginación. Los juegos de niños son muy repetitivos y aburridos, reconozco que cuestan. Pero dediquemos diez o quince minutos cada día a jugar con nuestros hijos y dejémosle que mande él, a lo que sea: a los animales, al pillapilla, a subirse por algo, en el jardín, sacamos algunas cacerolas y las rellenamos de agua, o jugamos con arroz, a cualquier cosa.
  6. Dos conceptos claves a enseñar:  consecuencias y responsabilidades. Todo tiene consecuencias, ya sea positivas o negativas. Y por otro lado, la responsabilidad. Debemos enseñar a los niños que tienen que responsabilizarse de sus actos. Por eso es importante poner normas, me encantan las normas.
  7. Enseñarles que la privacidad no es igual en Internet. Si compartes una foto con alguien, puede acabar en cualquier lugar. Y hay que enseñarles que todo es permanente. Si no te atreves a decir algo a la cara, tampoco lo hagas en Internet, pues no lo podrás borrar. Y también hay que enseñarles que la gente quizás no sea como aparenta ser, pues en Internet uno puede ser como quiera, lo cual es estupendo para ser creativo, pero te impide conocer bien a la otra persona.
  8. Enseñarles que una relación en la vida real es distinta a una virtual; no conoces igual a la persona. Las relaciones virtuales pueden llegar a ser muy intensas e íntimas muy fácilmente porque el medio lo permite. Debes enseñarles todo esto. En definitiva, se trata de que entiendan el mundo digital, poner límites, decirles que vayan con calma, sin prisa; que sean curiosos y cuestionen todo a fondo para estar seguros de lo que hacen; y que cuenten a los padres con quién hablan en Internet, quiénes son sus amigos. Ocultar cosas a los adultos no sirve de nada; hay que contar todo. Y si a tus padres les preocupa algo, te conviene escucharlos.
  9. Una de las cosas más importantes como padre es ser consistente. Si cambias, el niño no sabrá cómo vas a reaccionar y eso alterará  mucho su comportamiento. Así que ante todo sé consistente. Si dices que no, di siempre que no, respeta tus normas. Me decanto más por el lado del orden, las normas y los límites, pero eso no te impide hacerlo desde la amabilidad y el cariño.

 “Mi principal consejo para aquellos padres con hijos entre 4 y 11 años más o menos es que la disfruten, pues acabará pronto. Deben construir un buen nexo de unión con sus hijos, una relación fuerte, porque cuando llegue la adolescencia esa relación se va a poner a prueba. Así que pasen tiempo con ellos, disfruten de su compañía, conózcanlos bien, y también ellos a ustedes. Construyan una relación fuerte, pues en eso consiste la latencia”, expresa.

jueves, enero 24, 2019

Padres, función con fecha de caducidad


ConsejeroMT:
SER PADRES:
”VEINTE AÑOS DE CÁRCEL Y DESPUÉS LIBERTAD CONDICIONAL”

Mi padre, Apolinar Tejada Rodríguez, tenía una frase que sirve de título a esta nota. Decía: “Cuando te nace un hijo, son veinte años de cárcel y después libertad condicional”.
Quiero compartir contigo una reflexión de mi lectura de esta semana: la función de ser padre tiene fecha de vencimiento (no sé si serán veinte años, como decía papá, o serán más, pero tiene fecha de vencimiento).
Bucay et al (mi lectura de esta semana: El Difícil Vínculo entre Padres e Hijos) indica que ser padres tiene tres aspectos distintos:
  • La decisión de ser padres;
  • El amor de padres, y
  • La función de padres.
Sobre la decisión de ser padres basta decir que implica el asumir el rol y el sentido de pertenencia. No dejamos nunca, en este sentido, de ser padres, aunque nuestros hijos no nos necesiten.
Sobre el amor de padres, es el único amor incondicional (Dios es Padre, no lo olviden). Sin reciprocidad ni motivos y, por lo tanto, dura toda la vida.
En cambio, la función de padre que consiste en cuidar, proveer y educar tiene un punto final. Un momento en el que (afortunadamente dice Bucay) se termina. Nos “jubilamos” de este rol o trabajo (no así de los dos primeros).
Tres de mis cuatro hijos han establecido sus propios hogares. La más pequeña todavía estudia, pero vive fuera del país. Nosotros estamos, pues, a la puerta de la “jubilación” de esta tercera función y, contrario a lo que algunos anuncian, no sentimos “crisis del nido vacío”, sino más bien el “gozo del deber cumplido”.
Estamos casi, papá, cumpliendo nuestros veinte años de cárcel. Lo hicimos porque adoptamos la decisión de ser padres y lo hicimos porque amamos incondicionalmente a estos muchachos -Carlos, Luis, Juan, Laura.
En términos de la función de cuidar, proveer y educar…. Esta llegará a su final.
Bendiciones, hijos amados.                                                     
Que Dios les cuide y proteja, EL también es PADRE.