miércoles, julio 10, 2019

Desde otra óptica / 1 / ¿Un esposo para ser feliz?


Mentiras que las mujeres creen:
 “NECESITO UN ESPOSO PARA SER FELIZ”.

Como sucede con otras mentiras, esta es en realidad una distorsión sutil de la verdad.
La verdad es que el matrimonio es un buen regalo. Es el plan de Dios para la mayoría de las personas y hay (y debe haber) gran gozo y bendición en el matrimonio cuyo centro es Cristo. Pero Satanás tergiversa la verdad acerca del matrimonio insinuando a las mujeres que es la única manera en que pueden alcanzar la felicidad y la realización personal, y que no serán felices sin un esposo que las ame y supla sus necesidades.

Cuando consiguen un esposo, muchas mujeres comienzan a creer variaciones de esta mentira: “necesito tener este o aquel tipo de esposo para ser feliz”, o “mi esposo tiene que hacerme feliz”. Solo después de pasar años de desencantos, Miriam admitió cuán disparada era esa idea:

 Después de diez años juntos, mi esposo y yo nos separamos. Creía que su obligación era hacerme feliz. En realidad nunca lo fue, y las cosas nunca funcionaron. No solo yo estaba en esclavitud, sino él también”.

La verdad es que el objetivo supremo del matrimonio no es hacernos felices, sino glorificar a Dios. Las mujeres que se casan con el único propósito de encontrar la felicidad se alistan para una gran decepción, y pocas veces encuentran lo que buscan. Además, las mujeres que creen que necesitan un esposo para ser felices, con frecuencia terminan en relaciones que Dios nunca planeó darles.

Johana me dijo cómo esa mentira la esclavizó y la arrastró a un desenlace lamentable que jamás imaginó:

 En la universidad tuve un novio que se convirtió en mi prometido y luego en mi esposo. Era un buen hombre, aunque no estaba comprometido con Cristo. Con todo, tenerlo era más importante para mí que esperar en Dios y pedirle que trajera a mi vida a un cristiano firme para casarme. Como resultado, nunca hemos podido crecer juntos en la fe. Después de veintiocho años de matrimonio no teníamos mucho en común. Mis amigos son cristianos, los suyos son incrédulos. Mi prioridad son mis hijos, la suya es el trabajo.

Esta mujer creyó que necesitaba un esposo para ser feliz. Actuó según esa mentira casándose con un hombre incrédulo en abierta contradicción a la enseñanza de la Palabra de Dios. Aunque logró lo que deseaba (casarse con un hombre), terminó con mortandad espiritual en su alma (Salmo 106:15).

La verdadera libertad solo viene cuando se reconoce y se abraza la verdad, ya sea con un esposo o sin él, como lo ilustra la siguiente historia:

 Perdí a mi padre a la edad de catorce años y me casé a los dieciséis. Ahora veo que dejé que mi esposo se convirtiera en mi seguridad y mi razón para vivir. A medida que nuestros hijos crecían y que teníamos problemas en nuestro matrimonio, me sentía esclavizada por la idea de que “nunca podría vivir sin él”. Mi esposo se sentía asfixiado por culpa mía, y empezó a pensar que necesitaba irse para poder respirar.
 Dios se sirvió de algunos amigos para hacerme ver la necesidad que tenía de soltar a mi esposo y asirme de Cristo. Apenas lo hice, fui libre. Mi esposo pudo crecer a lo largo de todo ese proceso y jamás se fue de mi lado. Alabamos a Dios sin cesar por permitirnos celebrar treinta y seis años de matrimonio.

(Y esta otra historia):

 He luchado con la mentira de que sin el matrimonio mi vida carece de valor, y que tal vez hay algo mal en mí porque sigo soltera. Creer esta mentira me robó el gozo de servir a Dios y al prójimo (porque yo solo pensaba en mis propios intereses y metas).
 Pasaron muchos años antes de que yo aprendiera a confiar en la soberanía de Dios, y a entender que tiene un plan para mí. Ahora, mi meta (a los cuarenta años) es dedicar los años que me quedan aprovechando las muchas oportunidades que tengo para servirle y permitirle transformarme a la semejanza de Cristo.
 Esta vida es muy corta. Él me ha ayudado a tener una perspectiva eterna que me permite soportar alegremente las penas y decepciones de este mundo”.

Me encanta la última frase del testimonio anterior. En este mundo caído, nadie, ni casado ni soltero, está exento de “penas y decepciones”. Sencillamente no existe tal cosa como absoluta felicidad en este lado del cielo. Sin embargo, como aprendió esta mujer soltera, podemos “soportar alegremente” las circunstancias que enfrentamos aquí en la tierra, cualesquiera sean, si miramos más allá de esta vida y adquirimos perspectiva eterna.

Entretanto llegamos al cielo, ni nuestro estado civil ni un matrimonio pueden proveernos y tampoco privarnos de felicidad suprema.

He conocido mujeres, tanto solteras como casadas, que viven infelices. También he conocido mujeres tanto solteras como casadas que eran verdaderamente felices, a pesar de que enfrentaban “penas y decepciones”. Habían encontrado una fuente de gozo que no dependía de su estado civil.

Yo misma he vivido en ambos lados del matrimonio. Fui soltera hasta finales de mis cincuenta. Esos años incluyeron períodos de soledad, y de anhelar compañía. Sin embargo, a lo largo de esa etapa prolongada de mi vida, que yo creía permanente,  el Señor en su bondad me permitió experimentar su amistad, su absoluta suficiencia, y me concedió el privilegio de servirle “sin impedimentos” (1 Cor 7:35).   Por la gracia de Dios, recibí esos años como un regalo, y fui be3ndecida con contentamiento y gozo en ese llamado.

Entonces el Señor me sorprendió (por decir lo menos) trayendo a un hombre maravilloso a mi vida. Amo mucho a Robert y estoy profundamente agradecida de ser amada y valorada por este hombre tierno, humilde y piadoso. Pero Robert Wolgemuth no es un sustituto para Dios y, por más que él quisiera, no puede satisfacer las necesidades más profundas de mi corazón. Esta nueva etapa de matrimonio, con todo y lo hermosa que es, ha traído nuevos desafíos al igual que oportunidades.

Aun así, recibo estos años como un regalo, y encuentro contentamiento y gozo en este llamado. Y si Dios, en su sabiduría y providencia, determina que uno o los dos quedemos incapacitados, o que yo quede viuda en algún momento, sé que la fuente de gozo que ha sido Cristo para mí todos estos años permanecerá inmutable y me sostendrá en medio de esas etapas de pérdida y duelo.

Para todo, descanso en la misma verdad que me ha sostenido a lo largo de los años: 
  • La fuente de la felicidad suprema no se encuentra (ni se origina) en ningún estado civil. No se encuentra en ninguna relación humana. El gozo verdadero y duradero no puede encontrarse en nada ni en nadie aparte de Cristo mismo.
  • La felicidad no se encuentra en tener todo lo que creemos que queremos, sino en elegir estar satisfechas con lo que Dios ya nos ha provisto.
  • Quienes insisten en hacer lo que les parece y a su manera, muchas veces terminan en sufrimiento innecesario, mientras que los que esperan en el Señor, si bien no son inmunes a la aflicción, siempre recibirán lo mejor de Él.
  • Dios ha prometido darnos todo lo que necesitamos y transformarnos a la semejanza de su Hijo. Si Él sabe que un esposo (o un esposo transformado) haría posible que una mujer fuera más como Jesús o lo glorifique más, Él proveerá lo que sea necesario, en su tiempo y en sus designios perfectos.


 LA VERDAD
  • Estar casada (o no estarlo) no garantiza la felicidad (Santiago 1:16-17).
  • Ninguna persona puede suplir mis necesidades más profundas. Nada ni nadie puede hacerme feliz en realidad, aparte de Dios (Salmos 62:5; 118: 8-9; Jeremías 17:5-7).
  • Dios ha prometido suplir todas mis necesidades. Si Él se glorifica con que yo me case, entonces me proveerá un esposo (1 Crónicas 29: 11-12; Job 42: 1-2; Proverbios 16:9; 1 Corintios 7:25-38).
  • Los que esperan en el Señor siempre obtienen lo mejor de Él. Los que insisten en buscar sus propios intereses muchas veces terminan decepcionados (Salmos 37:4; 106: 15; Jeremías 17: 5-8).


(Contribuido de “Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres”, de Nancy Demoss Wolgemuth).

viernes, abril 19, 2019

Preguntar es tender puentes

Junto a mi esposita, Ana Ysabel Acosta.
La buena comunicación empieza con una buena conversación. Y en una buena conversación, preguntar y saber preguntar es fundamental. A mi modo de ver, el punto de partida es tener los ojos puestos en el otro, escuchar con atención, saber guardar silencio... saber tender puentes, como un espacio que une, no como una construcción que separa.

Encontré hace un tiempo -no recuerdo dónde- un conjunto de preguntas que nos permiten evaluar con honestidad nuestra habilidad de preguntar para tender puentes, de escuchar.

Tu esposo o esposa, un amigo o amiga (de esos, de verdad) pueden ayudarte a valorar tus habilidades para la conversación a partir de los siguientes criterios/preguntas. ¡Oye a esa persona! Escucha atentamente, y ejercitate en el difícil arte de escuchar y preguntar, preguntar y escuchar.:
¿Eres egocéntrico o te diriges a los demás? ¿Tratas de dominar las conversaciones? ¿Hablas mucho, sobreexplicas o sermoneas a los otros? ¿Te quejas? ¿O arrastras a los demás hacia temas que a ellos claramente les interesa discutir? ¿Eres un oyente comprensivo? ¿Sonríes, te ríes fácilmente, y respondes con franqueza?

¿Dices cosas interesantes? ¿Puedes discutir temas diferentes a tu trabajo o vida familiar? ¿Eventualmente utilizas lenguaje florido? ¿Evitas expresiones triviales?

¿Eres vivaz o torpe? ¿Hablas monótonamente y sin entusiasmo? ¿Coges los chistes rápidamente y con humor, o los ignoras? ¿Eres pasivo y no respondes, o eres activo llevando una conversación?

ç¿Promueves monólogos o diálogos? ¿Formulas preguntas abiertas que hacen hablar a los demás? ¿O tus preguntas son “cerradas” y provocan respuestas monosilábicas? Las preguntas abiertas a menudo empiezan con cómo o qué; sonsacan detalles. Puedes requerir el uso de preguntas cerradas, pero sólo ocasionalmente.

¿Pontificas, o preguntas a los demás que piensan sobre el tema? ¿Eres abierto, franco, directo y amistoso, o hermético, reservado, elíptico y distante?

Si pudieras mejorar un solo aspecto de la manera en que te comunicas: ¿cuál sería?

miércoles, febrero 06, 2019

El Consejero


EL PAPEL DEL CONSEJERO
Como Iglesia estamos llamados a ministrar a los heridos y quebrantados, no a ignorarlos, silenciarlos, decirles que se mejoren y que sigan adelante.
.Como Consejeros esta debe ser la motivación de nuestro corazón:
“…para anunciar buenas nuevas a los pobres… a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos… a consolar a todos los que están en duelo… a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento” (Isaías 61:1-3).
Ni tú ni yo podemos cambiar a las personas. Los consejeros no tenemos la facultad de transformar sus mentes ni de sanar sus corazones heridos. Sin embargo, conocemos a Aquel que tiene el poder de hacerlo, y Dios nos da el privilegio y la responsabilidad de recibir a esas personas en su dolor, llorar con ellas, escucharlas y, finalmente, conducirlas a Jesús, quien conoce en profundidad a cada uno de nosotros y anhela sanarnos.
Como Consejeros estamos llamados a cuidar, consolar, infundir esperanza a las personas, recordando que ”el Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; Él rescata a los de espíritu destrozado” (Salm 34:18).
Jesús dedicó su tiempo y se detuvo con las personas, les prestó atención tanto a ellas como a sus necesidades. Le extendió su amor, sin ninguna duda, en cada oportunidad.
El propósito de Jesús es ir más allá de transformar la situación, de erradicar el dolor del pasado: El quiere transformarlo para bien.
Los consejeros somos simplemente instrumentos en sus manos, nada somos sin EL. Nada podemos hacer, lo hace EL.
Bendiciones.

jueves, enero 31, 2019

Padres, niños y tecnología


Normas para niños y padres en el uso de la tecnología

“Mi principal consejo para aquellos padres con hijos entre 4 y 11 años más o menos es que la disfruten, pues acabará pronto. Deben construir un buen nexo de unión con sus hijos, una relación fuerte, porque cuando llegue la adolescencia esa relación se va a poner a prueba. Así que pasen tiempo con ellos, disfruten de su compañía, conózcanlos bien, y también ellos a ustedes. Construyan una relación fuerte, pues en eso consiste la latencia” (Elizabeth Kilbey, psicóloga).

Elizabeth Kilbey
 Elizabeth Kilbey es la cara más conocida de la serie de televisión británica “La vida secreta de los niños”, en donde analiza el comportamiento de los pequeños que participan en el programa. Es investigadora del campo de la psicología clínica y está especializada en 'la edad de latencia’, que define como “el período que va de los 4 a los 11 años más o menos y que es una de las etapas más importantes, aunque más descuidadas, del desarrollo del niño”. Ha recibido en su consulta una preocupación recurrente: el uso incontrolado de nuevas tecnologías por parte de los niños. “Las pantallas están cambiando la forma en la que los niños juegan, el modo en el que socializan y las actividades que ocupan su tiempo” asegura la psicóloga.

Aquí les comparto algunas ideas expuesta por Kilbey y que pueden orientarnos en torno al tema del uso de la tecnología por parte de nuestros niños y niñas.


¿Qué podemos aprender los adultos de los niños?
Para Kilbey, podemos aprender “a ser más abiertos, a ser más compasivos y a vivir más el momento, el ahora”. Expresa que los adultos pensamos demasiado”, mientras que los niños se limitan a actuar, vivir, y son muy auténticos.
Explica que, sin embargo, la “latencia” (etpa que va de los 4 a los 11 años) es muy poco estudiada. Se estudia a los recién nacidos “porque nos parecen complicados”, y a los adolescentes “también son bastante complicados”.
La “latencia” es -nos dice- “como un jardín en invierno. Parece que está tranquilo y que no pasa nada, pero bajo tierra se está trabajando mucho. Se preparan los cimientos para lo que llegará más adelante: la adolescencia y la edad adulta. Es una etapa de desarrollo importantísima”.
No le damos -sin embargo- mucha importancia porque los niños en esta edad tienen capacidad motora, son bastante obedientes, “se les maneja mejo. Es más, resulta agradable estar con ellos… Por eso es fácil que nos relajemos y les demos vía libre, pero en su cabeza están pasando muchas cosas”.

Padres sometidos a presión
Para Kilbey, los padres se llenan de expectativas. Dan importancia a la educación, al éxito y los logros, “a qué te dedicarás y qué conseguirás en la vida”. Pero la perspectiva de los niños, explica, es distinta. Esas cosas les dan igual, están en otras cosas. “Están aprendiendo habilidades sociales, emocionales, de amistad. Eso es lo que hacen a esa edad. Y los adultos deberíamos dejar de presionarles y dejar que se desarrollen. Claro que se desarrollarán, sin duda. Nosotros simplemente debemos apoyarlos”, señala la experta.

Los padres, por lo tanto, estamos llamados a no preocuparnos tanto por esas expectativas, sino a disfrutar a nuestros hijos, a pasar tiempo con ellos, hablar, escuchar sus ideas, a veces desmesuradas a causa de su imaginación extraordinaria. “Es una etapa de sueños, sin responsabilidades. Así que pasa tiempo con ellos, imaginad a lo grande juntos y ayudadles a entender sus emociones, sus sentimientos, porque eso es lo que necesitan en ese momento. Porque cuando sean adolescentes, las emociones se les descontrolan”, sentencia Kilbey.

En mi caso (Milton T), otro elemento sobre el que llama la atención -y que practico desde hace años con mi esposa- es dedicarnos tiempo a nosotros mismos, como pareja, como personas. Al hablar de las vacaciones, expresa que “Puedes pasar tiempo en familia, pero también dedicarte tiempo para descansar y recargar energía. Si no lo haces, volverás a casa igual que te has ido. Tienes que recargar las pilas, porque no hay trabajo más duro que ser padre”.

Una advertencia es clara: si los padres no se cuidan, nadie lo hará por ellos. “Tu hijo necesita que estés lo mejor posible; y si no te cuidas, no lo estarás”, afirma.

Niños, padres y pantallas
Las familias se quejan de que no consiguen quitar los videojuegos a sus hijos. “Se pillan berrinches, discuten y se acuestan tarde, por la mañana van directos a la tablet nada más despertarse, no hacen los deberes… Al introducirse en los hogares, la tecnología ha creado conflictos entre padres e hijos. Los padres me preguntan constantemente qué pueden hacer para que sus hijos dejen los móviles y los escuchen y presten atención. Estos temas son mi día a día”, expresa.

Al hablar de los problemas de las tecnologías en el presente, Kilbey reconoce que la generación actual de niños está creciendo con las tecnologías de una manera que nosotros no conocimos, no sabemos cuál será su efecto. Las estadísticas apuntan a una vida sedentaria, lo cual repercute en el sueño, en el nivel de actividad física, en el nivel de obesidad, en la capacidad de concentración…Para esta psicóloga la tecnología no es algo malo,  pero debe ocupar su lugar durante estos años.

Para Kilbey la tecnología no debe estar presente durante toda la infancia. Es decir, cada cosa a su debido momento. Considera que hay otras capacidades que deben desarrollarse. Es común escuchar a un niño decir: “Me estoy aburriendo” o “estoy aburrido”. Necesitan estímulos constantemente. Respuesta: Sal, juega, abúrrete, sé creativo.

Usa una comparación con el consumo de dulces. Y afirma que “la tecnología es como el azúcar: está bien, pero sin pasarse. Por tanto, necesitamos acordar un plan entre todos y ponerlo en papel. A los niños entre 4 y 11 años les ayuda mucho que todo vaya por escrito. Pídeles que hagan una tabla y que la coloreen; les encantan esas cosas. Que todo el mundo conozca las reglas y las cumpla. Están acostumbrados a pillarse berrinches y que mamá o papá les devuelva la tablet o el móvil para que se les pase, así que piensan: “Si me cojo una rabieta, tú me lo devuelves”. Así que si se lo quitas, se portan aún peor. Al principio, la situación empeora antes de mejorar y a los padres les cuesta, pero deben decir: “No, hay unas normas que acordamos entre todos. Mantente firme. Puedes aguantarlo”. Y esto es importantísimo, pues los padres sienten que han perdido el control y una vez llegados ahí, ya todo es posible”.
Kilbey reconoce que hay tecnologías, en el área educativa, que son formidables, pero en realidad la mayoría de los niños usan las tecnologías para jugar a videojuegos, redes sociales, juegos digitales… Y eso no es tan beneficioso.

Sin embargo, no es una extremista. Afirma que usar tecnologías con moderación “está bien”.

 Romina Peñate, la entrevistadora, hace una pregunta a la que todos quisiéramos la respuesta:

“¿Cuándo es el momento adecuado para darles un móvil? ¿Cuándo es el momento correcto para dejarles acceder a las redes sociales?”.

“Es una pregunta muy complicada”, responde Kilbey. Señala que “la adolescencia es una etapa de mucha socialización en la que tu familia no importa tanto y te rodeas de gente de tu edad. Sé que las redes sociales son importantes en la adolescencia, pero para los jóvenes en esta etapa de latencia, su vida social es la familia”.

Considera que “los niños entre 4 y 11 años no necesitan las redes sociales. Los adolescentes quizás sí. Así que debemos averiguar cuándo nuestro hijo pasa a esa etapa de desarrollo social, de la adolescencia. Y ahí sí, a lo mejor le podemos dar un móvil para que siga el mismo ritmo de sus compañeros, que sí usarán las redes. En esta etapa de latencia no me parece necesario”.

En el fondo, Kilbey no niega la posibilidad de redes sociales para niños de 4 a 11 años, pero su énfasis es en la prioridad para esa etapa: seguridad emocional, relación con la familia y el entorno…

Al abordar algunos consejos para los padres, señala:

  1. A los padres con hijos entre 4 y 11 años más o menos les recomiendo que se resistan. Manténganse firmes. En la adolescencia, la historia cambia, pues usarán las redes sociales.
  2. En la adolescencia es diferente, pues tendrán redes sociales. Necesitan aprender y cometer errores, y también entender que podemos ayudarlos. Los padres deben tener claro que ellos son quienes tienen el control. Aunque el móvil sea de tu hijo e incluso si lo compró con dinero de su cumpleaños o de Navidad, tú sigues estando al mando por ser el adulto. Y asegúrate de que ellos lo sepan. Y establece normas. Por ejemplo, si pueden usarlo antes de ir al colegio, o cuando vuelvan, durante cuánto tiempo, o si pueden usarlo en su habitación. Deja claro también si pueden usarlo por la noche. Tener el móvil al lado de la cama es muy tentador. Mejor que lo dejen fuera.
  3. Establezcan un plan, pide a tus hijos que hagan una tabla, la decoren y la cuelguen en un lugar visible para que todos conozcamos las reglas que hay que cumplir. Y no olvidemos que los padres también tenemos que cumplirlas. Si no permitimos móviles en la mesa, el nuestro tampoco. Si no se responde al teléfono cuando estamos hablando, yo hago lo mismo. Debemos ser ejemplo de lo que les pedimos. Las normas también se nos aplican a nosotros.
  4. Si quieres que usen menos tecnología, haz tú lo mismo y ponte límites al usarla.
  5. Los padres estamos tan ocupados que no jugamos con los hijos. Mi trabajo me ha hecho ver que cuanto más mayores somos, menos jugamos. A algunos padres les cuesta mucho jugar. Les cuesta ser creativos y tener imaginación. Los juegos de niños son muy repetitivos y aburridos, reconozco que cuestan. Pero dediquemos diez o quince minutos cada día a jugar con nuestros hijos y dejémosle que mande él, a lo que sea: a los animales, al pillapilla, a subirse por algo, en el jardín, sacamos algunas cacerolas y las rellenamos de agua, o jugamos con arroz, a cualquier cosa.
  6. Dos conceptos claves a enseñar:  consecuencias y responsabilidades. Todo tiene consecuencias, ya sea positivas o negativas. Y por otro lado, la responsabilidad. Debemos enseñar a los niños que tienen que responsabilizarse de sus actos. Por eso es importante poner normas, me encantan las normas.
  7. Enseñarles que la privacidad no es igual en Internet. Si compartes una foto con alguien, puede acabar en cualquier lugar. Y hay que enseñarles que todo es permanente. Si no te atreves a decir algo a la cara, tampoco lo hagas en Internet, pues no lo podrás borrar. Y también hay que enseñarles que la gente quizás no sea como aparenta ser, pues en Internet uno puede ser como quiera, lo cual es estupendo para ser creativo, pero te impide conocer bien a la otra persona.
  8. Enseñarles que una relación en la vida real es distinta a una virtual; no conoces igual a la persona. Las relaciones virtuales pueden llegar a ser muy intensas e íntimas muy fácilmente porque el medio lo permite. Debes enseñarles todo esto. En definitiva, se trata de que entiendan el mundo digital, poner límites, decirles que vayan con calma, sin prisa; que sean curiosos y cuestionen todo a fondo para estar seguros de lo que hacen; y que cuenten a los padres con quién hablan en Internet, quiénes son sus amigos. Ocultar cosas a los adultos no sirve de nada; hay que contar todo. Y si a tus padres les preocupa algo, te conviene escucharlos.
  9. Una de las cosas más importantes como padre es ser consistente. Si cambias, el niño no sabrá cómo vas a reaccionar y eso alterará  mucho su comportamiento. Así que ante todo sé consistente. Si dices que no, di siempre que no, respeta tus normas. Me decanto más por el lado del orden, las normas y los límites, pero eso no te impide hacerlo desde la amabilidad y el cariño.

 “Mi principal consejo para aquellos padres con hijos entre 4 y 11 años más o menos es que la disfruten, pues acabará pronto. Deben construir un buen nexo de unión con sus hijos, una relación fuerte, porque cuando llegue la adolescencia esa relación se va a poner a prueba. Así que pasen tiempo con ellos, disfruten de su compañía, conózcanlos bien, y también ellos a ustedes. Construyan una relación fuerte, pues en eso consiste la latencia”, expresa.

jueves, enero 24, 2019

Padres, función con fecha de caducidad


ConsejeroMT:
SER PADRES:
”VEINTE AÑOS DE CÁRCEL Y DESPUÉS LIBERTAD CONDICIONAL”

Mi padre, Apolinar Tejada Rodríguez, tenía una frase que sirve de título a esta nota. Decía: “Cuando te nace un hijo, son veinte años de cárcel y después libertad condicional”.
Quiero compartir contigo una reflexión de mi lectura de esta semana: la función de ser padre tiene fecha de vencimiento (no sé si serán veinte años, como decía papá, o serán más, pero tiene fecha de vencimiento).
Bucay et al (mi lectura de esta semana: El Difícil Vínculo entre Padres e Hijos) indica que ser padres tiene tres aspectos distintos:
  • La decisión de ser padres;
  • El amor de padres, y
  • La función de padres.
Sobre la decisión de ser padres basta decir que implica el asumir el rol y el sentido de pertenencia. No dejamos nunca, en este sentido, de ser padres, aunque nuestros hijos no nos necesiten.
Sobre el amor de padres, es el único amor incondicional (Dios es Padre, no lo olviden). Sin reciprocidad ni motivos y, por lo tanto, dura toda la vida.
En cambio, la función de padre que consiste en cuidar, proveer y educar tiene un punto final. Un momento en el que (afortunadamente dice Bucay) se termina. Nos “jubilamos” de este rol o trabajo (no así de los dos primeros).
Tres de mis cuatro hijos han establecido sus propios hogares. La más pequeña todavía estudia, pero vive fuera del país. Nosotros estamos, pues, a la puerta de la “jubilación” de esta tercera función y, contrario a lo que algunos anuncian, no sentimos “crisis del nido vacío”, sino más bien el “gozo del deber cumplido”.
Estamos casi, papá, cumpliendo nuestros veinte años de cárcel. Lo hicimos porque adoptamos la decisión de ser padres y lo hicimos porque amamos incondicionalmente a estos muchachos -Carlos, Luis, Juan, Laura.
En términos de la función de cuidar, proveer y educar…. Esta llegará a su final.
Bendiciones, hijos amados.                                                     
Que Dios les cuide y proteja, EL también es PADRE.

sábado, septiembre 22, 2018

El abandono y sus huellas


Huellas dolorosas del abandono por los padres
Milton Tejada C.

Estaba sentada frente a mí. Necesitaba llorar y apenas sollozo, porque al parecer un nudo en el alma le impedía llorar plenamente. ¡Se casó a los 15! Unos meses antes de casarse –de unirse a un hombre, dice ella- murió su madre (de cáncer, lo recuerda bien). Un año antes, había muerto su padre. Era la cuarta de siete hermanos y tuvo que hacerse cargo, en cierto sentido, de sus dos hermanos más pequeños. “Los grandes hicieron su vida”. Fue a vivir con un abuelo que la rechazaba, que le decía constantemente que se fuera, que era como su madre.
“Mi papá no nos daba atención. Mi mamá sí era buena. Éramos muy pobres, pero ella nunca permitió que nos pasara nada. Vivimos cerca de papá (así le dice al abuelo) porque así podíamos sobrevivir, pero mi mamá le tenía miedo. Nos escondíamos cuando él llegaba. Ella nos protegía”, dice Ángela (así llamaré a esta mujer, nombre ficticio por supuesto). La figura de seguridad, soporte y apoyo desapareció.
Una palabra define su condición: abandonada. Un abandono, en este caso, involuntario. Ya no hay atención, no hay cuidado por parte de la madre (hay otras condiciones o circunstancias por la cual un niño o niña puede sentirse abandonado como, por ejemplo, el nacimiento de un hermanito o hermanita o padres ausentes del hogar por su excesiva dedicación al trabajo, pero aquí relato el abandono a causa de la muerte de los padres).
Así se siente. Ese es su dolor. Un dolor del pasado que le impide la paz en el presente. Hacerlo consciente, saber que durante muchos años no les perdonó que se fueran, que murieran, que le quitaran el poco de seguridad que le daba su presencia (seguridad emocional, no material) es una condición sine qua non para sanar. El dolor que no se hace consciente no sana y tiende a marcar nuestro presente.
Consecuencias de este abandono involuntario es el que se siente poco amada y se valora poco. Asumió una relación de la cual se ha hecho dependiente “por necesidad”. Transitó por los caminos del alcohol.
Esta historia también nos revela la importancia de la mujer-madre para la continuidad de la estructura familiar en nuestra sociedad. Su muerte es la ruptura de esta estructura o, si se quiere, la reestructuración para la cual casi nunca están preparados los hijos, y mucho menos si estos hijos son niños o niñas. Más grave aún por el hecho de que faltaron los dos padres.
Para Ángela, el matrimonio fue la salida. En cierto modo, buscó al padre que no tuvo. Un hombre 20 años mayor que ella, con el que tuvo varios hijos.

Sin salidas fáciles
Ángela comenzó a sanar el día en que hizo consciente su dolor. En que expresó su rabia por la muerte de su madre, por el maltrato de su abuelo, por la decisión de unirse en pareja no por amor –así lo dice-, sino porque era su salida a sus circunstancias en ese momento. Rabia, dolor, resentimiento, raíces de amargura, brotan, junto a una profunda tristeza.
Para ella, las relaciones afectivas con sus hermanos son inseguras. “Me quieren, pero no me lo demuestran”, asegura. Se aferra a su pareja no porque la valore como tal –aunque es un buen hombre- sino porque no quiere que sus hijos pasen por la pena de ser abandonados por su padre.
El apoyo desde la labor de consejería es cognitivo (como lo sería también en una labor terapéutica más profunda). Ella necesita identificar los elementos de ese abandono (involuntario en este caso) que se han hecho un esquema en su vida actual para poder superarlos. Es una labor, por lo tanto, de concienciación de descubrimiento, de renuncia y superación y de aprender a vivir con sus limitaciones, de aprender a amarse en definitiva.
El contar con una comunidad de fe puede ayudarla. Otras mujeres pueden convertirse en un referente de lo que significa ese amarse a sí misma. El asumir que Dios la ama como un Padre incondicional y que nunca la abandonará, también (“¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!” – Isaías 49:15; “El SEÑOR irá delante de ti; El estará contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te acobardes”. Deuteronomio 31:8).
Hoy ella recorre un camino hacia una mujer más fuerte y segura, consciente de quién es y de su valor. Un camino que puede ser más largo o más corto, pero que indudablemente lleva a la libertad. Y, en definitiva, a reconocerse como Hija de Dios.


sábado, septiembre 08, 2018

Una vueltecita por México / 2

¿Será posible en Santo Domingo?

Escribo esta segunda entrega -breve- mientras espero en el Aeropuerto de Los Cabos (el avión de las 6.00 am me dejó. Un torrencial aguacero nos impidió llegar a tiempo). Y ya no se trata de aviones, sino de bicicletas.

En el año 1996 estuve durante un mes en La Habana, Cuba. Viajé allá buscando la salud de mi padre (en ese momento el procedimiento común que hoy llamamos cateterismo creo que no lo realizaban). Nos ayudó con los contactos mi entonces suegro -que también falleció en Cuba-, Roberto Duvergé Mejía. Mi padre fue atendido en el hospital Hermanos Almejeira. Fue un mes delicioso en el que pude andar la capital cubana casi todo el tiempo a pie, caminando.

Oigan esta cifra: en La Habana existían en ese momento un millón de bicicletas, según me informaron las enfermeras. Y lo creí. Lo extraordinario es que se respetaba al que montaba una bicicleta, tenía espacio, tenía vía. Ustedes dirán: en La Habana es fácil, pues el parque vehicular es mínimo. 

Sí y no. Hay una cultura y eso es importante. Pero extraordinario es que en una urbe como México, Distrito Federal, con un tránsito caótico y cuya población supera la de República Dominicana completa, por lo menos en tres delegaciones, ya el andar en bicicleta es un hecho (aunque debo reconocer que muchos de los ciclistas andan tan locos como los autos, y fácilmente te atropellan).

Luego de concluir la visita al Bosque de Chapultepec regresamos viendo grandes edificios, nuevas construcciones. En La Reforma hay una vía exclusiva para bicicletas. En el área central, hay bicicletas disponibles. El público puede acceder a ellas. 

Al investigar encontré que el primer servicio de este tipo fue Ecobici, un sistema alternativo que inició sus operaciones en la delegación de Cuauhtémoc (tengo que decirles que escribir algunos nombres mexicanos me es difícil, debo verificarlos). Este proyecto fomenta el uso de la bicicleta como medio de transporte con el fin de disminuir el uso del automóvil y de esta manera mejorar la calidad del aire en la ciudad de México. 

El costo anual para el usuario es relativamente módico: MX$300.00 (equivalente a unos US$15.00, es decir, aproximadamente RD$750.00). Al detenernos para verlas pude comprobar que se les da mantenimiento. Tienen un sistema de localización que hace muy difícil -dicen que imposible- su robo.

El proyecto –según indica lo que encontré en la Red- fue ampliado a otras delegaciones en febrero del presente año. Las dos delegaciones son las de Benito Juárez con una empresa que se llama Vbike y la de Miguel Hidalgo con Mobike, con dos mil unidades en cada caso. Bicicletas de nueva generación, ligeras y a prueba de robos.

Para Juan Roberto -que es una nueva generación- esto parece natural. Para mi, es esperanzador.

En el 2002 o 2003 -si mal no recuerdo- vi un proyecto similar en Granada, España (andaba con mi esposita Ysabel, en estudios sobre el manejo de crisis, con mi amiga Adriana del Comte).

Yo me pregunté al finalizar este primer día en el Distrito Federal y ver esta experiencia... ¿será posible en Santo Domingo?






jueves, septiembre 06, 2018

Una vueltecita por México /1

Unos pasitos por el Distrito Federal

No soy un hombre de andaderas internacionales. Caminar, sí. Andar los rincones de mi país, sí. Conocer personas –que son caminos a su modo-, sí. Por eso mi esposita Ysabel no dudo en animarme a venir a México cuando mi hijo Juan Roberto me cursó la invitación, me pagó el pasaje y me pidió compartir unos días con él.

Juan cumple años el 14 de septiembre, esa fue la excusa, porque la realidad es que nos anima el compartir el uno con el otro. En lo particular, me siento muy orgulloso de mis cuatro hijos. Diferencias entre nosotros, muchas. A mi alegra que cada uno haya encontrado su propio camino, que vivan a plenitud, que disfruten, que crezcan en lo emocional y en lo profesional. Otras cosas anhelo para ellos, del corazón, y es poder decir un día: “Yo y mi casa serviremos al Señor”. No me toca, sin embargo, definir ese andar, puesto que la fe no es una costumbre, una tradición, una herencia. También en esto, muchachos, ustedes tienen y tendrán su palabra.

Juan Roberto cumple años un día antes del Grito de Dolores, expresado por el cura Miguel Hidalgo y Costilla y del cual existen múltiples versiones. A mí me basta con: ¡Viva México!). “Los mexicanos salen a las calles y a las plazas públicas cada 15 de septiembre a gritar su independencia. El presidente, el gobernador, el alcalde o cualquier otro político en turno lanza arengas a la multitud y millones siguen la ceremonia en sus casas al calor del pozole y el tequila. El grito de Independencia es causa y efecto de la identidad nacional de México, prácticamente todos los elementos y los símbolos que la construyeron confluyen en la celebración: el verde, el blanco y el rojo salpican la decoración de las casas, en las que suena música mexicana y se come comida mexicana”, así dice el diario El País en un reportaje sobre cómo celebran los mexicanos en esta ocasión[1].

Distrito Federal
Juan Roberto y yo frente al Ángel de la Independencia.
Llegué a México, Distrito Federal, el jueves y me alojé en un hotel cercano al aeropuerto, el hotel Krystal. El viernes en la madrugada Juan Roberto me alcanzó y al mediodía nos fuimos a un hotel céntrico, en el Paseo de la Reforma, el hotel City Xpress Club Ángel de la Independencia, que parece llevar su nombre precisamente porque queda frente al monumento de ese nombre.

En la tarde fuimos caminando al Bosque de Chapultepec. Tiene una entrada majestuosa, llena de arte y símbolos. El cansancio nos hizo tomar un “trencito”, demasiado rápido. Es al dejar el tren que realmente uno disfruta de lo que ofrece este bosque.

A la entrada del bosque de Chapultepec.
Monumento a los Héroes de la Patria
(en construcción).
Es uno de los grandes centros turísticos de la Ciudad de México y también uno de los sitios más visitados de la capital mexicana. Datos obtenidos en la red dan cuenta de que recibe alrededor de 18 millones de personas al año (es decir, 1.5 millones en promedio por mes)

En él disfrute de la vista del Lago Mayor. Me cuentan que en las noches se convierte en cine (debe ser algo espectacular ver una película desde uno de sus botes). También acudí a un centro de la Universidad Autónoma de México, conocido como Casa del Lago Juan José Arreola. Construida en 1908 y propiedad de la UNAM desde 1930. A partir de 1959 (año de mi nacimiento) pasó a ser el primer centro cultural universitario extramuros. No entramos a la Casa, faltaba mucho parque por recorrer y estábamos cansados.

Casa del Lago
Bosque de Chapultepec
Al frente, unos jóvenes ensayaban una obra de teatro. Y en la plazoleta, una escultura de uno de mis poetas preferidos, León Felipe. En una placa una de sus frases más famosas: “Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo porque no es lo que importa llegar solo ni pronto, sino llegar con todos y a tiempo”

Luego de estos pasitos nos encaminamos de nuevo hacia el hotel. Los huesos viejos no dan para mucho. Mañana les sigo contando. Debajo, algunas fotos del recorrido.










Fotos diversas:


En la entrada del Bosque de Chapultepec

Exhibición fotográfica en la entrada del
Bosque de Chapultepec

Juan Roberto y yo, detrás el monumento
a los Héroes de la Patria



Escultura de León Felipe, uno de mis
poetas preferidos.

La Casa del Lago, vista en su parte frontal.

El Lago.























[1] . Día de la Independencia de México: “El grito de independencia es solo un pretexto para irte de fiesta” (16 de Septiembre, 2017). Contribuido de: https://elpais.com/internacional/2017/09/15/mexico/1505471848_605852.html

lunes, agosto 06, 2018

Desde mi cocina / 1


Un “bizcocho” diferente
Casi de cualquier grano o cereal podemos hacer harina. Incluso de algunos víveres como el plátano, la batata, la yuca… Y en mi caso hago una harina que es el resultado de una mezcla de varios ingredientes.

Aquí la receta de la “Harina MT”:
  • 1 medida de chía
  • 1 medida de linaza dorada
  • 1 medida de linaza negra
  • 1 medida de coco rayado
  • 1 medida de granos de cacao, pelados.
  • 2 medidas de avena integral
  • 1 medida de semilla de girasol
  • 2 medidas de harina de trigo integral (preferiblemente orgánica)
  • Una pizca de sal, canela.

 
Mezclas todo y lo lleva al procesador (yo utilizo un procesador de café en grano que es de lo que dispongo).  Luego de molido sigue mezclando, hasta que queda uniforme.
Ahora a preparar el “bizcocho”.

Toma un poco de la “Harina MT” (dos tazas) mezcla con dos huevos, un poco de leche (yo uso sin lactosa, pero puedes utilizar la que mejor te convenga), dos a tres cucharadas de aceite de coco, un puñadito de pasas y haces una pasta.

Colocas la pasta en un molde de “bizcochitos” al horno por 30 minutos.

Y tendrás un saludable resultado que te servirá para esas “meriendas” a media tarde, con muchas fibras saludables. Buen provecho.