sábado, diciembre 24, 2011
Desde mi fe / Leyendo a Efesios (8): Jesús es un "lugar"
viernes, diciembre 23, 2011
Desde mi fe / Leyendo a Efesios (7): Fieles
Pablo no sólo le llama santos. También le llama "fieles". Es adjetivo, pero también sustantivo equivalente a creyentes. Creyentes "en Cristo Jesús". El lugar en donde habita su fe es Cristo. Un autor citado por Pérez Millos hace una diferencia entre "fieles" y "creyentes". "Creyente es aquel que se fía de Dios; fiel es el creyente de quien Dios puede fiarse. Todo ello con ayuda de la gracia divina (1 Cor 15:10b)". Es un tema de todos los cristianos en todos los tiempos. Dejaré para otra entrega el comentario de "estar en Cristo Jesús" y estar "en Efesos".
lunes, diciembre 19, 2011
Desde mi fe / Leyendo a Efesios (6): Santos y fieles
El cristiano ES y ACTUA como santo…
El jueves pasado participamos en el culto de la Iglesia Cristiana y se organizó en torno a “inquietudes”. Fue una ocasión para hacer preguntas que nos inquietan. “¿Sólo se salvarán 144 mil?”, “Acepté a Cristo, pero no estoy casada y siento que estoy en falta… a qué se debe este sentir?”, “¿Por qué la Biblia dice que sin santidad no se entra a la gloria de Dios, qué significa?”…. una pregunta tras otra, pero esta de la santidad implica nuestro tema de hoy.
En el bautismo explicamos a la gente de que al aceptar al Señor es santo y entra en un camino de “santificación”. “Ya eres santo –le decimos- porque has decidido apartarte para el Señor, Él te escogió. Eres hombre nuevo… Eres (ontológico decimos en filosofía), pero también hay un camino, un proceso de santificación, la santidad de que has sido revestido afecta tu actuar (la moral, diríamos en filosofía). Ese camino hoy –en el bautismo- lo presentas a la comunidad, públicamente te comprometes a caminar en el Señor…”.
Retengan estas dos dimensiones: la santidad afecta el ser y afecta el actuar.
La santidad en la Biblia
En las Sagradas Escrituras, en sentido estricto, sólo Dios es santo. Esa condición espiritual, majestuosa y eterna, es exclusiva de Dios:
“Ustedes, por tanto, se santificarán y serán santos, porque yo soy santo…” (Lev 11,44);
“Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: Santos serán, porque santo soy yo Jehová su Dios” (Lev 19,2 y ver Lev 20:26; 21:8. También Is 6:3);
La santidad es, pues, sobrenatural. Significa que excede nuestras posibilidades humanas, que va más allá de lo que podemos hacer o ser. Somos, por naturaleza, lo no-santo.
Sin embargo…
Dios Santo puede santificar al hombre, que es su imagen, haciéndole participar por gracia de la vida divina.
¿Cómo somos santificados por Dios?
En primer lugar, somos santificados por Jesús. El es el santo entre nosotros (Lc 1:35; 4,1). Ante Él somos pecadores (Is 6:3-6 y Lc 5,8). Es por su pasión, su resurrección, su ascensión y el Espíritu Santo que nos santifica (Jn 17:19). Somos santos porque tenemos la unción de Jesús…. Pero fíjense bien en esta palabrita que es objeto de confusión para muchos de nosotros: somos santos…
El cristiano ES santo…
«Lo que nace de la carne es carne, pero lo que nace del Espíritu es espíritu» (Jn 3,6). Al nacer de nuevo eres hecho hombre/mujer nuevos. Los cristianos somos realmente «hombres nuevos», «nuevas criaturas» (Ef 2,15; 2 Cor 5,17), «hombres celestiales» (1 Cor 15,45-46), «nacidos de Dios», «nacidos de lo alto», «nacidos del Espíritu» (Jn 1,13; 3,3-8). Es el nacimiento lo que da la naturaleza. Y nosotros, que nacimos una vez de otros hombres, y de ellos recibimos la naturaleza humana, después en Cristo y en la Iglesia, por el agua y el Espíritu, nacimos una segunda vez del Padre divino, y de él recibimos una participación en la naturaleza divina (1 Pe 1,4).
El hombre el viejo, el terrenal, el que fracasó por el pecado, fue creado así al comienzo del mundo: «Formó Yavé Dios al hombre del polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue el hombre ser animado» (Gén 2,7). Y el hombre nuevo, el celestial, en la plenitud de los tiempos, fue formado así por Jesucristo, el segundo Adán: «Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22).
En síntesis, que “santos” equivale a apartados. Somos aquellos que Dios ha puesto en el mundo para que le glorifiquen entre los hombres. Algunas precisiones:
· Capaces de un buen obrar como testimonio de la Gloria de Dios en su vida;
· No impecables, no perfectos, pero apartados como propiedad de Dios para que proclamemos “las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped 2:9).
· Implica a todo creyente. Somos santos porque estamos en Cristo, que es nuestro lugar de vida espiritual;
· Pertenecemos al pueblo santo de Dios;
· Somos el templo en el que Dios manifiesta su presencia.
El nuevo ser pide un nuevo obrar…
Ahora los cristianos somos santos porque tenemos «la unción del Santo» (1 Jn 2,20; +Lc 3,16; Hch 1,5; 1 Cor 1,2; 6,19). Al comienzo se llamaba «santos» a los cristianos de Jerusalén (Hch 9,13; 1 Cor 16,1), pero pronto fue el nombre de todos los fieles (Rm 16,2; 1 Cor 1,1; 13,12). Se trata ante todo, está claro, de una santificación que afecta al ser; pero es ésta justamente la que hace posible y exige una santificación moral, la que afecta al obrar: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lev 19,3; 1 Pe 1,16; +1 Jn 3,3). El nuevo ser pide un nuevo obrar (actuar según lo que eres). «Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación» (1 Tes 4,3; 2 Cor 7,1; Ap 22,11).
Santos no ejemplares
El Espíritu de Jesús quiere santificar al hombre entero. Nos toca un compromiso: crecer.
Sin embargo, hay ocasiones en que hay importantes carencias -de salud mental, formadores, historias que dañan-. Dios no las quiere, pero Dios las permite. La Gracia de Dios en cada uno de nosotros, aunque seamos obedientes, no necesariamente sana todas nuestras atrofias humanas, consecuencia del pecado. A veces se constituyen en motivos de sufrimiento. En este sentido, se trata de “santos no ejemplares”.
¡Ojo! Hay una diferencia entre el santo no ejemplar y el pecador. Mientras el santo no ejemplar no está satisfecho de su condición, el pecador busca culpar a otros, se justifica, se conforma con su modo de ser (“lo que hago no es malo”, o “no es tan malo”, “la culpa la tienen otros”, “mi naturaleza es así”.
Muchos de nosotros, en algún aspecto de nuestra vida, somos “no ejemplares”, pero somos de los santos del Señor.
martes, diciembre 13, 2011
Desde mi fe / Leyendo a Efesios - Eso de "Apóstol" (5).
El hermano Danilo Gómez nos escribe un comentario con el cual queremos comenzar hoy esta reflexión. Nos dice: “A través de toda mi lectura y estudio de la Biblia, jamás encontré a ninguna persona que la Escritura mencione que haya tenido un "encuentro real con Dios" y luego se haya "apartado" y revelado contra él. Una vez que usted ha experimentado al Señor en su gloría, no puedes darle la espalda, ni olvidarse de su toque Divino. Ya no es un argumento o una doctrina sino una experiencia. Por eso el Apóstol Pablo decía: "Yo sé en quien es creído (2da Timoteo 1:12)”.
¡Qué buena síntesis de la vida en Cristo de la que hablaremos profundamente en este recorrer la carta a los Efesios: ya no es un argumento o una doctrina, sino una experiencia! ¡Gracias, Danilo!
Ahora bien, simplemente creo que nos aclara el orden en que procedemos. Primero la experiencia, y luego los argumentos y doctrinas, sabiendo que la relación con Dios es más grande que la racionalidad humana.
Retorno a un tema del cual conversé con el Pastor Montalvo hace unos meses. ¿Por qué algunos pastores se empeñan en asumir el título de “apóstol”? En mi ignorancia argumenté que eso no era bíblico y que en la Sagrada Escritura, específicamente en el Nuevo Testamento, se le llamaba apóstol a aquellos que tuvieron la experiencia de encontrarse con el Jesús de la historia, vivito y coleando, diría mi abuela.
Más aún: muchos de los que pretenden ser apóstoles hoy en día lo asumen como una jerarquía, como una posición y hasta como un orgullo. Si apóstol es aquel que ha sembrado iglesias, entonces Montalvo es apóstol en ese sentido de la palabra.
¡Alto! No tan aprisa.
La mayor parte de los autores que he consultado no se complica la vida (no se mete en las patas de los caballos diría alguien que conozco). Por ejemplo, para Snodgrass a quien he citado anteriormente, “en la Iglesia Primitiva, el término apóstol tenía varias connotaciones, todas de las cuales se aplicaban con propiedad a Pablo… aludía a alguien que había visto al Cristo resucitado (1 Cor 9:1), a aquellos que habían sido enviados por la iglesia con una comisión misionera o, de un modo más amplio, a cualquiera que funcionara como agente o representante”.
¡Todas podían aplicarse a Pablo!
Pablo, en este saludo reclama para sí el mismo título que Jesús le había dado a los doce. Sus escogidos mientras caminaba por Galilea. (Luc 6:12-13). El trasfondo del término utilizado apela al judaísmo rabínico y designa a alguien elegido especialmente, llamado y enviado a predicar con autoridad. Alguien que no se ha ofrecido voluntariamente ni la Iglesia le había designado. Su apostolado derivaba de la voluntad de Dios y de la elección y comisión de Jesucristo. De Pablo, no tengo dudas y lo afirmo, de los pastores que se llaman apóstoles o se hacen llamar, no lo afirmo.
Es que el ser apóstol de Pablo significa que es un maestro cuya autoridad es precisamente la autoridad de Jesucristo mismo.
En los casos de hoy en día no siempre tenemos clara la frontera entre cuándo un hombre está hablando con la autoridad de Jesucristo y cuándo está ventilando sus opiniones personales ¡Hace falta mucha humildad –y en eso tenemos un ejemplo en nuestro pastor- para asumirse como lo que somos: simple servidores y más que servidores, siervos!
Es decir, en sentido específico sólo pueden considerarse como apóstoles los doce del Colegio Apostólico, incluido Matías (Hech 1:26) y Pablo, el apóstol de los gentiles. Pérez Millos (en un comentario en que apela al uso de los términos en los originales) señala que “sólo ellos recibieron el don y sólo ellos fueron acreditados con señales específicas de apóstol (2 Cor 12:12). Ese don se dio, entre otras razones, para establecer la base doctrinal sobre la que se sustenta la Iglesia (Ef 2:20), apoyada sobre el único fundamento que es Cristo… el apóstol es un mensajero personal de Cristo Jesús, legitimado por Él y autorizado para hablar en su nombre”.
Si alguien tiene una interpretación distinta –de lo general a lo específico- la respeto. Al fin y al cabo: todo punto de vista es la vista desde un punto…
¡Que Dios nos bendiga!
sábado, diciembre 10, 2011
Desde mi fe / Leyendo a Efesios (4): Estilo de vida cristiano
Gracias Ramón por tu comentario. Creo que sí, que Dios ha puesto en mi el don de la enseñanza, lo cual no precisamente me alegra, pero me obliga. ¡Y no hay obligaciones más fuertes que las del amor!
Hablé de la paradoja que fue la vida de Pablo y expliqué, aunque no muy bien, que la vida cristiana es una vida de paradojas. Dice un autor que el estilo de vida cristiana procede del estar llenos del Espíritu Santo a modo de una sobria embriaguez ¡hermoso!
Si la primera parte de Efesios se centra en el ser Iglesia, la segunda lo hace en el ser cristiano.
Veamos cinco dimensiones:
1o. Vives tu vida como cristiano cuando te despojas continuamente del hombre viejo y viste del hombre nuevo (Ef 4:17-24). Toma en cuenta que no es que te despojaste, como si fuese un proceso que se realiza una sola vez, sino que es un proceso continuo. Dura toda tu vida sobre esta tierra. Siempre tienes algo viejo que dejar y algo nuevo de que revestirte.
2o. El principio que motiva e impulsa la vida del cristiano -del salvo- es el amor, identificado con Cristo que por amor se entregó para salvación de los que en El creen (Ef 4:25-5:2).
3o. Como creyente, estamos llamados a ser testigos -luz- en el mundo, brillando en las tinieblas y haciéndolo en todas las áreas de nuestras vidas (Ef 5:3-14). Jesús señaló que una lámpara no se enciende para esconderla debajo de la cama.
4o. No lo hacemos en nuestras propias fuerzas, sino que el Espíritu Santo nos provee de poder para dar testimonio y mantener nuestro estilo de vida. Nos llena de su plenitud a modo, como dijimos al principio, de una sobria embriaguez (Ef 5:15-20).
5o. Finalmente, Pablo nos llama a que nos vistamos con la armadura de Dios, para que podamos experimentar la victoria sobre nuestros enemigos: las huestes de maldad (Ef 6:10-20).
Snodgrass lo define de un modo simple de entender: el propósito de Efesios es formar la identidad de los cristianos, recordándonos lo maravilloso de la obra de Dios, lo importante de la unidad en El (Iglesia) y cómo es una vida vivida para Cristo. "Es una carta de definición y de ánimo", nos dice. O como señalamos anteriormente, se trata del poder y la identidad del cristiano.
Para dejar pensando un poco a mis lectores les ofrezco este pequeño acertijo: la fe es razonable, pero no racional. ¿Qué significa esto para ti?
viernes, diciembre 09, 2011
Desde mi fe / Leyendo a Efesios (3): Racional/Relacional
Desde el amor a la lógica
Mi apreciado Jorge de León:
Hermano Jorge gracias por tu comentario. Te refieres en él, sobre todo, a la vida de de Pablo. Alguien que de seguro llama la atención a creyentes y no creyentes. Nos dices:
"Hace unos años leí una Novela “El Gran León de Dios” sobre la Vida de Saulo de Tarso, de la escritora Inglesa Taylor Caldwell, donde esta autora secular, nos presenta la evolución de una vida humana con sus debilidades y dudas que evoluciona en su transito por la tierra desde la maldad estrema en su persecución a los cristianos sembrando muerte y desesperanza como soldado del Imperio romano hasta su transformación en Apóstol de los gentiles o de los pueblos que no eran Judío, pueblos al que pertenecía su madre y donde nadie confiaba en su conversión después de un encuentro y arrepentimiento camino a Damasco y el llamado Dios “Saulo Porque Me Persigue” . Destacando además que con Matías forma la pareja como los únicos consagrados con este titulo ministerial, que no convivieron con Jesús en su paso como humano por la tierra".
Jorge, ese Pablo del que nos habla es, a mi modo de ver, uno de los hombres más paradójicos presentados por las Escrituras, pero la Escritura misma es paradoja. Es necedad para los sabios de este mundo. Hoy, sin embargo, sólo quiero fijarme en una paradoja que no es de Pablo, sino de la carta a los Efesios: razón/relación.
El cristiano sabe que el fundamento de su propósito es el amor y que ese amor se traduce en múltiples relaciones, siendo la zapata la relación con Dios a través de Jesucristo. Sin embargo, Pablo es capaz de sostener este misterio con una lógica extremadamente fuerte, prácticamente invulnerable porque, como diría Pedro, debemos ser capaces de dar razón de nuestra esperanza.
El amor es a la relación lo que la lógica es a la razón.
Es por este centrarse en la relación que la carta a los Efesios puede ser considerada como la carta "de la Iglesia" en el sentido de que ve a esta como un entramado de relaciones y utiliza imágenes como cuerpo, edificio, familia, matrimonio para describirla.
La carta a los Efesios, como nos indica Snodgrass, es profundamente relacional. Otro autor, Pérez Millos, afirma que "el principal tema de la Carta a los Efesios es la realización divina del misterio de Jesucristo en la Iglesia, considerada como el cuerpo de Cristo, y formada por todos aquellos que han sido salvos por gracia mediante la fe" (Ef 2:8-9).
Pues bien, Jorge, ese Pablo del que me das referencia es hombre de esta Iglesia. Es por eso que nos hemos empeñado que cada hombre, en la Iglesia Cristiana, se asuma y viva como un hombre de Dios y no hay mejor espacio que la Iglesia y sus redes para crecer como parte de un cuerpo, de una familia, de un edificio..... Es por eso que hombres y mujeres estamos haciendo un llamado: todo hombre, toda mujer, en una célula. O es lo que es lo mismo: es una forma de estar unidos al cuerpo de Cristo.
Yo, en definitiva, asumo que lo esencial es el amor (Irineo de Lyon se atrevió a decir: ama y haz lo que quieras). Sin embargo, me empeñaré en dar razón de mi esperanza... Es la paradoja con la que vivo: amo sin explicaciones, explico con amor.
Con afectos en el Señor, Milton T.
