lunes, octubre 16, 2023

Victoria en la oración

 LA ORACIÓN TRANSFORMA LA DERROTA EN VICTORIA

Queridos hermanos


Hoy sufrí un pequeño accidente. A las 5:20 AM, se fue la luz mientras caminaba en el Mirador Sur (Santo Domingo). Tratando de ponerme a un lado, me caí en la cuneta, me golpeé fuertemente el hombro y una costilla (una especie de desgarre muscular). Algunos compañeros corredores me ayudaron a ponerme de pie. Y, mientras lo hacían, yo solo podía decir: “¡Gracias, Señor! ¡Gracias, Señor!”.

Entonces también recordé que tenía pendiente publicar más sobre la oración (la primera parte la publicamos hace unas tres semanas sobre el poder de la oración). Sea de gratitud, como en mi caso hoy, u otro tipo de oración, porque lo que es una aparente derrota, la oración es capaz de transformarla en victoria. Aquí esta segunda entrega.


1.   ¿Por qué debo orar?

Debemos orar porque los cristianos no creemos en una religión, sino en una relación con nuestro Padre y el fundamento de esa relación es la oración.

 

2. ¿Qué es la oración?

-Es clamor a Dios, quien nos oye aun antes de que hablemos (Isaías 65:24). En Jeremías 33:3 se nos dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.

-Es un pedir al Señor, quien nos dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá… si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dadivas a sus hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:7-8)

-Es un tener intimidad con Dios, presentando nuestro corazón a nuestro Padre que “está en lo secreto”.

-Es un escuchar la llamada de Jesús que está a la puerta de tu corazón y te llama y te dice: He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20).

-Es un humillarnos delante de Dios y echar todas nuestras ansiedades sobre él: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros…” 1 Pedro 5:6-7


3. ¿Cuáles son las promesas y bendiciones de Dios para cuando nos acercamos a El como hijos?

-Nos ofrece la certeza de un amor incondicional, del cual nada puede separarnos y la certeza de que Jesús intercede por ti: ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... antes que todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

-Que la oración de fe puede salvar al enfermo: Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados (Santiago 5:15);

-Nos ofrece todo cuando pidamos en su nombre, las peticiones de tu corazón de acuerdo a su voluntad (Juan 16:24);

-Nos promete la bendición de una paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:6,7).


4. ¿Qué necesito para orar?

-Necesitas permanecer fiel al Señor y a su palabra. Nos dice en Juan 15:7-8: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”.

-Necesitas confesar “soy un pecador”. En Santiago 5:16-17 nos indica la palabra: Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”.

-Necesitas creer en Jesús, hacer las cosas que le son agradables y estar dispuesto a guardar sus mandamientos. Nos señala en 1 Juan 3:21-24: Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado”.

-Necesitamos aprender a “orar sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). 

-Necesitas humillarte delante del Señor y El te exaltará (Santiago 4:10);

-Necesitas abandonarte en manos del Padre, entregarle tus ansiedades, tus afanes (Filp 4:6: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. 

-Necesitas, si eres hombre, dar honor a tu esposa y tratarla como vaso más frágil, si quieres que tu oración sea escuchada: 1 Pedro 3:7: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.


5. Qué tipo de oración puedo ofrecer al Padre

-De petición: Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; 9 llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y 10 el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Lucas 11:9-10). 

-De acción de gracias. En 1 Tesalonicenses 5:17: “Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

-De perdón:  Marcos 11:24-25: Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”.

-De alabanza. Hebreos 13:15: Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”. 

-De adoración: Salmo 145:1-3: Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable”.

-De confesión de nuestros pecados. 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

 

6. ¿Qué impide una oración eficaz?

 

  • No escuchar la Palabra de Jehová y ponerla en práctica (Proverbios 28:9).
  • Cuando pedimos para nuestro deleite del mundo (Santiago 4:3);
  • Cuando no perdonamos (Marcos 11:25);
  • Cuando tenemos un ídolo en nuestro corazón (Ezequiel 14:3-8);
  • Cuando no hemos perdonado al hermano (Mateo 5:23).
  • Cuando dudamos al pedir. Nos dice Santiago 1:6-8: Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor”.

 

7. ¿Cómo podemos pedir conforme a la voluntad de Dios?

 

  • Pidiendo con fe (Santiago 1:5);
  • Pidiendo al Señor que nos haga aptos para el bien (Hebreos 13:21);
  • Cumpliendo su voluntad con agrado (Salmo 40:8);
  • Pidiendo al Señor que nos enseñe cuál es su voluntad (Salmo 143:10);
  • Sirviendo de corazón al Señor y no por agradar a los hombres (Efesios 6:6);
  • No cayendo en vanidad por nuestros razonamientos (Romanos 1:21);
  • No conformándonos a las cosas del mundo, sino transformándonos continuamente para la voluntad de Dios que es buena, agradable, perfecta (Romanos 12:2);
  • Aceptando la Palabra de Dios como palabra de verdad (Juan 17:17);

 

Recuerda: ES ORANDO COMO SE GANAN LAS GRANDES BATALLAS. LA ORACIÓN PUEDE CONVERTIR UNA APARENTE DERROTA EN VICTORIA.

GRATA VIDA PARA TODOS.

miércoles, septiembre 27, 2023

Para ganar grandes batallas

Para ganar grandes batallas, la oración

No estoy seguro, pero creo que fue el Pastor Rafael Montalvo quien predicó este mensaje. Hoy nos ha de servir para entender lo vital de la oración en nuestras vidas como cristianos. En ella y con ella podemos ganar grandes batallas.

En la Palabra de Dios hay momentos en que pueblos, comunidades y hombres, NOS ENCONTRAMOS AL BORDE de la derrota, de la desesperación, sin saber qué hacer y entonces sólo NOS QUEDA reconocer nuestra impotencia, reconocer que esta o aquella circunstancia no dependen de nosotros, RECONOCER QUE POR NOSOTROS MISMOS NO PODEMOS ganar determinadas batallas… porque las grandes batallas se ganan con la oración.

Momentos en que:

  • No puedes ganarle la batalla al cáncer u otra enfermedad grave;
  • No puedes ganarle la batalla a un divorcio que te amenaza;
  • No puedes ganarle la batalla a una quiebra en tu empresa;
  • No puedes ganarle la batalla a un estar sin empleo;
  • No puedes ganarle la batalla a esa adicción que te afecta desde hace años, que puede ser la droga, el juego, el sexo, o hasta el trabajo;
  • No puedes ganarle la batalla a un hermano o hermana, un familiar que se empecina en seguir caminos de perdición.
  • No podemos ganarle la batalla a la descomposición moral de la sociedad que se expresa en el narcotráfico, la violencia, la corrupción, la ruptura de todos los límites…

Son GRANDES BATALLAS EN LAS CUALES SOLO PUEDE HABER VICTORIA SI NOS LA DA EL SEÑOR Y EL SEÑOR NOS LA OFRECE SI ORAMOS.

Te quiero mencionar sólo tres momentos narrados en la Biblia en los que SÓLO DIOS HIZO POSIBLE LA VICTORIA.

PRIMERO. UN LÍDER QUE ORA POR VICTORIA PARA SU PUEBLO.

El pueblo de Israel avanza por el desierto. Se ve obligado a enfrentar a un enemigo numeroso, bien organizado. Los amalecitas. Y nos dice la palabra de Dios que Josué capitaneó al pueblo en la batalla, PERO que Moisés subió a lo alto de un monte y dice que sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro, del otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada” (Ex 17:9 y ss).

¡DIOS LES DIO LA VICTORIA Y VENCIAN MIENTRAS MOISES MANTENIA SUS MANOS ALZADAS, NO ES MAGIA, ¡ES INVOCACION AL SEÑOR!

SEGUNDO.  UNA IGLESIA QUE ORA POR SU LÍDER.

Se trata de la primitiva Iglesia en Jerusalén. Comienza a ser perseguida. Herodes ha matado a Jacobo, hermano de Juan y Herodes vio que la muerte de Jacobo había agradado a los judíos. Toma preso a Pedro, en estas circunstancias el pronóstico para Pedro no es nada bueno. Dice la Palabra (Hechs 12:5-9): “…Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía… “. Es decir ¡Quedó libre!

TERCERO. CUANDO TENEMOS UNA SITUACIÓN DE LA QUE NO PODEMOS SALIR POR NOSOTROS MISMOS. Es el caso de Bartimeo, el ciego. Va detrás de Jesús. Dice el Evangelio (Mcs 10:46 y ss), que primero “gritando”, en una segunda ocasión “gritando con más insistencia” o “más todavía”. Y es que le mandan a callar. Es como cuando te dicen: para qué oras, eso no sirve de nada. Y Jesús simplemente le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?” “Quiero recobrar la vista”. Y así fue. “En aquel mismo instante el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús”. RETORNÓ LA VISTA… y tú, ¿qué quieres para ti en este día?

Tres circunstancias desesperadas, grandes batallas, grandes causas.

  • Un hombre, ciego, grita a Jesús, y grita con fuerza y recupera la vista.
  • Una comunidad, la Iglesia de Jerusalén, ante la prisión y posible muerte de uno de sus líderes, “ora sin cesar” y Pedro queda libre.
  • Un líder, Moisés, ante la batalla de su pueblo contra un enemigo superior en fuerzas, mantiene los brazos elevados al cielo y la victoria es de su pueblo.

Y las tres batallas se ganaron del mismo modo: orando, con oración. ES ORANDO COMO SE GANAN LAS GRANDES BATALLAS.

Moisés, en lo alto de la montaña, intercede por el pueblo, y sus brazos alzados son un seguro de victoria en la batalla. «Unos confían en sus carros, otros en sus caballos; nosotros confiamos en el nombre del Señor» … «Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles». 

El tema de hoy, la oración, es una invitación a dos cosas: primero, a poner toda nuestra confianza en manos del Señor, y segundo, a ser tercos.

DEBEMOS ORAR CON LA MISMA TERQUEDAD de la viuda del Evangelio. Ella sabe que o le hace justicia ese juez inicuo o pierde el pleito contra su enemigo. DICE LA PALABRA:

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respeta a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que, viniendo de continuo, me agote la paciencia. … ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? (Lc 18:1 y ss).

Somos tercos cuando tenemos la conciencia de que dependemos TOTALMENTE de otro. La vida de esta viuda estaba en manos del juez… ¿somos nosotros conscientes de que nuestra vida está en manos de Dios? Desde nuestra debilidad ¿Levantamos cada día los brazos en busca de ayuda: «levanto los ojos a los montes… ¿de dónde me vendrá el auxilio?», ¿del talento, del dinero, del poder, de los amigos, de los libros? Y el creyente proclama sin dudar: «El auxilio me viene del Señor.

Esta terquedad que busca el auxilio del Señor, que descansa en él, que pone en él todas nuestras cargas y toda nuestra confianza, tiene un nombre: ORACIÓN. Es el único camino seguro para ganar grandes batallas que creemos perdidas o alcanzar cimas que nos parecen imposibles. Y es, también, una forma de tener intimidad con nuestro Dios. Es el camino para cambiar lo que parece que no tiene posibilidad de cambios.

QUIERO DECIRTELO DE UNA VEZ: LA ORACIÓN ES LA FORMA SEGURA DE GANAR GRANDES BATALLAS. NO A LA MANERA MIA, NO A LA MANERA TUYA, SINO A LA MANERA DE DIOS, PORQUE EL SABE QUE NOS CONVIENE AUN ANTES DE QUE LE IMPLOREMOS, ROGUEMOS, DEMOS GRACIAS, LE ADOREMOS, LE ALABEMOS…

Mateo 26:39

Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

ESTE ES EL ESPIRITU CON EL QUE ORAMOS LOS CRISTIANOS CUANDO ESTAMOS EN DIFICULTAD: PADRE, TU PUEDES APARTAR DE MI ESTE DOLOR, ESTA AMARGURA, ESTA CALAMIDAD, ESTA TRISTEZA, ESTA ENFERMEDAD… PERO QUE SE HAGA NO COMO YO QUIERO, SINO COMO QUIERES TU.

  

miércoles, septiembre 06, 2023

Nuestra cuota de malentendidos

 MATRIMONIO: NUESTRA CUOTA DE MALENTENDIDOS

Una relación conyugal está formada por dos personas imperfectas y todos tenemos nuestra cuota de topetazos y errores en la relación


Hace un par de años -no recuerdo con exactitud cuándo- leí un libro que organizó algunos de mis conocimientos sobre las heridas en un matrimonio y sobre la resolución de conflictos. Se llama “Sana las heridas en tu matrimonio”, de Gary y Bárbara Rosberg. Hoy les comparto algunas notas.

¿Alguna vez te has sentido herido por causa de tu cónyuge? Seguro que sí. ¿Alguna vez has sido la causa del dolor en la vida de tu pareja? Seguramente. En toda relación matrimonial el esposo y la esposa han sido -alguna vez- tanto el ofendido como el ofensor, la causa y el objeto del dolor conyugal.

¿Por qué nos herimos mutuamente si somos esposos? ¿Por qué dos personas que se han comprometido a amarse el uno al otro durante toda la vida, a veces se olvidan del otro, se ignoran o se ponen en contra?

Porque todo matrimonio está formado por dos personas imperfectas, que a veces son desconsideradas, ásperas, o sencillamente egoístas. Y dos personas imperfectas compartiendo el mismo espacio están destinadas a tener desacuerdos. Todos tenemos estos "topetazos" conyugales de vez en cuando, no importa cuánto deseemos evitarlos, ni cuán tristes nos sintamos cuando suceden.

Cada matrimonio tiene su cuota de malentendidos y errores en la relación, conflictos y desaires, palabras hirientes y peleas a gritos que terminan en dolor. Y a veces es como una colisión de frente que causa daños más severos (como traición, infidelidad o abuso).

Ciertos conflictos y heridas en determinados momentos son inevitables ¿Qué haces cuando sucede? ¿Cómo respondes cuando tienen un conflicto?

La resolución de conflictos y heridas se encuentra a la misma altura que la comunicación, que es el principal problema que encuentran las parejas.

Muchos estamos desorientados a la hora de resolver los problemas conyugales. ¿Por qué?  Porque nadie nos enseñó cómo hacerlo. Entonces, en lugar de sanar nuestras heridas y continuar con la vida, dejamos que nuestros problemas se acumulen, pensando erróneamente (o deseando en secreto) que el tiempo en verdad sane todas las heridas.

No es así. En cambio, con el tiempo, los conflictos sin resolver y las heridas sin sanar endurecen nuestros corazones y abren una brecha entre nosotros como esposos. Cuando enterramos nuestros conflictos en lugar de enfrentarlos, cuando guardamos nuestro dolor en lugar de ocuparnos de él se pone en marcha un proceso.

Evitarlo finalmente te guiará a un lugar donde no quieres ir: al divorcio emocional. Es posible que nunca te separes físicamente o inicies un divorcio legal por determinadas razones, como las apariencias, los hijos o las conveniencias religiosas. Pero la distancia entre ustedes se seguirá ensanchando.

Te sentirás atascado e infeliz, viviendo en la misma casa y compartiendo el mismo apellido. El matrimonio soñado que alguna vez compartieron morirá lenta y dolorosamente. Todo lo que les falta es iniciar públicamente los trámites en los tribunales locales. 

Cuando tu cónyuge habla acerca de la importancia que tiene su matrimonio, escúchalo. Cuando dejan de hablar: cuidado, puede significar que han dejado de buscar la salida. Si este modelo de separación emocional continúa, este cónyuge puede terminar yéndose físicamente. Y queda la pregunta: ¿Qué debemos hacer? ¿Qué debemos saber?

Cuatro conclusiones: 1. En todo matrimonio hay heridas; 2. No nos enseñaron cómo solucionar conflictos conyugales; 3. El divorcio emocional ocurre mucho antes que el divorcio legal (a veces este no ocurre nunca); 4. Una pareja “divorciada” emocionalmente no es feliz). Nos vemos…

GRATAVIDA para todos.

 

 

 

miércoles, diciembre 28, 2022

Un cafecito con mi Dios / Misericordia

Tanta misericordia sólo en Dios

Hace más de 37 años (27 de marzo, 1985) escribí un pequeño comentario al Salmo 51 que hoy volvemos a compartir, Jesús. Te pido que hablemos un poquito largo de lo que quieres decirme por este Salmo, pero para empezar, permíteme reproducir lo que escribí hace un cuarto de siglo (claro, que mucha agua ha corrido…).

“El Miserere.

Misericordia es tener corazón ante las miserias. Y es una actitud básica para el abandono. Dios, nuestro Padre, tiene corazón ante nuestras miserias. ¿Por qué no tener corazón ante nuestras propias miserias y las miserias de nuestros hermanos? ¿Por qué ser más duros que el Padre? Es una locura (locura humana).

Bondad: Tú, Padre, eres bueno, quieres lo mejor para mí.

Compasión: Del latín compadeceré, padecer-con... porque Tú padeces en mi, puedes borrar mis culpas, puedes arrasar con el león rugiente que llevo en mi interior, con esas alimañas que son el pecado, el delito.

Una condición: me reconozco nada, soy pecador. Te reconozco TODO, eres gratuito…

V. 8: “… crea en mi un corazón limpio” (puro). Eso quiero, Señor, un corazón sincero, limpio, puro.

Quiero sabiduría. La sabiduría de luchar intensamente por cambiar aquellas cosas que aún pueden ser cambiadas, la sabiduría de aceptar  y abandonarme en aquellas cosas que no puedo cambiar. La sabiduría de conocer la diferencia. Y para esta sabiduría, purifícame, lávame, libérame. Hazme una persona abandonada a tu voluntad.

V.10: Y por esto, una persona gozosa, alegre, feliz.

Que no haya heridas del pasado que sangren en mí, que se alegren hasta mis huesos.

V.11: Que desaparezca todo sentido de culpa, porque eres mi Padre, (V. 12) que pueda ser una criatura nueva, en camino a la santidad. Afiánzame, hazme tu hijo y tu apóstol. Ábreme los labios. Acepta este espíritu que se entrega a ti (V. 19), porque Tú eres mi Señor y mi Todo. Eres mi papá que me dices que me amas con un amor eterno, hasta la muerte. Sólo esta locura: la del amor”.

Señor, gracias por este cafecito que hemos compartido y por permitirme leerte un poquito de nuestra relación hace más de 25 años… gracias porque durante ese cuarto de siglo tu misericordia, tu corazón ante mis miserias, nunca me ha abandonado. Gracias por ser mi Padre.

Milton Tejada C.

 

 

lunes, diciembre 19, 2022

Fomentando un NOSOTROS

CINCO CONSEJOS PARA FOMENTAR UN NOSOTROS

Estas breves líneas están escritas para hombres casados. Si te llegan como mujer, puedes utilizarla para compartirla con tus amigos varones o con tu esposo.

Hay algo que debemos recordar permanentemente: tenemos una tremenda responsabilidad en conservar nuestra relación matrimonial sana, llena de la presencia de Dios, con alegría para nuestras esposas e hijos… He aquí algunos consejos tomados de la revista “Enfoque” y escrito por Rebeca Knowles. Se trata de un breve resumen.

Los matrimonios tienen etapas en que lo que prima es el YO, en otras se hace fuerte el TÚ, pero alcanzan su madurez cuando se reemplazan estas dos expresiones por un NOSOTROS y se logra la unidad.

A partir del escrito de Knowles, te doy cinco consejos para fomentar este nosotros:

1. Tomarse de las manos. Tómense de las manos al caminar. Oren tomados de las manos. Mantener la unión física nos ayuda a mantener la unión en general. No tengas miedo, hombre, de mostrar tu afecto y recibirlo.

2. Abrir el corazón. Hay que fomentar la confianza y la amistad. Expresa lo que tienes dentro, tus temores, tus retos, tus desafíos. Debes tener cuidado cuando discutes con tu cónyuge. Cuando una pareja está en un conflicto, la manera en que interactúan determina que rumbo toma la relación.

3. Entregar tu fuerza. El matrimonio requiere que des todo de ti. La idea de que “yo pongo 50% y tú el otro 50%” es errónea, y sólo crea conflictos y competencias. En el matrimonio somos uno cuando el “yo” y el “tú” se funden a través de las cuerdas del amor de Dios. En realidad, se trata de un 100-100, dándolo todo, sin anularnos.

4. Encuentra tu voz. Escucha para entender. Si queremos fomentar la unidad, hay que decidir escuchar con la intención de entender y no sólo oír. Tenemos un problema de sintonía cuando hablo una cosa, y mi pareja escucha otra cosa, cuando tomamos decisiones y luego mis acciones no están completamente en acuerdo con lo acordado.

5. Da tu tiempo: una hora diaria. Asegúrate de estar presente siempre. El libro titulado “Un minuto con Dios” recuerda que una buena practica es darle un tiempo diario a tu relación matrimonial, y que mejor manera de hacerlo que darle a Dios la oportunidad de hablarte.

Una relación madura se basa en el nosotros, y solo busca al yo para decidir qué dar, qué defender y qué trabajar. 

viernes, diciembre 16, 2022

Pautas para padres sanos / 1

 PAUTAS PARA PADRES SANOS


Las pautas que vamos a compartir entran dentro de la tercera función del ser padres: cuidar, proveer y educar/formar. Este rol tiene un punto final. Nos “jubilamos” de esta función o rol. Con tiempo limitado, aprovechémoslo trabajando por su estabilidad emocional.

PRIMERA PAUTA:

HAGAMOS DE NUESTROS HIJOS PERSONAS EMOCIONALMENTE ESTABLES.

Estabilidad emocional es fundamental para el éxito en la vida. Es preciso que nuestros hijos puedan identificar, nombrar y expresar sus emociones de modo sano. Y aquí algunos consejitos:

1.    EMPATÍA. Si uno de nuestros hijos nos habla de algo que le preocupa escuchemos y atendamos hasta que encuentre el equilibrio emocional. Es decir, tengamos empatía. Coloquémonos en su lugar. Esto no solo se puede, sino que se debe enseñar. Y para ello es importante no solo lo que decimos, sino lo que hacemos.

2.    GESTIONAR LAS EMOCIONES. Los niños tienen que aprender a autorregular sus emociones. Aprender significa que son enseñados. En una primera etapa esas emociones son reguladas desde fuera, es decir, sus padres contribuimos enormemente a regularlas. Para lograr esto, tengo que autorregularme yo, gestionar mis emociones. Es una forma de enseñar que esto requiere mucha paciencia.

Por lo tanto, los padres estamos llamados a: conocer las emociones, reconocerlas, validarlas, aprender a gestionarlas…. ¿Las conoces? Y un punto clave, a su nivel y el tuyo, reflexionar. Y darle una narrativa, un relato, una explicación, a su nivel y a su momento.

Algunos tips para ayudarnos a gestionar correctamente las emociones:

a.    Diferenciemos entre necesidades y deseos. Tenemos que diferenciar entre necesidades y deseos, y más todavía: entre lo que yo creo que son sus necesidades y las que son necesidades reales para su desarrollo. Menciono algunas:

b.    Seguridad y la protección. Nuestros niños necesitan desarrollarse en entornos de seguridad y de protección. Somos los responsables de que suplan esta necesidad.

c.    Autonomía. Todo tiene su momento. La autonomía se va construyendo poco a poco. Cuando el adolescente se autorregula a sí mismo tiene mayor autonomía que el niño, que todavía no gestiona sus emociones.

d.    Descodificación: Explicarles a los niños lo que está ocurriendo o lo que ha ocurrido. Es contar el cuento de lo ocurrido, es darle un relato. Una narrativa. Una historia.

e.    Necesidad de ser vistos. Por ejemplo, cuando decimos que un niño tiene una baja autoestima, hay que revisar un poquito si esta necesidad ha sido satisfecha (ser respetado, confiar en ellos, tomarlos en cuenta), reconocerlos.

f.    Ser explícito en el cariño a nuestros hijos. No hay que darlo por hecho. Tienen necesidad de que seamos explícitos. Y en cada edad y hasta para cada niño es diferente la forma en que esto sucede.

g.    Aprendamos a legitimar en el 100% de los casos las emociones de nuestros hijos. Implica que yo permito que mi hijo no solamente experimente la emoción, sino que la pueda expresar. Siempre dentro de unos límites.

No les demos categoría moral (no son buenas ni malas, simplemente son). El punto clave está en enseñarles a gestionarlas, no a negarlas. Las emociones no se pueden criticar porque yo no las he elegido, mis hijos no las han elegido, simplemente surgen. Es más, Dios nos hizo con ellas.

¿Qué opinar de una madre o de un padre que ante la rabia que siente su hijo le aconseja: “Pero no llores, que no es para tanto”? Lo que para ti parece una tontería, para tu hijo puede ser un gran problema. El no espera que tú lo trates como tontería. Para él o ella no es una tontería.

h.    Estimule la autoestima de su hijo. Los niños comienzan a desarrollar su sentido del yo desde que son bebés, cuando se ven a sí mismos a través de los ojos de sus padres. Sus hijos asimilan su tono de voz, su lenguaje corporal y todas sus expresiones. Sus palabras y acciones como padre tienen un impacto en el desarrollo de su autoestima más que ninguna otra cosa. El elogio de los logros, aunque sean pequeños, hará que los niños estén orgullosos; permitirles que hagan cosas por sí solos los hará sentir que son capaces y fuertes. Por el contrario, los comentarios denigrantes o las comparaciones negativas con otros niños los hará sentir inútiles.

Un elemento importante en estimular la autoestima es reconocer las buenas acciones. Elogie algo todos los días. Sea generoso con las recompensas: su amor, sus abrazos y elogios pueden hacer maravillas y suelen ser suficiente gratificación. Pronto descubrirá que está "cultivando" en mayor medida el comportamiento que desearía ver.

 

(Notas tomadas de aquí y de allá, con el convencimiento de que hijos emocionalmente estables están preparados para la vida y vida en abundancia).

domingo, noviembre 20, 2022

Vida conyugal / Diferencias que originan conflictos

 Matrimonio 3 / El origen de los conflictos conyugales

Hoy hacemos la tercera entrega del mejor camino para solucionar los conflictos: el amor que perdona. Lo hacemos a partir de la obra de Gary y Bárbara Rosberg. Esperamos que te sean provechosas estas reflexiones.

Hemos dicho que toda pareja tiene su cuota de malentendidos. Hemos dicho que los conflictos pueden quedar abiertos, destruyendo el matrimonio o, por el contrario, pueden cerrarse mediante el amor que perdona. Antes de profundizar en el amor que perdona, hablaremos del origen de los conflictos conyugales: diferencias por el trasfondo familiar, diferencias de valores y las más conocidas: diferencias de género. ¿Cómo influyen estas diferencias en la generación de conflictos?

Cada pareja trae a la relación dos estilos de vida distintos. Algunas diferencias comunes que pueden conducir al conflicto y a las ofensas en la relación matrimonial.

Diferencias por el trasfondo familiar

Diferentes trasfondos familiares constituyen, en muchas ocasiones, una fuente de conflicto en su matrimonio. Distintos trasfondos han encendido el conflicto en su matrimonio. El choque de los valores y las tradiciones familiares encienden conflictos más graves, discusiones acaloradas y heridas profundas año tras año.

Durante el noviazgo muchas parejas ven sus diferencias de personalidad como complementarias. Pero después de la boda, a veces, esas diferencias comienzan a exacerbar los nervios y conducen al conflicto.

Las diferencias de personalidad son algo bueno. Como alguien dijo: “Si dos personas son exactamente iguales, una de ellas es innecesaria”. Pero mantente alerta para descubrir de qué maneras tu tipo de personalidad puede ser una fuente de irritación para tu cónyuge.

Diferencias de valores

Las diferentes perspectivas acerca de algunos temas conducen a las ofensas. Es posible que tú y tu cónyuge tengan valores similares, en especial en lo que se refiere a la fe y a las costumbres cristianas. Pero cuando esos valores difieren, ten cuidado con el conflicto.

Diferencias de género

El DR. James Dobson, hablando de las diferenciad entre hombres y mujeres opina que, por ejemplo, para las mujeres abordan el juego (ping-pong, Monopolio, dominó) como excusa para el compañerismo, mientras que para los hombres el juego es conquista. El hombre revela su pasión por ganar.

Una diferencia que, comúnmente conduce a la ofensa y al dolor, es la sexualidad. Los hombres se excitan y satisfacen más rápidamente que sus esposas. Las mujeres necesitan más cuidados, caricias y relación.

¿Cuán a menudo los esposos ofenden a sus esposas al apurarse cuando tienen relaciones sexuales?

Gay Smaley y John Trent escriben: “Para la mayoría de las mujeres, el sexo es mucho mas que un acto físico independiente. Es la culminación de un día lleno de seguridad, de conversación, de experiencias románticas y emotivas y luego, si todo está bien, la relación sexual.

La mayoría de los hombres podemos revertir el orden ¡o sencillamente omitir todo lo que viene antes de la relación sexual! 

Hombres, para que sus esposas disfruten plenamente de la experiencia sexual, es necesario que satisfagan las necesidades emocionales que tienen como mujeres. Esposas, no minimicen la necesidad de sus esposos de la expresión física de la intimidad sexual, aunque ellos sean lentos en satisfacer sus necesidades emocionales y de relación.

Te invito a que lo difundas, lo discutas y nos hagas saber tu parecer. Es nuestro interés, como GRATA VIDA, contribuir a matrimonios sanos, que vivan una vida abundante. 
Bendiciones,


Milton e Ysabel.

martes, noviembre 15, 2022

Vida Conyugal / El hijo pródigo y el matrimonio

Matrimonio /2: Senda del amor que perdona

Ante los conflictos, los malentendidos, tenemos dos posibilidades: o dejamos el circuito abierto o lo cerramos. La parábola del Hijo Pródigo es una ilustración de esto.


Establecimos un primer punto: en todo matrimonio hay una cuota de malentendidos. No nos enseñaron a resolver conflictos, y el conflicto no resuelto conduce al divorcio emocional y, en muchas ocasiones, al divorcio legal. Gary y Bárbara Rosberg, nos explican que hay un Plan, el de Dios, que da resultados para sanar las heridas de tu matrimonio. Dependerá de las decisiones que adoptemos el que nuestros matrimonios vayan en una dirección (su destrucción) o en otra, su fortalecimiento.

Hoy todavía no entramos en las pautas para sanar. Antes debemos comprender bien el proceso que se da cuando hay un conflicto. Es el mismo proceso que el de la Parábola del Hijo Pródigo. Avancemos en entender la dinámica de los conflictos en el matrimonio.

La ofensa, el malentendido, abre un proceso, un circuito. El conflicto conyugal comienza con una ofensa de algún tipo: estas herido y luego enojado. Es posible que tu cónyuge ni siquiera sepa que algo está mal. Muchos cónyuges ofendidos responden de manera que solo empeoran las cosas. El circuito o proceso queda abierto cuando:

  • Te empeña en devolver el golpe. “Él me la hizo, él me la paga…”.
  • Cuando entierras tu enojo y deja que fermente. Tu pareja ni se entera.
  • Cuando sencillamente te rindes y deja que tu cónyuge se salga con la suya. Te cansas, e incluso te alejas.

Muchas parejas viven con decenas de circuitos abiertos en sus matrimonios. Yo (MT) les llamo expedientes y recomiendo que no hagamos expedientes. Los conflictos sin resolver y las heridas sin sanar se apilan sobre cada uno de ellos. El enojo latente crece hasta transformarse en amargura, resentimiento y aun odio. El esposo y la esposa se alejan entre sí y se acercan al divorcio emocional.

La Parábola del Hijo Pródigo: un mensaje que ilustra cómo sanar

¿Saben por qué me considero un consejero cristiano? Para mí, Milton Tejada, es muy simple: porque ponemos la Palabra de Dios en el centro de las dinámicas de crecimiento y sanidad. En este caso, estos autores hacen lo mismo.

La historia del hijo pródigo es un ejemplo de cómo abrir y cerrar el circuito: conflicto, herida, solución, sanidad, de modo de restaurar nuestras relaciones deshechas.

La ofensa más grande que podía un hijo cometer, era pedir su herencia con anticipación. El padre satisfizo la demanda del joven pagando su herencia. Pasado el tiempo, la realidad se hizo patente: Estaba en quiebra y lejos de su hogar...el joven comenzó a pasar hambre. Dios tenía que hacer algo en el corazón del muchacho antes de que pudiera volver a su hogar. El padre mantenía los ojos en el camino con la esperanza de que su hijo volviera algún día. 

El joven se dio cuenta de que había cometido un gran error, estaba parado en una bifurcación. Se trata de tomar decisiones ¿Dejaría abierto el circuito para siempre, justificando su conducta, culpando a otros, revolcándose en la autocompasión y en la culpa implacable o elegiría cerrar el circuito y restaurar la relación con su padre?

Reflexionó. Sabía que tenía que humillarse a sí mismo y confesar su pecado para hacer las cosas bien. El orgullo había sido reemplazado por un corazón quebrantado, el hijo prodigo deseaba restaurar una relación deshecha.

El padre de la historia estaba más ansioso por cerrar el circuito que su hijo descarriado. El padre no permaneció parado en la entrada de la casa esperándolo. Se levantó y corrió para salirle al encuentro.  El padre le garantizó el perdón completo y restauró su compañerismo.

Este final feliz ilustra la manera cómo es el corazón de Dios para sanar las heridas e inspira el amor que perdona en su matrimonio. Los esposos y las esposas están más unidos que los padres y los hijos.

El dolor del circuito abierto es aún más grande en el matrimonio y el gozo y la paz de la sanidad son aún más dulces. Puedes revivir la escena final de esta parábola una y otra vez a través de tu propia experiencia a medida que aprendas a cerrar el circuito del conflicto y la herida.

Las ofensas conyugales son inevitables y a veces atacan por sorpresa. El adulterio, por ejemplo, es una ofensa conyugal de primer grado. Pero hay un sinnúmero de maneras con las que agraviamos a nuestro cónyuge que son de menor gravedad.

La bifurcación en el camino

Al igual que el muchacho de la parábola, los esposos y las esposas en muchos casos tenemos dificultad para tomar la decisión de sanar nuestras heridas. A veces no lo hacemos hasta que hemos tocado fondo. Estamos en una encrucijada ante la cual debemos tomar una decisión. Podemos elegir hacer lo que se necesita para cerrar el circuito mediante el amor que perdona o podemos no hacer nada y sufrir las dolorosas consecuencias. Es lo que se llama la “bifurcación en el camino”.

“Hacer lo que se necesita” significa poner en práctica el amor que perdona en tu matrimonio. Dios te dará el poder para esa tarea por medio de su Espíritu y pondrá en marcha el proceso de sanidad. Si quieres “hacer lo que se necesita”, lo primero es que prepares tu corazón, disipes el enojo y puedas comunicarle tus preocupaciones a tu pareja. Luego, es necesario enfrentar los conflictos, perdonar a tu cónyuge y reconstruir la confianza como esposo y esposa.

Puedes sanar las lesiones emocionales, antes de que la gangrena de la distancia y la desunión envenenen tu matrimonio. El Plan de Dios se fundamenta en el amor que perdona. Cuando este se vuelve una expresión cotidiana en sus vidas, damos pasos a un matrimonio a prueba de divorcio. Es un proceso (un circuito lo llaman estos autores), que tiene algunos puntos clave que nos ayudan a visualizar dónde nos encontramos en una crisis conyugal, a determinar cómo llegamos allí y a experimentar los principios bíblicos del amor que perdona.

Más adelante los autores nos enseñan los pasos para cerrar el circuito. Sin embargo, es necesario que aprendamos a comprender el origen de los conflictos que experimentas en el hogar te equipará mejor para ocuparte de ellos.  Sobre el origen de nuestros conflictos conyugales, escribiremos en la próxima entrega.

sábado, noviembre 05, 2022

Vida conyugal / Matrimonio y malentendidos

 Matrimonio: nuestra cuota de malentendidos

Una relación conyugal está formada por dos personas imperfetas y todos tenemos nuestra cuota de topetazos y errores en la relación


Hace un par de años -no recuerdo con exactitud cuándo- leí un libro que organizó algunos de mis conocimientos sobre las heridas en un matrimonio y sobre la resolución de conflictos. Se llama “Sana las heridas en tu matrimonio”, de Gary y Bárbara Rosberg. Hoy les comparto algunas notas tomadas de dicha lectura (casi textuales, pero en ocasiones me permito editarlas, ya que no busco una publicación, sino un compartir que también pueda ayudarte en tu relación conyugal -si la tienes-, prepararte si piensas tenerla alguna vez o simplemente darte un conocimiento que puede serte útil en ese camino a veces complejo de las relaciones humanas. Escríbeme dándome tu opinión sobre el tema (Milton T).

Aquí las primeras notas:

¿Alguna vez te has sentido herido por causa de tu cónyuge? Seguro que sí. ¿Alguna vez has sido la causa del dolor en la vida de tu pareja? Seguramente. En toda relación matrimonial el esposo y la esposa han sido -alguna vez- tanto el ofendido como el ofensor, la causa y el objeto del dolor conyugal.


¿Por qué nos herimos mutuamente si somos esposos? ¿Por qué dos personas que se han comprometido a amarse el uno al otro durante toda la vida, a veces se olvidan del otro, se ignoran o se ponen en contra?

Porque todo matrimonio está formado por dos personas imperfectas, que a veces son desconsideradas, ásperas, o sencillamente egoístas. Y dos personas imperfectas compartiendo el mismo espacio están destinadas a tener desacuerdos. Todos tenemos estos "topetazos" conyugales de vez en cuando, no importa cuánto deseemos evitarlos, ni cuán tristes nos sintamos cuando suceden.

Cada matrimonio tiene su cuota de malentendidos y errores en la relación, conflictos y desaires, palabras hirientes y peleas a gritos que terminan en dolor. Y a veces es como una colisión de frente que causa daños más severos (como traición, infidelidad o abuso).

Ciertos conflictos y heridas en determinados momentos son inevitables. No se trata de preguntarse si sucederá sino cuándo, entonces ¿Qué haces cuando sucede? ¿Como respondes cuando tienen un conflicto?

La resolución de conflictos y heridas se encuentra a la misma altura que la comunicación, que es el principal problema que encuentran las parejas.

Muchos estamos desorientados a la hora de resolver los problemas conyugales. ¿Por qué?  Porque nadie nos enseñó cómo hacerlo. No recibimos en el hogar un ejemplo para resolver conflictos de una manera saludable. A menudo ni siquiera aprendemos a resolver conflictos conyugales en la iglesia. Entonces, en lugar de sanar nuestras heridas y continuar con la vida, dejamos que nuestros problemas se acumulen, pensando erróneamente (o deseando en secreto) que el tiempo en verdad sane todas las heridas.

No es así. En cambio, con el tiempo, los conflictos sin resolver y las heridas sin sanar endurecen nuestros corazones y abren una brecha entre nosotros como esposos. Cuando enterramos nuestros conflictos en lugar de enfrentarlos, cuando guardamos nuestro dolor en lugar de ocuparnos de él se pone en marcha un proceso.

Evitarlo finalmente te guiará a un lugar donde no quieres ir: al divorcio emocional. Es posible que nunca te separes físicamente o inicies un divorcio legal por determinadas razones, como las apariencias, los hijos o las conveniencias religiosas. Pero la distancia entre ustedes seguirá ensanchando hacia una separación en la relación o hacia un divorcio emocional.

Te sentirás atascado e infeliz, viviendo en la misma casa y compartiendo el mismo apellido. El matrimonio soñado que alguna vez compartieron morirá lenta y dolorosamente. Todo lo que les falta es iniciar públicamente los trámites en los tribunales locales. 

Cuando tu cónyuge habla acerca de la importancia que tiene su matrimonio, escúchalo. Cuando dejan de hablar: cuidado, puede significar que han dejado de buscar la salida. Si este modelo de separación emocional continúa, este cónyuge puede terminar yéndose físicamente. Y queda la pregunta: ¿Qué debemos hacer? ¿Qué debemos saber?

(Nota final de Milton T:

La respuesta a estas preguntas la continuo en la próxima semana. No quiero ser extenso. Sin embargo, cuatro conclusiones me quedan de estas páginas leídas hasta acá: 1. En todo matrimonio hay heridas; 2. No nos enseñaron cómo solucionar conflictos conyugales; 3. El divorcio emocional ocurre mucho antes que el divorcio legal (a veces este no ocurre nunca); 4. Una pareja “divorciada” emocionalmente no es feliz). Nos vemos…